Resolviendo los problemas familiares


Por Josué I. Hernández


         Hace un tiempo los canales de noticias informaron de cierto hombre que construyó un muro interno, que dividía su casa, con la intención de no tratar más con su esposa.  Parece un chiste, pero es verdad, esto pasó.   
Sin embargo, hay paredes divisoras que muchas familias han construido, y aunque estas paredes no se pueden ver ni tocar, son tan reales como un muro de concreto que impide que los familiares se expresen los unos con los otros.

         Sin duda alguna, si todas las personas aplicaran a sus relaciones familiares la declaración Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (Gal. 6:2) la historia sería muy distinta.  Ciertamente con el verdadero amor, que se aprende de Cristo y que involucra el diálogo sincero, los familiares se podrán comunicar efectivamente y  hablarse mutuamente al corazón, y así los unos llevarán las cargas de los otros.
         Cuando estamos dispuestos a revelar nuestras cargas, y somos sensibles a las cargas de los demás, se producirá inevitablemente un círculo de intimidad familiar para cumplir “la ley de Cristo” respecto a la familia.  Es una perogrullada, pero debemos insistir en que no se puede amar a quien reniega de la comunicación.  Es por la comunicación que nace el deseo de satisfacer las necesidades del otro.  Sin embargo, con demasiada frecuencia en las familias no hay un buen diálogo ni la atención suficiente para saber del otro.  Trágicamente, muchos han sido empujados al suicidio por sus familiares egoístas que fueron cobardes o faltos de voluntad frente  al diálogo.  La falta de diálogo es una de las causas principales de los varios problemas familiares y sociales de hoy.

         No se puede “limar asperezas” donde quedan resentimientos ocultos, amargura silenciosa o la hipocresía.  El diálogo franco siempre será necesario.  Por ejemplo, cuando Pablo resistió “cara a cara” a Pedro (Gal. 2:11-14) el conflicto entre ellos cesó.  Si todos los padres resistieran “cara a cara” la conducta de sus hijos, y los cónyuges se llamaran mutuamente a terreno para tratar los problemas conyugales, muchos conflictos se solucionarían efectivamente.  La comunicación no se debe menospreciar.

         En Mateo 18:15-17, Jesús enseñó el procedimiento a seguir cuando un hermano peca contra otro.  Aquí aprendemos que el agraviado debe ir a tratar el asunto con el ofensor directamente.  Sin duda alguna, esto debe aplicarse a la familia, así como a toda relación humana donde se ven involucradas las ofensas personales.  Entonces, cuando el hijo, el padre, la madre o el cónyuge presenta una queja, debe reaccionarse siendo pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse (Stgo. 1:19). 
¡Permita que en su familia cada cual exprese plenamente lo que siente!  No cometa el frecuente error de manifestar su desaprobación con una opinión apresurada sin haber oído primero, como dice la Escritura “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad” (Prov. 14:29).  Cuando somos “pronto para oír, tardo para hablar” con nuestros familiares estaremos dispuestos a hacer lo mismo frente a la palabra de Dios para obedecer la amonestación recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas (Stgo. 1:21).

         Otro principio bíblico aplicable a la vida familiar es el siguiente: Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados (Stgo. 5:16).  No hay duda de que la aplicación de este principio es una bendición para la familia.  Imagínese la armonía del hogar donde los padres y los hijos pueden ser capaces de confesar ofensas y perdonarse con sincero amor en una fluida comunicación.
La honestidad, la humildad y el coraje de reconocer las faltas, es una bendición en la familia, tanto para la comprensión mutua como para el diálogo sincero y honesto.  En un intercambio semejante, los familiares pueden expresarse con la seguridad de recibir la ayuda necesaria.
         En Efesios 4, se nos exhorta a ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (Ef. 4:32).  Nadie puede ser misericordioso, perdonador y benigno sin mirar con fe a la cruz de Cristo.  Cristo es una bendición para la familia.
         El Padre del “hijo pródigo” aceptó a su hijo con misericordia, compasión y alegría, a la vez que el hijo volvía arrepentido a sus brazos.  Tal cosa es posible hoy también, pero no sucederá sin el esfuerzo de cada familiar (Luc. 15:11-32).

         El diálogo familiar prudente no espera la perfección en el otro, sino que procura que todos se sometan a un estándar más alto, el estándar de Cristo.  Por lo tanto, un diálogo sano involucra la compasión, a pesar de que frente a cierto acto específico no exista la “aceptación”.  El arrepentimiento, mientras haya vida, siempre será posible, y en esto el optimismo es crucial.   
Cuando una persona honesta se da cuenta de que es amado y oído con atención será libre para abrir su corazón en el diálogo familiar.

         No construya un muro de separación entre usted y su familia, comparta sus sentimientos reales, sea honesto, humilde y misericordioso.  Comparta sus cargas, sus necesidades y sus emociones, a la vez que manifiesta la disposición de llevar las cargas de su familia.  De este modo se construirá un círculo familiar que no podrá ser quebrantado por las pruebas de la vida.

Una Familia Fuerte


Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará; Y con ciencia se llenarán las cámaras De todo bien preciado y agradable (Prov. 24:3-4).

Por Josué I. Hernández


Dios es el Creador de la familia, Él la instituyó.  Por lo tanto es lógico creer que Dios sabe lo que toda familia necesita y que ha provisto de toda la información necesaria por medio de las Sagradas Escrituras para fortalecer el hogar (2 Tim. 3:16-17).  La Biblia es el manual que Dios ha revelado para que todos los hombres puedan construir una familia fuerte y feliz.  Como dijo el salmista: “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican” (Sal. 127:1). 
Dios está interesado en el bienestar del hombre, y la familia fue creada para nuestro provecho y felicidad.  No exageramos cuando evaluamos el impacto de la familia sobre el individuo y la sociedad que le circunda, cuando la familia se deteriora la sociedad se desmorona inevitablemente.
Cuando Dios hizo pacto con Israel en el monte Sinaí, tres de los diez mandamientos tuvieron una relación directa con la familia: Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Ex. 20:12).  “No cometerás adulterio” (Ex. 20:14).  “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo (Ex. 20:17).

Un libro de la Biblia, en particular, tiene mucho que decir sobre la familia, este es el libro de Proverbios, el cual revela la sabiduría práctica de Dios para la edificación y enriquecimiento de todos los hogares.


Veamos algunos puntos que podemos considerar para edificar y fortalecer nuestro propio hogar:

1. Dios:
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza (Prov. 1:7). 
Mejor es lo poco con el temor de Jehová, Que el gran tesoro donde hay turbación (Prov. 15:16). 
Para que nuestra familia sea fuerte y feliz, Dios debe ser el integrante principal de ella y su perfecta voluntad, revelada en la Biblia, debe ser la guía familiar.

2. Compromiso:
La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba (Prov. 14:1).  En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia (Prov. 17:17).
Para que nuestra familia sea fuerte y feliz, cada integrante de ella ha de estar plenamente comprometido y totalmente interrelacionado con los demás en un compromiso de sincero amor para el progreso y bienestar del hogar.

3. Tiempo:
La memoria del justo será bendita; Mas el nombre de los impíos se pudrirá(Prov. 10:7).
Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos (Prov. 23:26).
Cada integrante de la familia ha de esforzarse todos los días por tener una interacción positiva con los demás, y construir juntos “gratos momentos” que serán en el futuro los “dulces recuerdos” de la memoria.

4. Comunicación:
Mejor es lo poco con el temor de Jehová, Que el gran tesoro donde hay turbación (Prov. 15:16). 
Manzana de oro con figuras de plata Es la palabra dicha como conviene (Prov. 25:11). 
“Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina” (Prov. 12:18).  
“El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones” (Prov. 13:1). 
“Gotera continua en tiempo de lluvia Y la mujer rencillosa, son semejantes” (Prov. 27:15).
Para que nuestra familia sea fuerte y feliz no necesita “más dinero” sino más comunicación de calidad.  La buena comunicación, la honestidad y la comprensión deben ser “la sangre” de la familia.

5. Aprecio:
El hombre se alegra con la respuesta de su boca; Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es! (Prov. 15:23). 
Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, Y tendré qué responder al que me agravie (Prov. 27:11).
Para que nuestra familia sea fuerte y feliz, debemos hacer del hogar un cálido refugio contra el frío mundo, a menudo malo y difícil.  En el hogar ha de encontrarse el apoyo mutuo y el estímulo continuo para perseverar firmes en medio de las tormentas de la vida.

6. Perseverancia:
Si fueres flojo en el día de trabajo, Tu fuerza será reducida (Prov. 24:10). 
Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal(Prov.24:16).  
Para que nuestra familia pueda navegar con éxito en las tormentas de la vida, la fe en Dios hará la diferencia.  Es la Escritura la que dirige exitosamente la fuerza de cada uno de los integrantes de la familia por el buen camino de la sabiduría y la paz.


Conclusión
        
         Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas (Deut. 6:5-9).


Oye, hijo mío, y recibe mis razones, Y se te multiplicarán años de vida. Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar… Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto (Prov. 4:10, 11, 18).

Cuatro “claves” para un hogar feliz


Por Josué I. Hernández


Nuestro hogar debiera ser el lugar más feliz que hemos construido sobre la faz de la tierra.  En él tenemos las personas más cercanas y queridas, quienes pueden ser una constante fuente de fuerza e inspiración.  Pero, para crear y preservar la felicidad del hogar se requieren ciertas cualidades y actitudes que pueden ser designadas en las siguientes cuatro claves para un hogar feliz:


EL AMOR

         Lo perfecto e ideal, en el plan de Dios, es el amor desinteresado que lleva a un hombre y a una mujer a formar un hogar.  Semejante amor se madura con el tiempo y se potencia con la feliz llegada de los hijos.
         El amor que une a una familia, en parte es un afecto natural, pero a la vez es mucho más que eso.  El patrón de Dios para la felicidad del hogar es el siguiente: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne(Ef. 5:25-31).
         Este amor, que el hombre aprende de Cristo, lo lleva a sacrificar sus propios anhelos, deseos y placeres, e incluso su propia vida, para asegurar la felicidad y el bienestar de su amada esposa y los hijos. ¿Quién en su sano juicio puede afirmar que semejante amor no sea la solución para construir hogares felices? Al contrario, semejante amor es un modelo para la propia madre y los hijos quienes retribuirán dicho amor.

         Desafortunadamente, muchos no entienden que la calidez del ferviente amor también puede marchitarse y morir.  El amor puede enfriarse (Mat. 24:12), y para mantenerlo vivo y activo se requiere el estímulo constante de la palabra de Dios, la estrecha asociación familiar con ella y el cuidado desinteresado en la continua interrelación familiar.

         Cuando los padres pasan largo tiempo fuera del hogar y tienen poco tiempo para sus hijos, frente al tiempo que dedican al materialismo, entonces los unos y los otros se convierten en extraños que coexisten bajo el mismo techo, pero que sin embargo jamás pueden ser una familia feliz.  
Por naturaleza los hijos aman a sus padres.  Pero este afecto natural se ve invalidado frente al egoísmo de la mayoría de los padres de hoy, quienes son capaces de entregar todo menos el amor verdadero.  Los hijos, siguiendo el mismo modelo egoísta, serán frustrados por la vanidad de la vida, al igual que sus padres.
Ningún juguete, regalo o cantidad de dinero, pueden remplazar a un padre y a una madre presentes, interesados y totalmente inmiscuidos en la crianza de sus amados hijos.  A pesar de esto, muchos niños y adolescentes son entregados a la televisión para ser criados por los “héroes” de la presente cultura que avanza más y más a la impiedad.
El problema de muchos jóvenes en tratamiento psicológico o psiquiátrico fue una niñez marcada por padres egoístas, materialistas y sensuales, quienes los menospreciaron por “avanzar” según los estándares de la sociedad.


LA CONFIANZA

         La confianza entre todos los integrantes de la familia involucra la certeza y la convicción en la lealtad y autodisciplina del otro, esta es “la fe” que toda familia necesita.  Ésta confianza lleva consigo gran seguridad y paz para todos los integrantes del hogar.   
Para lograr un ambiente de confianza, los padres deben seguir una regla que ha de ser necesariamente superior a ellos mismos y que sólo proviene de la Máxima Autoridad, Jesucristo (Mat. 28:18).  Es así como los padres pueden llegar a confiar plenamente el uno en el otro y a la vez pueden proyectar la misma confianza en los hijos.
La base para una confianza familiar perdurable es la fe en Dios.  Ésta fe viene por meditar constantemente en las enseñanzas de su palabra (Rom. 10:17) y por el esfuerzo constante de agradarle a Él (Heb. 11:6).  Esta es la razón por la cual, todas las cosas que realmente necesita una familia, como la verdad, la integridad, la justicia, la compasión, la misericordia, la confianza, etc, están íntimamente relacionadas con Dios, el Creador de la familia (Gen. 2:24).
Si los padres se esfuerzan por demostrar lealtad a Dios, en sus palabras y sus hechos, desarrollarán una gran confianza mutua, la cual es el resultado natural de su acercamiento a Dios, y así mismo ganarán la confianza de hijos. 
Es natural confiar en Dios como la base de la unidad familiar.  Una familia que se rebela contra Dios se arruinará a sí misma, estará dividida y caerá.  Cristo dijo Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer(Mar. 3:25). También dijo el salmista: “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican” (Sal. 127:1).


LA  AUTODISCIPLINA

         La autodisciplina se adquiere de forma gradual y es imposible sin la disciplina externa de los padres piadosos.  Lamentablemente, hace pocas generaciones, entramos en “la era de la permisividad”, de ahí en adelante a los niños se les permitió tomar sus propias decisiones y encaminar su propia vida.
         Los estudiosos que son amigos de la Biblia, están universalmente de acuerdo en que la permisividad es una tragedia para los niños y las familias.  Y todos nosotros, sin ser expertos, podemos aprender lo mismo por la experiencia cotidiana donde la permisividad está minando el poder de toda autoridad.
         Es la permisividad desde la primera infancia lo que pavimenta el camino para el alcohol, los cigarrillos, las drogas ilegales, la delincuencia, los hogares destrozados y un aumento alarmante de la taza de suicidios de adolescentes.

         Los niños y adolescentes inmaduros, que no tienen la capacidad de juzgar adecuadamente y administrar eficazmente la autodisciplina, deben ser guiados por sus padres, no deben ser dejados solos.  Y esta tarea no es de la iglesia, ni del gobierno, como podemos aprender de la palabra de Dios.
         En Efesios 6:1-3, el apóstol Pablo dijo: Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”. 
         La obediencia implica la existencia de variadas restricciones definidas en el hogar gobernado por los padres piadosos.  En esto los padres deben enfatizar a los hijos, desde la primera infancia, que algunas cosas son correctas y algunas están mal.  Los hijos, desde muy pequeños, deben crecer en un hogar donde hay limitaciones, y donde los padres son ejemplo de la autodisciplina. 
Cuando la instrucción preventiva fue vulnerada por la desobediencia de los hijos y la disciplina correctiva debe ser aplicada (Prov. 13:24), jamás debe disciplinarse motivados por la frustración y la ira, sino que siempre con el amor de Cristo.  Este amor sabe aborrecer lo malo (Rom. 12:9). 
Si la disciplina correctiva se efectúa bien, los niños darán fruto apacible de respeto y amor por los padres, porque se darán cuenta del gran amor de los padres que les corrigen para su bien.  Como el escritor a los hebreos dijo “tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos (Heb. 12:9).  Por lo tanto, aunque la disciplina parece una “equivocación” para el humanista de hoy, la palabra de Dios dice que después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados (Heb. 12:11).


LA  RESPONSABILIDAD

         La responsabilidad brota naturalmente en la familia que cuenta con las anteriores “claves” para un hogar feliz.  Si una casa está llena de amor, confianza mutua y autodisciplina, el resultado natural es el reconocimiento necesario de la propia responsabilidad.  Y es así como cada miembro de la familia se “siente” responsable ante los demás, y con un propósito que llevar adelante todos los días.
         En la familia piadosa, cada miembro tiene un deber desinteresado por los demás, y se entrega a sí mismo procurando merecer la confianza y la lealtad en la ejecución de las diversas funciones y tareas.  No sólo cada miembro recibe amor, confianza y lealtad, sino que primero él las da.

         En la familia piadosa, la responsabilidad es un hábito que se proyecta a toda la sociedad.

¿ENSEÑA ROMANOS 11:25-27 QUE DIOS TIENE UN PLAN PARA LA NACIÓN FÍSICA DE ISRAEL?


Por Josué I. Hernández


Algunos falsos maestros afirman que los judíos como nación estarán endurecidos en incredulidad hasta que estén convertidos todos los gentiles, y que entonces serán convertidos todos los judíos a Dios. Esto lo predican porque creen que Dios tiene un plan especial para la nación física de Israel. 
Pero, estas suposiciones no tienen base ni en este pasaje, ni en el resto de la revelada Palabra de Dios. Se requiere una fuerte imaginación para afirmar algo así, y además, se requiere una sobredosis de prejuicio para torcer el sentido de las Escrituras para sostener posiciones semejantes. Simplemente, la Biblia no afirma tales cosas.
Sin embargo, la salvación ofrecida por Dios a Israel es tal cual como fue profetizada por los profetas (Isa. 59:20; 27:9; Jer.31:33,34; Heb. 8:10-12). El apóstol Pablo, un hombre inspirado por Dios, no contradice a los profetas en este pasaje.

Es importante destacar que Dios no tiene preferencias para salvar a algunos de una manera y a otros de una manera diferente. El Dios verdadero no hace acepción de personas (Hech. 10:34,35; Rom. 2:11). Si alguno será salvo, es por el plan del evangelio de Cristo. No hay otro plan exclusivo para cierto grupo en desmedro de otros. Hay sólo un evangelio el cual es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, el cual es tanto para judíos como para los no-judíos (Rom. 1:16,17). Dios quiere que todas las naciones obedezcan a la fe (Rom. 1:15; 16:26).
Por lo tanto, la salvación en Cristo, sólo es posible de la manera en que el apóstol Pablo ha estado explicando en Romanos: por medio de la fe en Cristo Jesús como el Mesías profetizado, el Redentor o Libertador anunciado de antemano.

De la misma manera como los demás hombres se salvan, serán salvos los judíos también. ¡No hay otra manera! ¡No hay otro plan de salvación! 
El apóstol Pedro, un judío, dijo: “Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hech. 15:11). 
En casa de Cornelio, un gentil, el apóstol Pedro dijo, “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hech. 10:34,35). 
Luego, Pedro comentó lo sucedido en casa de Cornelio diciendo, “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?” (Hech. 11:15-17).

Dios no tiene algún plan pendiente con la nación física de Israel. El pueblo de Dios ahora es su iglesia (Ef. 2:13-21; 1 Ped. 2:9,10). Todas las promesas que Dios hizo a la nación física de Israel, ya las cumplió: “De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió” (Jos. 21:43-45). 
Cristo vino a establecer un nuevo pueblo, y ese pueblo es su iglesia, constituida de todos los obedientes al evangelio (Rom. 2:5-11). Hoy en día hay un Israel de Dios, un Israel espiritual, y éste es la iglesia de Cristo (Gal. 6:16).


Entonces, ¿cómo entendemos la frase “y luego todo Israel será salvo”?

Bueno, veamos qué dice el pasaje en su contexto más detenidamente. En primer lugar, el apóstol Pablo señaló que el endurecimiento de los judíos como nación (Israel) fue parcial, no completo. Por lo tanto, Dios no desechó a su pueblo (Rom. 11:1-10). En segundo lugar, y a consecuencia de lo anterior, el endurecimiento de los judíos como nación no fue final, sino temporal (Rom. 11:11-15) porque luego varios obedecieron, y Pablo era optimista al esperar lo mejor para ellos por medio del evangelio.
Recordemos que Pablo ya dijo que la mayoría de la nación física de Israel estaba perdida (Rom. 9:3; 10:1-3) por su falta de fe (Rom. 9:31,32) aunque tuvieron mucha oportunidad para manifestar la fe (Romanos capítulo 10). Por lo tanto, lo que Pablo dice en el capítulo 11 de Romanos no contradice lo que ya dijo antes.
Mirando a la nación de Israel desde afuera, se podía apreciar que parte de ella obedeció el evangelio, y por eso hubo “endurecimiento en parte”, no total porque sólo una parte de los judíos se endureció contra Dios (Rom. 11:25). “y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados” (Rom. 11:26,27).
Es importante considerar que el “luego” de Pablo (un adverbio) es mejor traducido, “así” o “de esta manera”, como una referencia a lo que sigue de lo afirmado en Romanos 11:25. La Biblia de Las Américas traduce así: “y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito: EL LIBERTADOR VENDRA DE SION; APARTARA LA IMPIEDAD DE JACOB” (Rom. 11:26).


PARA PENSAR y COMPRENDER MEJOR EL CAPÍTULO 11 DE ROMANOS:
  1. Según el versículo 7, ¿qué buscaba la nación de Israel que impedía su salvación?
  2. Debido a que los judíos incrédulos tropezaron en su búsqueda, ¿qué resultó (versículo 11)?
  3. Procurando el optimismo y esforzándose en la predicación, ¿a cuántos judíos pensaba hacer salvos por el evangelio (versículo 14)?
  4. Si alguno asume que la frase “y luego todo Israel” (versículo 26) es algo aún futuro. Entonces, ¿por qué la frase “Vendrá de Sión el libertador” no lo es? 
  5. ¿A qué se refiere el apóstol Pablo con la frase “todo Israel” (11:26)? ¿Se refiere a la totalidad absoluta de judíos de raza como nación? ¿Se refiere al verdadero Israel constituido por Dios mediante su evangelio? Para hallar la respuesta, lea con atención Romanos 2:28,29 y Gálatas 6:15,16
  6. Respetando el contexto general de la epístola a los Romanos, y el contexto inmediato del capítulo 11, ¿cree usted que cuando Pablo dice “todo Israel será salvo” se refiere a un plan diferente al evangelio de Cristo? Honestamente, ¿lee usted en la epístola a los Romanos de algún plan diferente al evangelio? 


Amigo mío, siempre esperamos que te arrepientas de tus pecados y obedezcas al Señor Jesucristo, porque si no lo haces perderás tu alma. Son vanas las promesas de alguna segunda oportunidad futura, o en algún otro plan aparte del evangelio. No hay más oportunidad que esta vida para obedecer a Cristo, “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Cor. 6:2).
No hay bendición para los desobedientes, ya sean judíos o gentiles: 
“y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)” (2 Tes. 1:7-10). 
“Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Ped. 4:17).

El plan bíblico de salvación


Por Josué I. Hernández


Las condiciones para recibir el perdón de los pecados han sido establecidas por Jesucristo, y podemos leer de esto en Mateo 28:18-20 y Marcos 16:15-16. 
Pedro, en el día de Pentecostés de Hechos 2, siguiendo las instrucciones de Cristo, proclamó a sus compungidos oyentes: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hech. 2:38).
Lamentablemente, encontramos hoy en día a muchos líderes religiosos que enseñan que no se debe hacer nada para obtener el perdón de los pecados, sino que solamente se debe hacer “la oración del pecador” para invitar a Jesús a venir a su corazón, y que de esta forma la persona es salva. Es terrible como los hombres han cambiado el plan bíblico para la salvación de las almas por sus doctrinas humanas.  Lo más penoso es saber que muchos no se dan cuenta de que sus líderes religiosos les están enseñando una mentira que contradice la palabra de Cristo respecto al perdón de los pecados.

La doctrina de “la oración del pecador” y la salvación “por la fe sola” es desconocida en el Nuevo Testamento, no hay ningún pasaje bíblico que apoye esta creencia humana que promueve el suicidio espiritual, pues los que la ejecutan se “sienten” seguros de una salvación inexistente al basar su fe en las tradiciones de los hombres (Mat. 15:9).

Las condiciones de Cristo para que el pecador alcance el perdón de los pecados podemos ejemplificarlas como una escalera de cinco peldaños.  Cada peldaño es un paso de obediencia que el pecador tiene que dar, y cada paso lo acerca a Cristo, al perdón de sus pecados y a la salvación de su alma.  Estos cinco pasos de obediencia se enseñan en las páginas del Nuevo Testamento y no son difíciles de comprender, ni mucho menos de obedecer si uno tiene la voluntad dispuesta (1 Jn. 5:3).



¿Qué debe hacer el pecador para ser salvo?

Cristo “vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Heb. 5:9).  La obediencia a Cristo no es una obra de invención humana, sino la aceptación de la gracia de Dios.  El hombre debe aceptar la salvación por gracia con su obediencia al evangelio de Cristo.
El hombre obedece el evangelio (2 Tes. 1:8) y Dios perdona sus pecados (Rom. 1:16). Es así como el hombre recibe “el amor de la verdad” para ser salvo (2 Tes. 2:10; Jn. 8:32), es así como el hombre tiene contacto con la sangre de Cristo (Ef. 1:7; 1 Cor. 6:11)
Entonces, la obediencia al evangelio no son “obras” humanas (Tit. 3:5), sino el escape de una generación maligna y perversa donde la mayoría de las personas “no obedecen al evangelio de Dios” (1 Ped. 4:17). 



La autoridad en religión


Por Josué I. Hernández


La mayoría de la división religiosa es causada por una falta de respeto contra la palabra de Dios y la autoridad de Cristo. El propósito de esta lección es señalar con toda precisión el verdadero estándar (regla, modelo) de autoridad para nosotros hoy en día.


Cristo tiene toda autoridad hoy en día
Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18). Dios nos habla hoy en día por medio de Cristo, “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Heb. 1:1,2).
La autoridad  de Cristo es revelada para nosotros en el Nuevo Testamento, Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor (1 Cor. 14:37). La Biblia es la revelación completa de Dios al hombre (2 Tim. 3:16,17; Jud. 3).

La rigurosidad de la ley de Dios
¡Dios quiere decir lo que dice y dice lo que quiere decir! No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno (Deut. 4:2). Juan dijo, Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo (2 Jn. 9).


Ejemplos de la rigurosidad de Dios

  • Adán y Eva comieron del fruto prohibido y fueron expulsados de Edén (Gen. 2:16,17; cap. 3).
  • Nadab y Abiú ofrecieron fuego extraño, lo cual no tenían autoridad para hacer y fueron ejecutados por Dios (Lev. 10:1,2; 16:12).
  • Moisés desobedeció al golpear la roca y no le fue permitido entrar a la tierra prometida (Num. 20:7-12).
  • Uza tocó el arca del pacto y murió, porque no debía ser tocada (2 Sam. 6:6,7).

La voluntad de Dios puede ser entendida
Muchos piensan que la Biblia no se puede entender. Pero somos amonestados a entenderla, y Dios no manda lo imposible. El apóstol Pablo dijo, leyendo lo cual podéis entender… (Ef. 3:4). Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor (Ef. 5:17). ¿Piensa usted que Dios nos daría un libro para leer, creer y entender, y luego lo haría demasiado difícil para ser entendido?
Ciertamente la Biblia no es un libro que se entiende sin esfuerzo. Pero con perseverancia en el estudio, la Biblia se puede entender, y esto es precisamente lo que Dios espera que usted haga. Para ello usted no necesita alguna unción especial de Dios, podrá entender si quiere y se esfuerza en ello.


Falsos estándares de autoridad

Vamos a ver algunos falsos estándares de autoridad (reglas, modelos) en religión a los cuales muchas personas recurren.

La conciencia
En asuntos religiosos mucha gente simplemente deja que la conciencia sea su guía. La conciencia es aquello que nos dice si estamos haciendo, o no, lo correcto, basada en lo que creemos que es correcto e incorrecto. Pero, las experiencias y sentimientos personales pueden guiarnos mal y desviarnos, aun así muchos se dejan llevar por estas cosas. Salomón dijo, “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Prov. 14:12). Saulo fue guiado por su conciencia (Hech. 23:1), pero hizo muchas cosas que eran religiosamente incorrectas, Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret (Hech. 26:9).

La sabiduría de los hombres
¡Los hombres pueden estar equivocados! Nuestra fe no debe estar basada en nuestros propios pensamientos ni en la sabiduría de otros, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1 Cor. 2:5). Los caminos de Dios y los caminos de los hombres son diferentes, Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación (1 Cor. 1:21).
Jeremías dijo, Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos (Jer. 10:23).
Esto eliminará todos los libros de credo hechos por los hombres que cada denominación tiene. ¡El único credo de Dios es la Biblia!

La mayoría
¡La mayoría suele estar equivocada en los asuntos morales y religiosos! Porque la mayoría haga algo no significa que ese algo sea bueno. Hubo sólo ocho personas salvas en el arca (1 Ped. 3:20). Cristo dijo, “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mat. 7:13,14).
¡El camino al cielo es el camino de la minoría! El pueblo del Señor siempre ha sido poco (Deut. 7:7).

Los padres
Muchos quieren seguir la tradición transmitida por sus padres. Sin embargo, el pertenecer a una iglesia simplemente porque es la de los padres no es correcto. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí (Mat. 10:37).
La salvación es un asunto individual. Usted debe examinar la Biblia por sí mismo y hacer lo que ella enseña. Pablo estuvo envuelto en el error religioso debido a que siguió la tradición, “Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres” (Gal. 1:13,14).

La ley de Moisés
Muchos fallan en comprender que la ley de Moisés no es nuestro estándar (regla, modelo) de autoridad en religión hoy en día. Esta cumplió su propósito y fue quitada. La ley Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente… (Gal. 3:19). Ahora bien, ¿quién es identificado como “la simiente” en este contexto (Gal. 3:16)?
anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col. 2:14).

Lea con detención Gálatas 3:22-25, Efesios 2:15, y Hebreos 8:7-9.
Esta es la razón por la cual los verdaderos cristianos no guardamos el día de reposo (sábado), no quemamos incienso, no ofrecemos sacrificios de animales, ni hacemos otras varias cosas que se realizaron bajo la ley de Moisés. Fue la muerte de Cristo la que quitó la ley de Moisés y puso en vigencia el Nuevo Testamento (Heb. 9:16,17).

En el Antiguo Testamento hay mucho beneficio para todos nosotros hoy en día. Aprendemos cómo Dios trata con las personas y recibimos muchas lecciones morales de la lectura del Antiguo Testamento (Rom. 15:4; 1 Cor. 10:11). Es inspirado por Dios y creemos lo que dice. Simplemente no vivimos bajo las mismas leyes especificadas en el Antiguo Testamento, ahora vivimos bajo la ley de Cristo, no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo (1 Cor. 9:21); cumplid así la ley de Cristo (Gal. 6:2).


Los falsos estándares de autoridad impiden que la gente entienda la voluntad de Dios para nosotros hoy en día. El estándar verdadero de autoridad para hoy en día es la voluntad de Cristo, es decir, el Nuevo Testamento. En el juicio venidero, seremos juzgados por el evangelio de Cristo, El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero (Jn. 12:48; Rom. 2:16).

Conozca su Biblia


Por Josué I. Hernández


Muchos creen que la Biblia es tan difícil que no puede ser entendida. Pero Dios nos ha dado la Biblia para que la entendamos. “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Ef. 5:17). Aún los niños pueden entender algo de la Palabra de Dios: “Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 3:15).
El hecho de que usted ha recibido este tratado demuestra el deseo de conocer más acerca de la Biblia la cual es la Palabra de Dios. Lo felicitamos por tal deseo y lo animamos a que siga adelante en el estudio de las sagradas Escrituras. Su recompensa será un conocimiento más grande de la voluntad de Dios. En vista de que la Biblia es la que nos juzgará en el último día, necesitamos saber tanto de ella como podamos (Jn. 12:48; Rom. 2:16).


FAMILIARIZÁNDOSE CON LA BIBLIA

Empecemos  nuestro estudio en una forma simple por medio de notar las dos partes principales de la Biblia: 1) El Antiguo Testamento. 2) El Nuevo Testamento.
Una consideración de estas divisiones y de las diferencias que existen entre ellas es el propósito principal de este tratado.

La Biblia es una biblioteca que consiste de 66 libros; 39 de estos son encontrados en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento.

Los libros del Antiguo Testamento podrían ser divididos en cuatro partes: Ley, 5 Libros; Historia, 12 Libros; Literatura de Sabiduría, 5 Libros; Profetas, 17 Libros.

Generalmente hablando, los libros de Génesis hasta Deuteronomio contienen la ley de Dios a Su pueblo del antiguo pacto, Israel (el temprano comienzo de la humanidad está también registrado en Génesis). De Josué a Ester se nos dice de la historia de la nación Judía. Job - Cantares contienen las instrucciones inspiradas relativas a los problemas diarios del hombre; por tanto, es literatura de sabiduría. Isaías - Malaquías contienen las profecías del futuro: con respecto al pueblo Judío, las naciones Gentiles, y la venida del Mesías. ¡Los profetas son una maravillosa prueba de la inspiración de la Biblia!

Los 27 libros del Nuevo Testamento también pueden ser divididos en cuatro partes: Biografía, 4 Libros; Historia, 1 Libro; Cartas, 21 Libros; Profecía, 1 Libro.
Desde Mateo a Juan tenemos cuatro relatos del evangelio que indican la vida de Cristo, Su misión y sufrimientos. Estas biografías inspiradas nos dicen acerca de todo lo que sabemos con respecto a la vida y enseñanzas de Jesús. Hechos, es la historia de la temprana iglesia. Este libro nos dice cómo las personas se convierten en Cristianos y cómo empezó la iglesia de Cristo, fue organizada y se divulgó. Desde Romanos a Judas tenemos las cartas para los Cristianos dando instrucciones de cómo vivir y servir a Dios. Apocalipsis, el libro de profecía del Nuevo Testamento, nos dice de los eventos que Juan dijo “deben suceder pronto”. En el Apocalipsis, vemos el triunfo del pueblo de Dios sobre el mal, ¡aún sobre Satanás mismo!


LA DIFERENCIA ENTRE EL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO

Hasta aquí hemos notado que nuestra Biblia consiste de un Antiguo y un Nuevo Testamento. Nótese también que la ley del Antiguo Testamento fue dada a los judíos, mientras que los mandamientos del Nuevo Testamento fueron dados a todas las naciones. Otra diferencia importante para ser notada es que el Nuevo Testamento sigue al Antiguo Testamento. El pueblo de Dios hoy día no está bajo el Antiguo Testamento sino bajo el Nuevo.
Entendamos claramente esto: Dios nos ha dado la Biblia entera, ambos Testamentos, pero el primero con la intención de ser temporal, el segundo permanente. Como ejemplo, considere al hombre que tiene una esposa e hijo y decide hacer un testamento. El deja todos sus bienes a ellos. Como pasan varios años otros hijos nacen en la familia. Siendo un buen padre, ha planeado proveer para estos hijos también. Por tanto, escribe un nuevo testamento, cambiándolo en algunos aspectos, e incluye beneficios para todos los de su familia. Finalmente, él muere. ¿Cuál piensa usted que entrará en vigor? El último. Así, Dios había tenido dos testamentos; uno por parte de sus hijos, un último para todos los de su familia.
Cuando Cristo vino a la tierra el primer testamento estaba aún en vigor. El vino para traer un mejor testamento, el Nuevo Testamento. Cuando murió en la cruz, el primero fue quitado para que el segundo pudiera entrar en vigor. Nótese que esto es exactamente lo que el Libro de Hebreos nos enseña en el capítulo 9:15-17 (léalo por favor). Ahora consideremos algunos otros pasajes que tienen que ver con el mismo tema.

HEBREOS 8:6-13
En este pasaje, nos es dicho que Cristo había obtenido un ministerio más excelente que el sacerdocio Levítico antes de él a causa de que estaba trayendo un mejor pacto, basado sobre mejores promesas. Dios encontró fallas con el primer pacto y decidió hacer uno nuevo con Israel y Judá. Este nuevo pacto sería diferente al anterior: Sería una ley espiritual, colocada en las mentes de las personas; sería personal, porque todos conocerían al Señor; sería misericordioso, a medida que Dios no recordaría más sus pecados. A causa de que un nuevo pacto estaba viniendo a ser, el antiguo pacto estaba envejeciendo, decayendo y listo para desaparecer.

ROMANOS 7:14
En este pasaje somos enseñados nuevamente que el pueblo de Dios no está ya más bajo la ley de Moisés. Esto lo hace el apóstol Pablo, por medio de mencionar las bien conocidas leyes del matrimonio. ¿Cuántos maridos puede tener una esposa? Claramente, “sólo uno”. Si su marido muere, solamente entonces puede ser encontrada inocente al casarse con otro. En el versículo cuatro es entonces hecha la aplicación: “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo”.

¿Qué podría ser más claro que la ilustración de Pablo? Uno no puede estar más “casado” con la ley de Moisés y con Cristo al mismo tiempo, que la que tiene dos maridos al mismo tiempo. ¡Tal cosa sería adulterio espiritual! Los cristianos están muertos a Moisés y a la ley; están “casados” con Cristo quien murió por ellos. Lea también: 2 Corintios 3; Colosenses 2:13-17.


EL PROPOSITO DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Solamente una pregunta se presenta a sí misma para nosotros ahora: En vista de que la ley ha sido abolida, ¿hay algo de valor en el estudio del Antiguo Testamento? Sí.
En Romanos 15:4 leemos: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”.
Nuevamente, 1 Corintios 10:11 dice: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.
A medida que leamos de Noé, Abraham y David, tomemos nota de sus vidas fieles y cómo Dios los recompensó. A medida que leamos de Caín, Esaú y Jezabel notemos su infidelidad y el castigo de Dios por sus pecados. Aunque las leyes de Dios son diferentes para nosotros hoy día, Su actitud hacia la obediencia y desobediencia permanece igual.


CONCLUSIÓN


Los cristianos viven bajo el Nuevo Testamento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Nada debería ser practicado en religión hoy día que no fuera practicado por la temprana iglesia, de la cual leemos en el Nuevo Testamento. Un fracaso en distinguir entre los dos pactos ha causado mucha división religiosa y la enseñanza de muchas prácticas “no autorizadas” en la ley de Cristo. Muchas denominaciones están haciendo lo que no deben, y han dejado de hacer lo que el Señor ha dicho que deberían hacer.

¿QUÉ PRACTICAMOS COMO IGLESIA DE CRISTO?


Por Josué I. Hernández


Nosotros aquí en La Serena (Chile), y como una iglesia local de Cristo, somos un grupo de personas que voluntariamente nos hemos organizado bajo la autoridad del Señor Jesús en una relación en la que nos esforzamos por cumplir los deberes hacia Dios, tal como son revelados en el Nuevo Testamento. Estamos enfocados en Cristo. 
Si bien, reconocemos que varias de nuestras prioridades se cumplen de forma individual (Jn. 15:1-8, Ef. 2:10; Fil. 2:12-16; Mat. 5:13-16) también sabemos que los cristianos verdaderos, tal como los del siglo primero, han de ser miembros de iglesias en las que luchan organizados por cumplir una misión común (Fil. 1:1; 4:15-16), y que cada iglesia local pueda ser una columna y baluarte de la verdad (1 Tim. 3:15).

Nuestros servicios de reunión:
Nos reunimos regularmente con el fin de edificarnos unos a otros y adorar a Dios al cantar, orar y aprender de la palabra de Dios. Nuestras reuniones, se han programado para estos fines. 
Cada primer día de la semana participamos de la cena del Señor y recogemos los fondos necesarios para nuestro trabajo (misión) como iglesia (Hech. 20:7, 1 Cor. 11:17-34; 14:1-40; Ef. 5:19; 1 Cor. 16:1-3).

Edificación:
Nosotros, al igual que los primeros cristianos, nos edificamos unos a otros al reunirnos como iglesia (1 Cor. 14:3-5, 12, 17, 26, 31), y este es también el propósito de las clases bíblicas que desarrollamos en los hogares de los miembros. 
Mientras que la formación espiritual de los jóvenes y niños es el deber de los padres en el hogar, ofrecemos clases para todas las edades, pero éstas clases no tienen la intención de tomar el lugar del estudio privado de la Biblia sobre una base cotidiana y familiar.

Evangelismo:
Nosotros también, al igual que las iglesias del primer siglo, contribuimos según nuestra fuerza para predicar el evangelio (Fil. 4:15-16; 1 Cor. 9:1-14; 2 Cor. 11:8-9) y hacer esto tanto a nivel local como en otros lugares. Sabemos que la evangelización es nuestra principal misión como iglesia local del Señor (1 Tes. 1:8), por tanto procuramos hacer esto lo mejor posible.

Benevolencia:
Nosotros, al igual que las iglesias del primer siglo, proporcionamos asistencia material a los santos e iglesias de Cristo en necesidad (2 Co 8-9; 1 Cor. 16:1-3; Hech. 4:32-35). Cuando ha surgido alguna necesidad similar hoy en día, siempre tratamos de seguir el mismo patrón revelado en el Nuevo Testamento.

Organización:
Nosotros no estamos afiliados a ninguna otra iglesia o iglesias de Cristo. Somos una congregación independiente y autónoma, no formamos parte de ninguna estructura denominacional. Sabemos que las iglesias del primer siglo (de quienes leemos en el Nuevo Testamento) fueron organizadas por Cristo siendo autónomas y sin relación estructural o comunión orgánica entre ellas.
Así mismo, sabemos que Cristo dejó aprobada una organización para cada iglesia local, el tener ancianos (Fil. 1:1) que permiten el liderazgo espiritual (1 Tim. 3:1-7; Tit. 1:5-9; 1 Tes. 5:12-13) en la iglesia local. 
Según el apóstol Pablo, estos ancianos (Hech. 20:17) también son obispos (20:28) y pastores (“apacentar” 20:28) de la congregación. El apóstol Pedro, también entendía que los ancianos (1 Ped. 5:1) son también los pastores (“Apacentad” 5:2) y obispos (“cuidando” 5:2) de la congregación. Jamás se hizo distinción clerical entre los términos de uso intercambiable ya mencionados (pastor, anciano, obispo). En la iglesia que Cristo estableció no existen los títulos religiosos.
La labor del presbiterio (1 Tim. 4:14) o ancianato, quedó establecida por el Señor mismo (Ef. 4:11) y sabemos que ninguna organización clerical de la sabiduría humana la sustituirá. El hombre no puede mejorar lo que Dios ha revelado.

Comunión:
La comunión con Dios es disfrutada por aquellos que sirven a Jesús como Señor en sincera obediencia a él (Gal. 3:26-27; Heb. 5:8-9). Estas personas son bienvenidos entre nosotros (Hech. 2:38, 41, 47).
Nuestra comunión no depende de un acuerdo completo sobre todos los temas bíblicos. Sabemos que hay temas de opinión (Rom. 14) que son amorales e indiferentes en sí. En estas áreas la conducta de los santos no entra en conflicto con la doctrina de Cristo.
Aun así, también sabemos que las Escrituras son suficientes (2 Tim. 3:16-17), por lo tanto respetamos, estudiamos y creemos todo lo que Dios ha revelado desde el Génesis al Apocalipsis. 

Nuestra invitación consiste en señalar a las Escrituras como la palabra definitiva de Dios y que todos los hombres nos volvamos a ella. Pues sabemos que sólo con la obediencia sincera a la palabra de Dios se logra la unidad (Ef. 4:1-6) por la cual Cristo oró (Jn. 17:20-23).
Nosotros mantenemos comunión con todos los que honran a Cristo como Señor y se esfuerzan por obedecerle. Por tanto, seguimos el mandato de Dios, revelado en el Nuevo Testamento, de retirar de nuestra comunión a los que se rebelan contra el Señor (1 Cor. 5:2; 2 Tes. 3:6,14).

Si usted busca un grupo ordenado de santos con quienes reunirse y trabajar con ellos, nosotros creemos que la palabra de Cristo en medio nuestro puede proporcionarle el estímulo para ser un cristiano fiel que camina a la vida eterna.

Si usted quiere aprender de Cristo (Mat. 11:28-30), ser discípulo de él (Mat. 28:19-20) y alcanzar las promesas que él ha declarado para aquellos que le aman (2 Ped. 3:13), entonces no dude en visitarnos y estudiar con nosotros la palabra de Dios.