El hundimiento del Titanic


Por Josué I. Hernández


El hundimiento del Titanic puso fin a la travesía inaugural del RMS Titanic, que debía conectar Southampton con Nueva York. Ocurrió en la noche del 14 al 15 de abril de 1912 en el océano Atlántico, frente a las costas de Terranova.

El Titanic chocó contra un iceberg en el lado de estribor el 14 de abril de 1912 a las 23:40 y se hundió en menos de tres horas, a las 02:20. Fallecieron 1.512 personas por ahogamiento o hipotermia, lo que convierte este naufragio en una de las mayores catástrofes marítimas en tiempo de paz y en el más fatal de la época.

Al mencionar el hundimiento del Titanic lo hacemos con el estupor de una tragedia, estupor como consecuencia de un declarado desafío a Dios en la soberbia respuesta de su Capitán, quien a la pregunta expresada por una mujer acerca de qué tan seguro era el barco, su contestación fue "…tan seguro que ni Dios lo puede hundir". Desgraciadamente, esta respuesta soberbia es la que impera en todos los campos y niveles humanos de la actualidad.

La Biblia dice:
“Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Rom. 1:22).
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Prov. 3:5).

“que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Tes. 5:3).

El "intelectualismo"


Por Josué I. Hernández


El término "intelectualismo", tal como lo usaré en el presente artículo, sustenta un significado particular que primeramente deseo clarificar. Yo utilizo este término de manera diferente a como usted probablemente lo entenderá considerando la definición de su diccionario. Por supuesto, no le quito importancia a la educación secular en la presente exposición. Por el contrario, aporto educación sobre el particular. Una buena educación es beneficiosa. Pero, "el intelectualismo" traspasa eso. El intelectualismo dice que a menos que usted tenga “títulos académicos”, usted no puede razonar correctamente, o al menos en el área que usted disiente con algún “intelectual” o “académico”.
Por ejemplo, si un connotado “experto” hace una discusión completa de razonamiento defectuoso - se supone – que usted no podrá discernir sus errores correctamente a menos que usted también sea un erudito en el área de estudio bajo consideración.

Esto no es un problema aislado y poco frecuente. Usted lo puede encontrar en muchas áreas de la vida. Por ejemplo, cuando habla algún doctor en teología, es asumido por la mayoría que nadie podrá estar al nivel de su exposición religiosa a menos que haya estudiado por lo menos en un Seminario. ¡Niego que algo semejante sea cierto! Dios no reveló su bendita palabra a una cúpula de expertos, su palabra es para todo el mundo (Mat. 28:19; Mar. 16:15), y el pensar lógico no es una capacidad necesariamente dada por la educación secular.

Algunos académicos no pueden escribir un párrafo sin transgredir el idioma, o simplemente no saben razonar correctamente sobre asuntos cotidianos mostrándose totalmente ineptos en el diario vivir. Es seguro que estos hombres tienen mucho conocimiento, ¡pero no siempre saben qué hacer con este conocimiento ni comprenden la aplicación de dicho conocimiento para el diario vivir!
Sin embargo, mucha gente humilde, sin preparación académica, tiene una gran aptitud para asociar ideas y discernir los errores evidentes en la lógica racionalista de nuestra sociedad.

En los argumentos del naturalismo de los evolucionistas, una gran cantidad de desperfectos de su filosofía son encontrados usando el razonamiento simple. Tome en cuenta, por ejemplo, las técnicas radiactivas de datación que se han utilizado para fechar diversos especímenes en millones de años de antigüedad, a pesar de que no se puede garantizar que las suposiciones hechas para obtener el resultado final han permanecido constantes durante toda la vida del espécimen que se quiere “datar”. ¿Cómo sabría usted que determinado “espécimen” no estaba en una situación diferente 2,000 años atrás? ¡Usted no puede saber eso! Pero, los expertos suponen, y luego todos debiéramos creer en el resultado de sus experimentos porque no poseemos la misma preparación académica que ellos.
Lo mismo podemos afirmar cuando “expertos” ponen en tela de juicio los principios cristianos sobre los cuales se construyó nuestra nación, o ponen en duda las afirmaciones bíblicas sobre el matrimonio y la crianza de los hijos.

La evolución general es un mito. Si la princesa besa un sapo, este no se convertirá en un príncipe. La materia inorgánica no puede - por arte de magia - producir vida por sí misma y luego evolucionar bajo un mecanismo ciego dando a luz la diversidad natural que hoy conocemos.
Dios es el Creador del Cosmos (Gen. 1:1; Hech. 17:24). Todos podemos reconocer este hecho. La creencia universal en la existencia de un Ser Superior, los efectos que hoy percibimos como producto de una Causa primera, el diseño y orden del Universo, la conciencia y la necesidad de una autoridad moral; todos son evidencia que nos lleva a aceptar la existencia de Dios. La revelación especial de las Escrituras (2 Tim. 3:16-17), y la evidencia que sustenta cada una de sus afirmaciones no pueden ser obra de la mente humana. ¡La Biblia es la palabra de Dios!

Aunque la educación secular es útil, ella no nos capacita necesariamente para razonar mejor que otros. Así también, la ciencia tiene límites y no puede explicar todo como si fuese Dios. Muchas cosas que no pueden ser probadas por la ciencia, son aceptadas racionalmente por todos nosotros. Por ejemplo, las verdades lógicas y matemáticas no pueden ser probadas por la ciencia, la ciencia presupone la lógica y las matemáticas, y por lo tanto, tratar de probar esto con ciencia siempre es razonar circularmente. Tampoco pueden ser probadas las realidades metafísicas que todos aceptamos racionalmente, como son la realidad de la mente y del mundo externo, o la realidad del tiempo de vida pasado que cada cual percibe. ¿Se puede probar científicamente que las acciones de ISIS son moralmente malas? ¿Necesitamos un título académico para hacer juicios estéticos o de moralidad?
Son muchas las cosas que aceptamos sin ser académicos, y a pesar de ello seguimos siendo racionales.


Apreciado lector, le recordamos que usted puede razonar perfectamente así como cualquier otro lo hace. El tema bajo consideración le desafía a usted a examinar la “prueba” presentada y extraer una conclusión. Esperamos que usted encuentre estos artículos útiles, y si usted tiene una pregunta específica, siéntase en libertad de contactarnos.

Si Dios existe, ¿por qué permite el sufrimiento?


 Por Josué I. Hernández


Escribo este artículo desde la vereda del dolor. Mi esposa padece cáncer, y tenemos dos hijas pequeñas, la menor de dos meses. Cada día he sido testigo del sufrimiento en la persona que más amo, y he presenciado como este dolor ha afectado a toda la familia. Ha sido una dura prueba de fe, una lucha en la arena de adversidad. Digo esto, porque soy compañero de todos los lectores que ahora mismo están sufriendo y padecen dolor.

La pregunta común es, “Si Dios existe, ¿por qué permite el sufrimiento?”. Como podemos leer, esta pregunta involucra un poderoso aspecto sentimental, una carga emocional impregnada de duda. Y por lo general, la pregunta misma se realiza para negar la existencia de Dios. Por supuesto, varios pueden hacer la pregunta honestamente, intrigados por la realidad del dolor y la tragedia.

Hay una diferencia entre el problema emocional del sufrimiento y el problema intelectual del sufrimiento. Ambos tratan con el sufrimiento, pero no son lo mismo.
Sin embargo, ¿cuál es la razón de este dilema? ¿Es el dolor un impedimento a la fe? ¿Es el sufrimiento incompatible con la existencia de Dios? ¿Estaremos más dispuestos a creer en Dios si la vida es sólo placer, comodidad y diversión? ¿Por qué el placer es coherente con la existencia de Dios y no el sufrimiento?

Simplemente, a nuestra sociedad no le gusta un Dios que permita el sufrimiento. Pero, ¿tendrá Dios razones morales para permitir el sufrimiento? ¿Tendrá Dios mejores planes?

En lugar de invalidar la fe en Dios, el dolor indica que algo anda mal en el mundo… Imagine por un momento que todos nosotros fuésemos incapaces de sentir dolor físico, ¿sería ésta la solución al cuestionamiento sensual para quitar a Dios a menos que todo sea placer y diversión?

Hay una enfermedad grave, rara, y poco conocida, la Insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis o CIPA (del inglés: Congenital Insensitivity to Pain with Anhidrosis) la cual impide a quien la padece el sufrir dolor. La persona puede pisar un clavo, quemarse una mano o sufrir un corte grave, sin darse cuenta de ello. Pero, quienes padecen la enfermedad no viven seguros y tranquilos, pues al no sentir dolor no saben si algo anda mal o no en sus vidas.

Dios no es un tirano impersonal que se agrada de vernos sufrir. Dios entró en la historia humana en la persona de Jesucristo, quien sufriendo la cruz murió por todos nosotros. A pesar de ser inocente, Cristo soportó el cruel castigo, la humillación y el sufrimiento para salvarnos. La cruz de Cristo deja a nuestro sufrimiento en una perspectiva diferente. 

La Biblia dice que los cristianos son más que vencedores en Cristo (Rom. 8:37), pues su poder se perfecciona en la debilidad (2 Cor. 12:9).

La sangre de Cristo fue derramada para darnos lo que realmente necesitamos “remisión de los pecados” (Mat. 26:28). Por lo tanto, como dijo Salomón, “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Ecles. 12:13). ¿Por qué? “Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ecles. 12:14).


La existencia de Dios


Por Josué I. Hernández


No podremos quitarnos de encima las grandes preguntas que guardan relación con la existencia, el propósito, el significado y el destino; y así como el teísmo ha de presentar sus razones, también lo ha de hacer su contraparte, el ateísmo. Es decir, no basta con afirmar "Dios no existe", han de exponerse las líneas deductivas por las cuales  se llega a semejante conclusión.
El ateísmo afirma mucho, y no ofrece argumentos convincentes para ello (¿Cuál es la evidencia que nos permite creer que el ateísmo es cierto?). Ahora bien, en mi opinión, hay buenas razones para creer que Dios sí existe, y no hay buenas razones para creer al contrario. Es más, debo admitirlo, es mi firme convicción que Dios existe, pues veo que hay razones lógicas y totalmente razonables para creer así.

Sea como fuere que observemos la realidad física, podemos admitir con total libertad que ningún elemento de ella puede explicar en sí mismo su propio origen. Es decir, al tomar el universo físico y desmenuzarlo hasta sus componentes más básicos y diminutos, siempre quedamos con una entidad física o cuantitativa que no posee una razón de su propia existencia en sí misma. El universo no halla en sí mismo su propio origen. La causa queda fuera del universo, es anterior a él. Lo cual significa que la causa del universo no es física, sino espiritual, y es superior al propio universo.
Luego, al observar nuestro derredor nos encontramos con información, con tanta información que no puede ser etiquetada como aleatoria. Y bien sabemos que donde encontramos información, hay una mente que la dispuso en una secuencia lógica para nosotros. La información de una enciclopedia no se produce a sí misma. El Quijote de la Mancha no fue impreso por la explosión de una imprenta. Este artículo es el fruto de una mente. Si tomamos solamente nuestro ADN nos asombramos con la información allí dispuesta para posibilitar la vida humana. La inteligibilidad del universo asume una mente previa, una mente sobrehumana.

Por lo tanto, nos encontramos con una causa no física, que es externa al universo y superior a él. Ha de ser una causa eterna, no sujeta a tiempo/espacio, quien es la causa intelectual de nuestra existencia, una mente creadora sobre humana, divina, Dios.

La Biblia lo supo primero


Por Josué I. Hernández


Sabemos muchas cosas, hay mucha información que manejamos, y esto es lógico ¡vivimos en un mundo moderno, un mundo informado! Nosotros tenemos mucha ventaja frente al hombre de la antigüedad ¿verdad?
En aquellos días, con los avances tecnológicos de su tiempo, el hombre antiguo usó de una observación muy aguda y aún así muchos conocimientos que hoy damos por sentados eran para él un misterio. No obstante, a pesar de nuestro evidente cúmulo de conocimientos adquiridos, muchas de las cosas que hoy damos por sentado, fueron afirmadas por la Biblia antes que la ciencia moderna lo descubriese.

La Forma de la Tierra
“La Tierra es plana”, fue la opinión de la "ciencia" antes que esto fuese reconsiderado más tarde. En los días de Colón se temía navegar directamente al borde de la tierra y caer a un precipicio. Podemos reírnos de semejantes miedos del hombre antiguo, pero en verdad la forma de la tierra desafiaba a la ciencia general.
Para maravilla de varios lectores, mucho antes de la época moderna, unos 2.000 años antes de Colón, el profeta Isaías escribió lo siguiente: “El es el que está sentado sobre la redondez de la tierra” (Is. 40:22, LBLA).
La palabra traducida “redondez” (LBLA) o “circulo” (RV 1960), indica un objeto en forma de esfera, como una pelota.
Entonces ¿cómo supo Isaías semejante información? El no vio alguna fotografía de la Tierra vista desde el espacio… Quizá él resolvió el misterio de una manera semejante a como Pitágoras lo hizo, quien vivió en la misma época. Pero, considérese que los judíos no se caracterizaron por ser científicos ni filósofos, además la Escritura nunca se prestó para anotar en ella las opiniones especulativas. Porque, si Isaías anotó en la Escritura su opinión de la redondez de la Tierra y a la vez arriesgó la integridad de la misma, tenemos aquí un hecho inconcebible. Pero, Isaías afirma por revelación la redondez de la Tierra como un hecho, una realidad comprobada, mucho antes de que la ciencia descubriera que semejante información es un hecho científico.

Pero, ¿qué la sostiene?
El hombre antiguo se caracterizó por creer que la tierra tenía algún tipo de soporte, mientras los demás cuerpos celestes se movían entorno a ella. Usted, a menudo, habrá escuchado del sistema ptolemaico…, pero ¿Qué dice la Biblia acerca del soporte de la tierra? Bueno, la Biblia dice “…Cuelga la tierra sobre nada” (Job 26:7).

El cántico de las estrellas
Usualmente no pensamos que las estrellas cantan, aunque hace tiempo se sabe que cada estrella emite un sonido el cual se puede oír por radiotelescopios. ¿Quién habría pensado que estos diminutos puntos de luz, tan “silenciosos y lejanos”, en realidad emiten un sonido? Pero el Señor dijo a Job “Cuando alababan todas las estrellas del alba” (Job 38:7).
Ahora bien, podríamos pensar que Jehová en Job 38:7 utiliza solamente una figura de dicción, una personificación como alabanza a Dios en su creación, pero hay varios otros pasajes que deberían ser considerados también, por ejemplo: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día…” (Sal. 19:1-2). La palabra “emite” (Sal. 19:2) y “alababan” (Job 38:7) se refiere a un sonido como de fricción, como el sonido molesto de una puerta de hierro con bisagras oxidadas.
Personalmente, si yo hubiese escrito estos pasajes no hubiera escogido esta palabra para describir el sonido de las estrellas. Pero, el salmista y Job, siendo inspirados, describieron en tiempos pre-científicos el sonido de las estrellas que la ciencia moderna recién ha descubierto. En fin, la Biblia supo primero que las estrellas “cantan”.

La refracción de la luz
Sabemos que la luz experimenta un cambio de dirección al pasar de un medio material a otro. Pero esto solo se produce si la onda incide oblicuamente sobre la superficie de separación de los dos medios y si estos tienen índices de refracción distintos. La refracción se origina en el cambio de velocidad de propagación de la onda. Entonces, piense en estas dos declaraciones: “¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz… ¿Por qué camino se reparte la luz…” (Job 38:19, 24).
El cambio descrito, sólo posible por la refracción, hoy en día ocupa a toda una rama de la ciencia moderna (la espectroscopia). Nuevamente, el Señor dijo esto a Job mucho antes de que el género humano lo descubriese.

Los caminos en el mar
Una de las cosas enseñadas en la palabra de Dios acerca de la naturaleza adquiere especial importancia con lo sucedido a Matthew Fontaine Maury. Cuando su hijo le leía la Biblia, llegaron a éste pasaje: “… Todo cuanto pasa por los senderos del mar” (Sal. 8:8). El pasaje atrapó la atención de Maury de por vida. Se dice que él dijo a su hijo “es suficiente con que la Palabra de Dios lo diga, si hay caminos en el mar yo voy a encontrarlos…”
Luego de algunos años, Maury había descubierto varias corrientes y pasadizos marítimos. Los estudios realizados por Matthew Fontaine Maury permitieron una clasificación de las travesías y el conocimiento de las rutas más favorables, entre las efectuadas, para trasladarse desde un punto a otro. Por ejemplo, la travesía desde Nueva York a California que tenía una duración media de ciento ochenta días, con el asesoramiento de Maury fue reducida hasta cien días.
Maury es el responsable de la Annapolis Academy (La Academia Naval de los Estados Unidos). Una estatua en su honor, presenta a Maury sosteniendo en una mano varias cartas de navegación, y en la otra mano una Biblia.

Conclusión
Podríamos pensar que varios descubrimientos “modernos” provienen de los estudios de los chinos, egipcios, griegos, etc… Pero, la Biblia habló de estas cosas antes de que la “observación científica” las descubriese. Y esto, aun cuando la Biblia no fue escrita por científicos. La Biblia no procura atraer a la comunidad intelectual con descubrimientos científicos, pero siempre que habla de ciencia la Biblia dice la verdad.

Preguntamos: ¿Cómo hombres de la antigüedad supieron de los datos anteriormente descritos sin la ayuda de los instrumentos modernos? Quizá el Creador les habló dándoles conocimiento de primera mano… Yo creo que sí.

El Poder de la Oración Intercesora


Por Josué I. Hernández


La oración de intercesión es un deber cristiano que consiste en pedir a Dios una bendición para otros (1 Tim. 2:1).   Samuel dijo que era pecado no orar por otros (1 Sam. 12:23).
La oración intercesora hace una gran diferencia, tiene un potente efecto (Stgo. 5:16), por lo tanto es una gran obra (Col. 4:12). 
Algunas bendiciones Dios no serán concedidas a menos que intercedamos por otros en el ferviente ejercicio de la fe y el amor (Ex 32:10-14).


Ejemplos de oraciones intercesoras:

La cooperación en oración de los corintios por Pablo y sus compañeros al pedir por ellos para que fuesen salvos de la muerte (2 Cor. 1:8-11). Lo mismo vemos en la oración intercesora de Abraham por Lot para que éste fuese salvo de la destrucción de Sodoma y Gomorra (Gen 18:20-33; 19:29).  Todos los días, en algún lugar del mundo, algún hermano en Cristo padece dificultades y enfrenta grandes peligros ¿oramos por ellos?

Jesús enseñó lo que él mismo estuvo dispuesto a hacer cuando oró por quienes le aborrecían (Luc. 6:22-28, 36; 23:34; Is. 53:12).  Lo mismo lo vemos en el apóstol Pablo (2 Tim. 4:16-18) quien imitaba a Cristo (1 Cor. 11:1).  Así también nosotros, dejando la venganza debemos usar de misericordia (Rom. 12:17-21) y orar aún por nuestros enemigos.

La oración por los fieles predicadores del evangelio para que tengan la oportunidad y la sabiduría para hablar como es debido y muchos sean salvos (Col. 4:3-4; 1 Tim. 2:1-4).  Por ejemplo, el apóstol Pablo anhelaba la salvación de Israel y ése anhelo lo expresaba en la oración ferviente por ellos  (Rom. 10:1, 9:2-3).  Así también nosotros debemos orar para que los que ocupan un lugar en nuestro corazón sean salvos y nosotros instrumentos para la gloria de Dios, según el ejemplo aprobado aquí.

Pabló, aún sin conocer a los colosenses oraba fervientemente por ellos.  Así también nosotros, debemos doblar nuestras rodillas orando por el crecimiento y maduración de nuestros hermanos en Cristo (Col. 1:9-11; 2:1-4).  Epafras también es ejemplo para nosotros de esto; sus ruegos por la firmeza y perfección de los colosenses ha quedado registrado para amonestarnos a nosotros (Col. 4:12) ¿oramos así por nuestros hermanos en Cristo?

La oración ha de ser habitual en el cristiano.  La oración es eficaz, imprescindible, necesaria ya sea en nuestra aflicción o en la aflicción de otro cuando oramos por él, ya sea por su mejoría física o por su restauración a la comunión con Dios (Stgo. 5:13-16).  Cristo oró por Pedro, para que su fe no faltara (Luc. 22:31-32).  Cristo ora por nosotros delante del Padre celestial allá en los cielos (Heb. 7:25).


Conclusión

Grandes bendiciones del cielo han de ser derramadas sobre nuestro derredor, pero es necesario desbloquear el flujo de bendiciones mediante nuestra oración ferviente, misericordiosa y benevolente  ¿tenemos el amor y la fe para orar así por los demás?

"¿Qué es la verdad?"


Uno de los grandes interrogantes de la vida


Por Josué I. Hernández


Fue un encuentro sorprendente entre Poncio Pilato, el procurador romano, y Jesucristo, el Hijo de Dios.  Los dos estaban frente a frente. “¿Así que tú eres rey?” Preguntó el gobernador.  El Señor, respondió que sí al afirmar: “Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”  Entonces Pilato dijo “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:37-38, LBLA).

“Esta es precisamente la actitud del mundo. Es la actitud no sólo del escepticismo sino también -- y aun peor -- de la indiferencia.  A Pilato no le interesaba la verdad sino sólo lo que le conviniera políticamente. Caifás y los judíos tenían la misma actitud, (11:50) y por esta razón se unieron para crucificar a Cristo. La verdad estaba delante de él, pues Jesús es "la verdad" (14:6). Cristo es la fuente de la verdad y es la personificación de la verdad. Él es la verdad encarnada. Es el Originador y el Comunicador de la verdad. La palabra verdad se refiere a la realidad o el hecho. El Antiguo Testamento presentaba la figura y la sombra de la realidad, pero Cristo es la realidad; Él era el corazón de la ley, los profetas y los salmos (Luc. 24:44). Los mandamientos y opiniones de los hombres no son la verdad, pues no tienen realidad y son pura espuma, sin substancia”  (Notas sobre Juan, Wayne Partain).

La pregunta de Pilato manifestaba, de alguna manera, la creencia antigua en muchos dioses y diversas filosofías (Hech. 17:16, 22-23).  El mundo del primer siglo era inmoral y politeísta.  Los filósofos paganos se entretenían con los diversos puntos de vista en constante flujo, siempre interesados “en decir o en oír algo nuevo” (Hech. 17:21) a ellos no les interesaba la verdad
Pilato tenía la actitud de la mayoría de las personas relativistas de hoy en día, quienes creen que la verdad es subjetiva para el individuo y que no hay punto de vista mejor que otro.  Tal es el legado del Posmodernismo.


Posmodernismo

¿Qué es exactamente el “posmodernismo”? Una de las descripciones más breves que he encontrado viene, paradójicamente, de un escritor muy liberal, el Dr. William Dever (arqueólogo prominente y ex director del Instituto Albright de Investigación Arqueológica en Jerusalén) quien escribió:   
El postmodernismo es esencialmente una teoría del conocimiento que afirma que no existe un conocimiento real (por lo menos no objetivo) en el mundo exterior que pueda ser percibido por los sentidos humanos.  Como Friedrich Nietzsche, el conocido filósofo nihilista de finales del siglo 19 y uno de los fundadores de la postmodernidad, dijo: “No hay hechos, sólo interpretaciones…” El objetivo básico de la revolución postmoderna fue triple: (1) Todos los reclamos por la verdad, es decir al valor de ella, no son más que construcciones sociales, y por lo tanto, impresiones, relativas más que absolutas, en gran parte ficticias y sujetas a ser borradas. (2) No existe una realidad uniforme ni universal, lo que importa es sólo lo local, lo fragmentario, lo exótico, incluso lo absurdo. La realidad social ha de ser descentralizada, expuesta en todas sus ilusiones ideológicas, sometida a un constante reinventarse a sí misma. (3) El relativismo moral y el multiculturalismo debe prevalecer, todos los problemas se convierten en los de la política: raza, clase, género y poder. Lo que pesa en fin no es "la verdad", porque no hay otra, salvo que en la retórica, lo más extremo es lo mejor”.

Matices De Significado

El término “verdad” (del griego aletheia) es un sustantivo, sus adjetivos correspondientes son alethes (descubierto, manifiesto), alethinos (verdadero en el sentido de real, ideal, genuino) y gnesios (verdadero, genuino, sincero). Uno de sus adverbios correspondientes es alethos (con seguridad, verdaderamente) el cual es muy utilizado en el Nuevo Testamento.  La forma verbal es aletheuo  que significa “tratar con fidelidad o con verdad con cualquiera” (Ef. 4:15, “siguiendo la verdad en amor”).  Estos términos adquieren diferentes matices de significado dependiendo del contexto en que ocurren, el examen de éstos no sólo puede ser útil, sino también instructivo y provechoso.

1. “Verdad” a veces lleva consigo el significado de lealtad.  Un verdadero amigo, un verdadero patriota, etc.  Aquel que es fiel a un compromiso.  Por ejemplo, Cristo dijo: “Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos” (Jn. 8:31, LBLA), aquí vemos una demanda de fidelidad. La verdad de Cristo es vinculante.  Judas, por ejemplo, no fue fiel al Señor.

2. “Verdad” se puede utilizar de lo que es genuino (en oposición a los falsos, la falsedad o la falsificación).  Por ejemplo, Cristo dijo “Vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy. Yo no he venido por mi propia cuenta, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis” (Jn. 7:28, LBLA).  Pablo elogió a los Tesalonicenses al decir “cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tes. 1:9, LBLA).

3. “Verdad” se usa también de aquello que se ajusta a la realidad, ya sea en el plano físico como en el espiritual.  Por ejemplo, el punto de congelación del agua, una multiplicación de aritmética, etc.  Cosas objetivas que toda persona racional puede reconocer. 
Sin embargo, es necesario admitir que el mundo físico no es el único caracterizado por la verdad objetiva. El profesor Gordon Clark (jefe del departamento de filosofía de la universidad de Butler) ha señalado, y con razón, que “la verdad moral y espiritual es tan verdad como la verdad matemática, científica e histórica. Es igualmente intelectual”.
Los antiguos paganos fueron condenados “porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén” (Rom. 1:25, LBLA).  W. E. Vine considera que la expresión “la verdad de Dios” puede ser “la verdad acerca de Dios” o “Dios, cuya existencia es una realidad”.  En este contexto, lo más fundamental de todas las cosas es la existencia de Dios (Heb. 11:6) y la mente humana puede percibir (por deducción, inferencia) la elocuente implicación que Dios ha dejado en la creación acerca de su propia existencia (Sal. 19:1-6; Rom. 1:20).  Negar la existencia de Dios, es negar la verdad más fundamental para vivir en un mundo de fantasía.  Dios ha dado testimonio de sí mismo (Hech. 14:17).
Pablo escribió a los hermanos de Tesalónica, y felicitándoles les dijo “Por esto también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibisteis la palabra de Dios, que oísteis de nosotros la aceptasteis no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es [conforme a la realidad], la palabra de Dios, la cual también hace su obra en vosotros los que creéis” (1 Tes. 2:13, LBLA, énfasis nuestro, jh). 

4. “Verdad” se usa también de lo que es consistente.  La verdad es armoniosa.  El salmista dijo “La suma de tu palabra es verdad, y cada una de tus justas ordenanzas es eterna” (Sal. 119:160, LBLA).  Este pasaje, implica que todas las partes de la verdad de las Sagradas Escrituras son igualmente confiables (verdaderas) y en plena concordancia.  Es decir, en la Biblia no hay discrepancias piadosas, ni errores de confusión, Dios no es autor de confusión (1 Cor. 14:33).

5. “Verdad” se usa de aquello que se ajusta a un estándar.  El ejemplo del ingeniero bien ilustra este punto.  Él no quiere que las paredes del edificio se inclinen y caigan.  Así mismo, existe un patrón o criterio para determinar la verdad en otras áreas de la vida. 
Pablo reprendió a los judíos porque ignoraban la ley de Moisés que era  “la expresión misma del conocimiento y de la verdad” (Rom. 2:20, LBLA).  La ley era el estándar para medir su vida delante de Dios, así ellos debían ordenar sus pasos (Jer. 10:23).  La época en que el hombre haga lo que bien le parezca, nunca será agradable a Jehová Dios (Jue. 21:25).
Jesús enseñó “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Jn. 4:24, LBLA).  El término griego que en este contexto tiene que ver con “el contenido del cristianismo como la verdad absoluta” (Arndt, p. 35).  Otro estudioso, citando este pasaje, señala: “La verdadera adoración es lo que concuerda con la realidad, que los hombres comprenden sobre la base de la revelación” (Thiselton, p. 891).

6. “Verdad” se usa de aquello que es honesto.  La mujer que tenía la hemorragia durante “doce años” (Mar. 5:25) “cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto” (Mar. 5:27).  A la pregunta de Cristo “¿Quién ha tocado mis vestidos?” (Mar. 5:30), y ante la presión pública “…la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad (Mar. 5:33, énfasis nuestro, jh).
El apóstol Juan escribió “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Jn. 1:6). Lo mismo vemos en la declaración del apóstol Pablo, quien dijo “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Ef. 4:25).

Como podemos contemplar, “verdad”, “verdadero”, etc.  Tienen matices de significado según su énfasis, y dependiendo del contexto.


Hechos Bíblicos Respecto A La Verdad

         Toda la verdad, en última instancia, se basa en la naturaleza de Dios y en la santa voluntad que procede de él – ya sea que se exprese en las leyes inmutables de la naturaleza, o en las Sagradas Escrituras.
         Jehová es el Dios de la verdad (Deut. 32:4; Is. 65:16).  La verdad procede directamente de Dios (cf. 1 Sam. 15:29; Tit. 1:2; Heb. 6:18).   En este sentido, todo lo falso es una digresión del ideal divino.
Contrario al concepto tenue y subjetivista de la “verdad”, el cual ha encontrado una morada cálida en la mente de muchos hoy en día, las Escrituras enseñan varios puntos instructivos respecto a la “verdad”:

1. Hay un cuerpo objetivo de la verdad espiritual, sin el cual ninguna persona puede agradar a Dios.  Cristo dijo: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32).  Luego aprendemos, de Cristo mismo, que dicha verdad ha sido manifestada en la palabra de Dios: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17). El reconocido lexicógrafo, el señor J. H. Thayer, en su discusión de la “verdad”, objetivamente considerada y comentando el término aletheia, dice que es “la verdad, como nos lo enseña la religión cristiana, respecto de Dios y la ejecución de sus propósitos a través de Cristo y respecto de los deberes del hombre…”.
La verdad no se fabrica, la verdad se descubre.  La verdad no hay que buscarla en las profundas cavernas del alma, la verdad se revela en la Escritura (2 Tim. 2:15) la cual se apoya en abundante evidencia que demuestra su origen divino.

2. La verdad debe ser conocida para ser de valor práctico.  A pesar de su belleza y majestuosidad, la verdad encerrada en las páginas de una Biblia cerrada no tiene valor para el espíritu humano.  El Señor afirma categóricamente que la verdad puede ofrecer la libertad solamente a aquellos que la conocen (Jn. 8:32).  En este texto “conocer” (gr. “ginosko”) no es sólo “tomar conocimiento”, sino también “reconocer, percibir, comprender” (Abbott-Smith).  Cremer sugiere que lo “conocido” tiene una “influencia sobre” el que obtiene el conocimiento.  En fin, en el sentido más puro, llegar al conocimiento de la verdad, es equivalente a llegar a ser un cristiano (1 Tim. 2:4; 2 Tim. 3:7).

3. No hay ningún otro rasgo más precioso en el hombre que la disposición de amar la verdad.  Con la palabra “amor” no nos referimos a un afecto superficial de interés intelectual, sino a una apasionada devoción por comprender y vivir la verdad de Dios.
El orador griego Demóstenes dijo una vez que el “amor a la verdad” es uno de los residuos de la “imagen de Dios” en el hombre.  Otro dijo: “Es el amor de la verdad, o su ausencia, la prueba del carácter del hombre”.  En una declaración alarmante, el inspirado apóstol Pablo dijo “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tes. 2:10).  En este texto, “amor a la verdad” es la disposición piadosa y buena voluntad para con la verdad del evangelio, es decir, un serio compromiso con la verdad.  

Los siguientes pasajes reflejan, en principio, el tipo de actitud que debemos tener hacia la verdad de Dios:
a)    “Del mandamiento de sus labios nunca me separé; Guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job. 23:12).
b)    “Por eso he amado tus mandamientos Más que el oro, y más que oro muy puro” (Sal. 119:127)
c)    “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mat. 5:6).
d)    “Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.  Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Luc. 10:41-42).
e)    “Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia” (Luc. 8:15).
f)    “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Jn. 7:17).  En este texto, “voluntad” (thelema) sería "aquello de que se tiene voluntad, de la voluntad de Dios... siendo su cumplimiento una señal de la relación espiritual con el Señor" (Vine).  El término “conocerá” (ginosko) no es sólo “tomar conocimiento”, sino también “reconocer, percibir, comprender” (Abbott-Smith).  Entonces, “conocerá” hace referencia a “aprobar” la buena voluntad del Señor (comp. Jn. 17:3).
g)    En Hechos 13:46-48, hay un marcado contraste entre los judíos que no se juzgaban “dignos de la vida eterna” (v. 46) y los gentiles que estaban determinados (de su propia voluntad) a recibir la vida eterna por la obediencia al evangelio (v. 48).  En este pasaje, el término “ordenados” (tasso) debe entenderse como “poner en orden, disponer, significa señalar” (Vine), “los gentiles voluntariamente recibieron la Palabra con alegría, indicando de esta manera una buena actitud y disposición... no hay nada en este contexto que indique que Dios hubiera hecho algo por algunos que no hubiera hecho por los otros. El mismo evangelio fue predicado a todos; el resultado no dependía de un decreto de Dios sino de la disposición de los oyentes"  (W. Partain).
h)    “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hech. 17:11).  Nótese el comportamiento y actitud totalmente contrario: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Rom. 1:28) y “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:3-4).

Simplemente no hay sustituto para el amor a la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad.

         4. Una vez que hemos estado expuestos a la verdad, la integridad intelectual exige que creamos la evidencia.  Lucas, por ejemplo, sostiene que Jesús, después de su resurrección de entre los muertos, se presentó vivo con muchas “pruebas” (gr. “tekmerion”), es decir con evidencia decisiva y demostrativa, “una señal segura, una prueba positiva (de tekmar, marca, signo, señal)” (Vine).
         Debemos recordar, una vez más, lo que se ha mencionado anteriormente.  Pablo advirtió que cuando los hombres no reciben el amor de la verdad, Dios permite que crean el error debido a sus mentes nubladas por la injusticia (2 Tes. 2:10-12). Sin embargo, algunos están obligados a protestar: “He tratado de creer y simplemente no puedo”.  En un caso semejante, usted debe explorar la profundidad de su corazón para determinar cuál es el obstáculo, algo está ahí.  
         La incredulidad no se debe a la escasez de pruebas.  Miles de cristianos del primer siglo murieron con gozo a pesar del cruel martirio debido a su fe en la naturaleza sobrenatural del cristianismo, ésta clase de fe no es superficial (Rom. 10:17).  En fin, ¿qué es creer en la verdad? El libro de los Hechos es un tratado brillante al respecto ¿Ha leído el libro de los Hechos?
         Finalmente, debemos recordar una narración trágica registrada en el Antiguo Testamento, esta tiene que ver con un profeta de Judá que con asombrosa valentía clamó contra el altar construido por Jeroboam.  Luego, este mismo profeta perdió su vida por no tomar en cuenta las instrucciones de Jehová.  Este profeta se dejó llevar por las circunstancias en vez de la palabra de Dios, así es como creyó una mentira.  La trágica gravedad de este incidente se ve subrayada porque  consume todo un capítulo en el primer libro de Reyes (13).  ¿Qué aprendemos? Creer la verdad en el ámbito espiritual es obviamente de importancia suprema.  Por otra parte, saber toda la verdad es crucial (Ef. 5:17).  Así como con el profeta, también con Abraham (Gen. 20:1-12), una verdad a medias, es una completa mentira.

         5. Comprender los hechos, por amor la verdad, y creer en la realidad de los mismos, naturalmente dará lugar a la obediencia responsable frente a estos hechos.  Como dijo Pablo sobre los que “no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia” (Rom. 2:8-9), a éstos no les espera más que la ira de Dios.  Por el contrario, los cristianos han purificado sus almas por la obediencia a la verdad (1 Ped. 1:22).  Éste fue el concepto que Jesús tenía en mente en su conversación con Pilato, a la que aludimos al comienzo de este artículo.  Cristo dijo “Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Jn. 18:37).  La expresión “de la verdad” es análoga (semejante) a lo dicho por Cristo en Juan 8:47: “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”.  Entonces, oír la voz de Cristo es obedecerle.
         Pero, ¿cómo obedecer “la verdad”?  El hecho de que las Escrituras hablan de la obediencia a la verdad implica a todas luces que dentro del cuerpo de lo que es “la verdad” hay obligaciones expresadas en mandamientos.  Un ejemplo de esto lo vemos cuando Juan dijo: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Jn. 1:6).  Lo mismo lo vemos aquí: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Jn. 2:4).
         Observe como la enseñanza de Cristo y la de sus apóstoles está en perfecta armonía.  Jesús afirmó “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32) y Pablo dijo “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.” (Rom. 6:17-18).  Entonces, las expresiones “conocer la verdad” y “obediencia a la verdad” (conocer y obedecer) están estrechamente relacionadas pues son análogas.

         6. Por último, hay varias otras consideraciones bíblicas respecto a la “verdad”, tanto positivas como negativas.  Por ejemplo, el fiel cristiano es aquel que ha llegado a ser establecido (confirmado) en “la verdad” (2 Ped. 1:12) y no es obstaculizado en obedecerla (Gal. 5:7).  El fiel cristiano aprende y “usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15) para seguir “la verdad en amor” (Ef. 4:15) para permanecer “andando en la verdad” (2 Jn. 1:4; comp. 3 Jn. 1:3).  El fiel cristiano se esfuerza en la promoción de “la verdad” pues sabe que ella es el bien más preciado (3 Jn. 1:8).
         Por otro lado, el fiel cristiano no es obstáculo para la verdad (Rom. 1:18) ni tampoco la resiste (2 Tim. 3:8) pues no tiene su atención en “hombres que se apartan de la verdad” (Tito 1:14).  El cristiano sabe que las acciones contrarias a la verdad invitan al desastre.


Conclusión


         Una investigación cuidadosa de las Sagradas Escrituras ofrece un antídoto poderoso contra la confusión posmoderna, la cual alega que la verdad es subjetiva, difícil de alcanzar y efímera.  Todo lo contrario, la verdad es objetiva, absoluta, gloriosa y exigente.  La verdad es la norma con la que todos seremos juzgados cuando nos encontremos con el Creador del universo.

La comunión con los falsos maestros


Por Josué I. Hernández


“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros…” (2 Pedro 2:1).


Falsos maestros

El apóstol Pedro advirtió clara y enfáticamente acerca de los “falsos maestros” (Gr. pseudodidaskalos) que habría entre el pueblo de Dios quienes introducirían herejías destructoras.  Y debemos notar que el apóstol no dijo que  algunos “tal vez” podrían ser falsos maestros.  Él habló de verdaderos falsos maestros quienes repetirían el mal ejemplo de muchos falsos profetas que existieron entre el Israel del Antiguo Testamento.

Pero, ¿quién es un “falso maestro”? Bueno, hemos de admitir que algunos predicadores difieren y se confunden en la definición y aplicación de este concepto. Hay quienes no desean hablar de éste tema y cierran sus ojos a la verdad.  Otros, simple y llanamente, tratan como falsos maestros a los que denuncian el error.  Incluso, algunos creen que un falso maestro es solamente aquel que tiene motivos corruptos y mal carácter.  Sin embargo, la atención adecuada al contexto nos ayuda a determinar quién debe ser etiquetado inequívocamente como “un falso maestro”, o maestro del error.  

Muchos fallan en definir bien lo que Pedro escribió, acerca de los falsos maestros, debido a que tratan a los capítulos y versículos de la Biblia como si fuesen divisiones inspiradas de la Escritura.  Un ejemplo claro de tal equivocación es el tema que ahora estamos estudiando.  Pues, aunque hay una ruptura de capítulo (entre el 1 y el 2) el contexto no se rompe. Entonces, los dos versículos anteriores al capítulo 2 nos dan la clave para nuestra definición y aplicación de “falso maestro”.  En fin, podemos aprender lo que es un falso maestro, simplemente, por la observación del contraste entre un profeta falso y un verdadero profeta y la aplicación que luego el apóstol Pedro hace: 

“entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (1 Ped. 1:20-21).
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 Pedro 2:1).

Los falsos maestros hablan su propia interpretación de la revelación divina, y no respetan el contexto y autoridad de las Escrituras. Así también, estos hombres hablan de acuerdo a su voluntad humana en lugar de hablar de acuerdo a la voluntad de Dios.  Por lo tanto, los falsos maestros predican un mensaje que no está en armonía con las palabras reveladas por el Espíritu Santo.
El que alguno sea o no “un falso maestro” no tiene nada que ver con sus motivaciones o carácter, sino con su mensaje. Por lo tanto, los que enseñan cosas que son falsas, sin importar cuáles sean sus motivos, son “falsos maestros”.

Falsos, no por su carácter sino por su doctrina

Los “falsos Cristos” (Mat. 24:24) serían reconocidos como tales por las falsedades que dirían (ver. 23-26). Lo mismo se puede decir de los “falsos profetas” (Mat. 24:24; Cf. 1 Jn. 4:1).
Los “testigos falsos” que acusaron a Cristo (Mat. 26:60,61) son llamados así debido a su falso testimonio. Lo mismo se puede afirmar de los “testigos falsos” que acusaron a Esteban (Hech. 6:13). El propio apóstol Pablo admitió que si Cristo no resucitó, entonces él y los demás apóstoles serían “falsos testigos” (1 Cor. 15:14,15), no por su carácter, sino por lo que afirmaron.
Los falsos “apóstoles” rechazados por la iglesia de Éfeso (Apoc. 2:2) fueron reconocidos como tales por ser hallados “mentirosos” (Gr. “pseudés”, falsos). Así también, los “falsos hermanos” (2 Cor. 11:26; Gál. 2:4) fueron reconocidos como tales porque abogaban por la circuncisión como necesaria para la salvación de los gentiles, cosa desconocida en el evangelio de Cristo.
Entonces, el carácter y las motivaciones de los falsos Cristos, profetas, testigos, apóstoles y hermanos, no está bajo consideración en los anteriores pasajes.  Ellos eran falsos por lo que afirmaban, no por sus motivaciones y carácter.  Entonces, alguien puede ser un falso maestro a pesar de ayudar a los pobres y ser reconocido como “simpático”.

Admitimos que sí hay pasajes que indican el carácter malo de algunos falsos (Ej. “falsos profetas”, Mat. 7:15-20), pero los tales no son falsos directamente por sus motivaciones y carácter, sino que siempre lo son por lo que afirman y profesan, a la vez que su mal carácter es el resultado, o consecuencia, de su mentira. 
Considerando lo anterior, es fácil distinguir que el apóstol Pedro, luego de prevenir respecto al error de los “falsos maestros” (2 Ped. 2:1) describió el fruto y consecuencia de su falsedad, llamando la atención al fruto que produce la falsedad de éstos maestros espurios (2 Ped. 2:1-22).


Comulgando con el error

Según vemos en 2 de Juan, los primeros lectores de esta epístola se vieron enfrentados al peligro de falsos maestros promotores del mismo error tratado en 1 de Juan.  Así, pues, el mensaje central de 2 de Juan es una advertencia contra los falsos maestros, de los cuales Juan dijo por el Espíritu: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (2 Jn. 9-11).
Es interesante notar el contrate entre 2 de Juan y 3 de Juan.  En 2 de Juan aprendemos que el falso maestro no debe ser recibido, pero en 3 de Juan aprendemos sobre la hospitalidad hacia el que enseña la verdad.


El error de Josafat

         Josafat fue un hombre que podría haber alcanzado grandes éxitos espirituales, mayores que los relatados en su vida, si no se hubiese enredado en la comunión con la dinastía de Acab y Jezabel.  Con esto, Josafat no sólo demostró su falta de discernimiento, sino que también anuló mucho beneficio espiritual para él y su reino (2 Cron. 17-20).  Josafat es un ícono de aquellos que buscan la unidad a pesar de la diferencia doctrinal y en base al compromiso.

         Josafat hizo grandes reformas, y comenzó bien (2 Cron. 17:1-9), y el resultado inicial fue la paz en su reino. Pero, su compromiso con la dinastía de Acab afectó su juicio al punto de comprometer la verdad en varias oportunidades.  Por ejemplo, en una ocasión, Acab y Josafat consultaron la palabra de Jehová buscando aprobación para tomar Ramot de Galaad, y Dios les habló claramente por boca de Micaías (2 Cron. 18).  Sin embargo, Acab odiaba la verdad, los cuatrocientos falsos-profetas pervertían la verdad, Josafat consideraba la verdad y a la vez la desobedecía, pero sólo Micaías amaba la verdad y sufrió por ella.  
Lo anterior no es extraño cuando consideramos las palabras del propio Josafat, quien dijo a Acab, “Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo” (2 Cron. 18:3), algo similar dijo más tarde a Joram, el hijo de Acab, “yo soy como tú; mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como los tuyos” (2 Rey. 3:7).

La comunión que Josafat mantenía con la dinastía de Baal era enredosa, él había permitido a su hijo, Joram, el casarse con Atalía (hija de Acab y Jezabel, 2 Cron. 21:6; 22:2-3). Así pues, mientras el compromiso se hacía más fuerte, Josafat fue amonestado por el profeta Jehú, quien le dijo: “¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto” (2 Cron. 19:2).  Pero, a pesar de ello, Josafat manifestó un fuerte compañerismo con Ocozías y luego con Joram, los hijos de Acab (2 Cron. 20:35-37).   

Josafat se unió en yugo desigual con los incrédulos, manifestando compañerismo, comunión, concordia y acuerdo con ellos (2 Cron. 6:14-7:1).  Las Escrituras nos presentan el epitafio de Dios a la vida de Josafat, quien “hizo paz con el rey de Israel” (1 Rey. 22:44). Y las consecuencias nefastas de tal participación con los errados, consecuencias que fueron terribles en la propia familia de Josafat y en su reino.

Por su parte, Dios manifestó juicio contra la dinastía de Acab, y lo ejecutó.  Acab murió por una flecha del enemigo (1 Rey. 22:34,37), su hijo Ocozías murió sin descendencia luego de caer en su palacio (2 Rey. 1:1-17), su otro hijo Joram y su nieto Ocozías (rey de Judá) murieron a manos de Jehú (2 Rey. 9:24-27), su esposa Jezabel murió atropellada luego de ser lanzada por una ventana (2 Rey. 9:33) y sus setenta hijos (con varias concubinas) murieron decapitados (2 Rey. 10:1-10). Su yerno murió con los intestinos saliendo de su cuerpo (2 Cron. 21:19); y más tarde su hija, Atalía, quien exterminó a los descendientes varones de su esposo (Joram), fue ejecutada (2 Rey. 11:16).  Así, pues, Jehová Dios puso fin a la dinastía de las tinieblas de Baal en el norte, a pesar de la comunión que Josafat les manifestó.
Todos podemos aprender de las cosas que se escribieron antes (Rom. 15:4; 1 Cor. 10:11), para no seguir el ejemplo de Josafat.  


El compromiso con el error – El caso de Pérgamo

La ciudad de Pérgamo era un centro preeminente de la adoración del emperador romano (“donde está el trono de Satanás”, Apoc. 2:13), era una ciudad comercial muy rica, la más grande después de Alejandría.  Y al igual que Alejandría, Pérgamo contaba con una biblioteca de unos 20.000 rollos, pergaminos.  De hecho la palabra “pergamino” proviene del nombre de ésta ciudad que ocupaba mucha de ésta piel para confeccionar los rollos.
El primer templo del culto imperial fue construido en Pérgamo (29 A.C.) Pero, además, la ciudad albergaba un altar a Zeus, un templo en honor a Atenea y el famoso santuario de Asklepios (dios de la medicina, bajo el símbolo de una serpiente).
Sin duda alguna, Pérgamo era como la sede del gobierno de Satanás, y sin duda tal ambiente influía en los cristianos de allí. Tal vez, algunos miembros pensaban que era inocuo para su vida espiritual el asistir a las celebraciones paganas de la ciudad o confesar a César como “Señor”.  En fin, los cristianos de Pérgamo no tenían que negar a Cristo completamente sino que solamente tendrían que comprometerse con el error del culto al emperador mediante una confesión anual de que “Cesar es el Señor”.  A su vez, algunos falsos maestros en Pérgamo enseñaban que este compromiso era necesario e inofensivo, y su influencia era levadura en la congregación (Gal. 5:9).

El error y el pecado no pueden tolerarse en una iglesia de Cristo.  Deben corregirse y eliminarse, pues de otro modo cesará la buena influencia de  la iglesia en la comunidad y en el mundo.  Ahora bien, si los hermanos en pecado rehúsan arrepentirse (Gal. 6:1-2), el resto de la iglesia tendría necesariamente que retirarles de su comunión, porque de otra manera la iglesia se convertiría en cómplice (1 Cor. 5:1-8) y la levadura la contaminaría (Gal. 5:9).

Satanás sabe que es difícil que los cristianos renuncien a Dios directamente. Por tanto, trata sutilmente de dividir nuestra devoción a Cristo para que seamos condenados por nuestro compromiso con el error:
·       Eva y su esposo Adán perdieron el paraíso por comprometerse con la mentira del diablo (Gen. 3:1-6 y sig.)
·       Nadie quiere ser alcohólico o drogadicto, pero muchos están prestos a tomar la primera copa, fumar el primer cigarrillo o experimentar por primera vez con las drogas ilegales.
·       Los cristianos que aceptaron el instrumento de música a finales del siglo XIX, no pensaban alejarse completamente de Cristo, pero tal ha sido el resultado para la denominación de los llamados “Discípulos de Cristo” (La Iglesia Cristiana). La apostasía nunca se detiene.
·       Pocos cristianos que faltan a alguna reunión piensan en renunciar a Cristo, pero tal es el resultado para muchos.
·       Los jóvenes cristianos que se casan con inconversos no piensan alejarse del Señor, pero tal compromiso frecuentemente resulta en apostasía.
·       A mediados del siglo XX muchos cristianos aceptaron la Iglesia Patrocinadora, la Centralización, el establecimiento de  diversas Instituciones para hacer la obra y el evangelio social, ellos no pensaban en alejarse de la doctrina de Cristo (2 Jn. 9), pero tal ha sido el resultado, ellos no tienen a Dios.
·       Los hermanos “conservadores” que promueven y defienden las diversas Sociedades Misioneras y Fundaciones Evangelísticas, no piensan en alejarse de Cristo, pero con su ambición han causado mucha división (1 Cor. 1:10) y así no están en el Señor.
·       Los que enseñan error sobre el matrimonio, el divorcio y las nuevas nupcias, no piensan en alejarse de Cristo, a la vez que se condenan y son fuente de pecado para muchos que andan mal en su matrimonio adúltero.
·       Los que presionan e imponen su escrúpulo insistiendo en que el registro de la relación matrimonial ante el Estado es imprescindible para la existencia del matrimonio (como si el matrimonio dependiese de la acción del Gobierno civil), no quieren violar la ley de Cristo, a la vez que causan mucha división con su escrúpulo divisivo.
·       Los cristianos que predican error sobre la Deidad de Jesucristo, enseñando que Jesucristo no es Dios, que cuando estuvo en la tierra dejó de serlo o que simplemente en la tierra Él no usó sus atributos divinos. Ellos no predican al Cristo bíblico, su predicación es otro evangelio (Gal. 1:7-10).
·       Los cristianos que afirman que Mateo, Marcos, Lucas y Juan, antes de la cruz, no forman parte del Nuevo Testamento de Cristo, también predican a otro Jesús (2 Cor. 11:4).
·       Los que enseñan el Evolucionismo Teísta, afirmando que los días de la creación eran períodos geológicos largos (edades, eras) aun de millones de años, se han apartado de Cristo a pesar de afirmar creer en Él.
·       Los  que promueven, toleran y practican una forma de vida mundana, como si el cristiano pudiese vivir como uno más del mundo.  Algunos han progresado a participar en grupos de rock asistiendo a Pubs y discoteques a la vez que afirman conocer a Dios (1 Jn. 2:4).
·       Los que toleran el mal carácter y cualquiera de los pecados y  falsas doctrinas anteriormente citadas (para mantener la antibíblica unidad en la diversidad), se han apartado de Cristo por el compromiso con el error.

La victoria del cristiano (“Al que venciere”, Apoc. 2:17) depende de su fidelidad a la forma de doctrina del Señor Jesús, la fe de Jesús (Rom. 6:17; 2 Jn. 9; Apoc. 14:12). 
Aunque vivimos en una época relativista, la doctrina sigue siendo importante. No podemos ser vencedores si nos comprometemos con el error de los falsos maestros. Recordemos, la práctica sigue creencia, y si la creencia es errónea la práctica también lo será. 
Los beneficios presentes y eternos de la fidelidad a Cristo, son mucho mayores a los beneficios temporales que reciben aquellos que se comprometen con el error (“tienes ahí”, “también tienes”, 2:14-15; cf. Heb. 11:25).


Conclusión

Bajo la ley de Cristo nadie puede afirmar estar bien con Dios si está comprometido con el error como lo hizo Josafat.  Tal cosa está expresamente prohibida por la doctrina de Cristo (2 Jn. 9-11). Esta es la razón del llamado a defender la verdad y perseverar en ella (Ej. Hech. 15:1-7; Gal. 2; Fil. 1:17, 27-28; 4:9; Tit.1:10-11; 1 Jn. 4:1-6; 1 Ped. 3:15; Jud. 3).
El cristiano motivado por el amor, sabe aborrecer lo malo para seguir lo bueno (Rom. 12:9; Cf. Apoc. 2:6) evitando con esto todo compromiso con las tinieblas.

Los cristianos hemos sido llamados a andar en la luz (1 Ped. 2:9), como hijos de luz (Ef. 5:8) para tener “comunión unos con otros” (1 Jn. 1:5-7), a la vez que señalamos a los que causan divisiones (Rom. 16:17-18) y los evitamos (2 Ped. 2:1).