¿Por qué abandoné la Iglesia Cristiana?



“y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

Nací y crecí en el sur de Indiana, en un buen hogar, aunque mis padres nunca asistieron a ninguna Iglesia después de mis 6 años. En verano me gustaba ir a la Iglesia Metodista, a la escuela dominical, con algunos compañeros de colegio. Esta exposición esporádica a la religión cesó a mis 11 años, pues no asistí a ninguna Iglesia hasta la edad adulta. Lo mejor que que hice fue reconocer la existencia de un "Ser Supremo", y eso fue todo. Era “un buen momento”, y yo jugaba softball y estaba interesado en una hermana de un compañero de equipo. Empezamos a salir, e hicimos planes de matrimonio. Estando sin trabajo en marzo-junio de 1976, debido a una cirugía en mi rodilla (lesión de béisbol), Martha, mi novia, me llevó a una Iglesia, la Iglesia Cristiana en Shoals, Indiana. Una Iglesia Cristiana muy conservadora, nos pareció, cuya asistencia dominical era de unos 200, en un pueblo de 800 habitantes. Asistí con ella casi todos los domingos por la mañana. Nos casamos en noviembre de 1976. Fui bautizado en diciembre de 1977. Martha estaba esperando nuestro primer hijo en 1978. Al tiempo, enseñé la clase bíblica para adultos, sustituí al predicador, fuí presidente de varones, y diácono.

Me consideraba un “conocedor de la Biblia”. Entonces, pensé que algunos libros de Gospel Advocate Bookstore serían mejores que los de Christian Standard. Leí de cosas que nunca había considerado, y luego estudiaba la Biblia como si mi vida dependiera de ello. Comencé a cuestionar al predicador y a los ancianos por diferentes cosas. No sé cuántas veces me dijeron "No importa". Creo que aquella actitud de "No importa" me empujó a abandonar la Iglesia Cristiana. La actitud de ellos no se dirigía solamente a las opiniones, sino también a las Escrituras. "¿Qué de la música instrumental en la adoración (cf. Ef. 5:19; Col. 3:16)?” "No importa". "¿Qué de las comidas sociales (1 Cor. 11:22,34)? "No importa". "¿Qué de la comunión con las denominaciones (2 Jn. 9)? "No importa". Muchos asuntos eran considerados de esta manera. Esta actitud me angustió. Ahí estaba yo, cada vez más y más involucrado en la palabra de Dios, pero descubriendo que mis entonces “hermanos” la usaban poco y mal (cf. 2 Tim. 2:15). El 11 de noviembre de 1980 renuncié a la Iglesia Cristiana.

Había estado conversando con un primo, quien era miembro de la iglesia de Cristo en Loogootee, Indiana. Él me dio un tratado que contenía el material escrito en 1944 por el difunto Floyd Decker “¿Por qué abandoné la Iglesia Cristiana". Pude contemplar, a la luz de las Escrituras, tantas similitudes entre mi experiencia y lo que el hermano Decker escribió. Este tratado tuvo una profunda influencia en mí. Mi primo y yo asistimos a una serie bíblica en Mt. Unión, donde oí a los cristianos cantar a capella en un servicio de adoración por primera vez. El predicador, John Paul Edwards, predicó sobre “la mente de Cristo”, y citó varios pasajes de las sagradas Escrituras durante su exposición.

El citar tantos pasajes bíblicos fue muy alentador para mí, pero había algo más que escuché esa noche. Cuando se citaba la Biblia, supe que los miembros reunidos se habían convertido al Señor por leer las Escrituras. ¿Cómo logré saber esto? Porque podía oír pasajes que me rechazaban. Sí, el mensaje de Dios fue a mi alma abrumadoramente audible en ese pequeño edificio. Por decir lo menos, me impresionó la gran diferencia con la Iglesia Cristiana.

Seguí asistiendo a los servicios de reunion en Loogootee, y oí la exposición de las Escrituras en los estudios y sermones. Recuerdo la primera vez que escuché una lección sobre "Cómo establecer la autoridad de las Escrituras", ese mensaje bíblico me invadió. Era lo correcto. Casi lloré, nunca había oído algo parecido, y aquella predicación era para mi beneficio eterno. Cuando pregunté, las respuestas no fueron "no importa", sino "la Biblia dice" y “escrito está”.

Como ya tenía algún fundamento bíblico sobre el cual construir, estudié muchas cosas. Fue como si escalinatas se habían levantado ante mis ojos. Así, pues, pasé todo mi tiempo libre leyendo y estudiando, y pronto el tema de mi propia salvación invadió mis pensamientos. ¿Por qué fui bautizado? ¿Cuáles fueron mis razones? Mis respuestas honestas fueron: 1) Para complacer a mi esposa. 2) Para lograr el respaldo del predicador", porque él me presionaba para ser bautizado (supuestamente, yo había pecado en la clase de ceremonia de bodas entre Martha y yo, y este pecado podría ser aliviado en el bautismo). Ninguna de estas "razones" eran cercanas a las razones de la Biblia. Yo no había cumplido con Hechos 2:38. Decidí hacerlo, y fui bautizado “para perdón de los pecados” el 4 de enero de 1981.

Dirigí los cánticos al poco tiempo. Luego, ya estaba enseñando una clase  bíblica, y hermanos me animaron a predicar. La persona que más me animó en mi servicio al Señor fue la hermana Crim (fallecida en 1989). Algunos de nosotros en Loogootee decidimos iniciar una obra cerca. Después de un tiempo otras tres familias y algunos otros abandonaron la Iglesia Cristiana y estaban firmes en la verdad. Hoy esta iglesia prospera. Mi yerno, Sean Sullivan, predica para ellos. Prediqué a medio tiempo desde 1981 hasta 1990, tiempo en el cual dejé el empleo secular para predicar a tiempo completo.

Mientras escribo estas palabras, reflexiono sobre los últimos veinte años de mi vida. No me importa en gran manera el ser juzgado por los hombres (1 Cor. 4:3,4). Pero, sí importa lo que dicen las Escrituras (Jn. 12:48). La verdad liberta (Jn. 8:32). El evangelio de Cristo es aquella verdad (Jn. 6:68; 1 Ped. 1:22-25).

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En 1930, Floyd Decker oyó a J. Petty Ezell predicar sobre las diferencias entre la Iglesia Cristiana y la iglesia de la cual se puede leer en la Biblia. Movido por el amor a la verdad, Floyd Decker dejó la Iglesia Cristiana. En 1944, escribió un artículo titulado "¿Por qué abandoné la Iglesia Cristiana?", el cual fue publicado por primera vez en "UNITY FORUM". En un artículo adjunto, Decker mencionó trece razones para romper con la Iglesia Cristiana.
  1. La Iglesia Cristiana tiene a mujeres Consejeras, Directoras y Maestras; la iglesia de Cristo no (1 Tim. 2:11,12; 1 Cor. 14:34).
  2. La Iglesia Cristiana tiene Consejeros Educativos, Ministros y Directores Asociados de jóvenes; la iglesia de Cristo tiene ancianos, diáconos, evangelistas y maestros (Ef. 4:11; Fil. 1:1).
  3. La Iglesia Cristiana tiene Misioneros, Organizaciones Educativas y de Beneficencia, que ejecutan la obra; la iglesia de Cristo no (Ef. 4:4; 3:10,21).
  4. La Iglesia Cristiana celebra la Pascua, el Día de la Madre y la Navidad; la iglesia de Cristo no (cf. Gal. 4:10).
  5. La Iglesia Cristiana tiene comunión con distintas denominaciones en sus actividades, dejando la impresión de que todos son hermanos; la iglesia de Cristo no (2 Jn. 9-11; Gal. 1:6-10).
  6. La Iglesia Cristiana pretende conseguir más miembros con las reuniones nacionales de jóvenes, campañas y diversas promociones; la iglesia de Cristo no (Rom. 1:16; Apoc. 22:18-19).
  7. La Iglesia Cristiana enfatiza el hombre físico y la experiencia terrenal, con bandas, obras de teatro, dramatismo, cocinas y salones de comunión en sus edificios; la iglesia de Cristo no (1 Cor. 10:7; Rom. 14:17; 1 Cor. 11:22,34).
  8. La Iglesia Cristiana eleva a sus predicadores por encima del resto de los miembros mediante el uso de títulos religiosos como Pastor, Superintendente, Presidente y Doctor; la iglesia de Cristo no (Mat. 23:5-12).
  9. La Iglesia Cristiana usa mal el nombre "Cristiano", que es un sustantivo propio, al hablar de "Naciones Cristianas", "Escuelas Cristianas" e "Iglesias Cristianas". La iglesia de Cristo no (Hech. 11:26).
  10. La Iglesia Cristiana recauda fondos en servicios distintos el primer día de la semana, y utiliza medios no bíblicos tales como cenas, alquiler de propiedades y colectas especiales para recaudar dinero; la iglesia de Cristo no (1 Cor. 16:1,2).
  11. La Iglesia Cristiana contruye, mantiene y opera Editoriales, Emisoras de Radio, Hospitales, y Sociedades de Beneficencia; la iglesia de Cristo no (Ef. 3:21).
  12. La Iglesia Cristiana posee, sostiene y opera Escuelas de educación secular, a través Escuelas teológicas; la iglesia de Cristo no (1 Tim. 3:15).
  13. La Iglesia Cristiana tiene un espíritu comprometido con el mundo, no defiende sus propias doctrinas con las Escrituras, no es más que una denominación hecha por el hombre, no tiene consideración por la autoridad de la Biblia, basa su práctica en el silencio de las Escrituras, y evoca la tradición de sus ancianos en vez de ir al evangelio no adulterado y sencillo de Cristo. La Iglesia Cristiana no es la iglesia de la cual leemos en el Nuevo Testamento y no debe ser considerada sierva de Cristo ni de su verdad.


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A.W. Fortune, ministro de varias Iglesias Cristianas, en 1932 escribió The Disciples in Kentucky, donde hizo la siguiente observación:

Las controversias por las cuales han pasado los Discípulos desde el inicio hasta la actualidad son el resultado de dos interpretaciones diferentes de su misión. Hay quienes creen que debe ser restaurado el espíritu de la iglesia del Nuevo Testamento, y nuestro método de trabajo como iglesia debe adaptarse a las condiciones cambiantes. Y también, hay quienes consideran lo que leemos de la iglesia del Nuevo Testamento como un patrón fijo para todos los tiempos, y que nuestro negocio sería el mantener rígidamente ese patrón sin importar las consecuencias. Debido a estas dos actitudes, los conflictos son inevitables. (p. 383).

Amable lector, ¿es el Nuevo Testamento un patrón fijo para todos los tiempos? Por favor, lea los siguientes pasajes:

Mar. 16:15“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Col. 1:23“si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído…”.

2 Tim. 1:13“Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús”.

1 Cor. 4:17“Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”.

2 Jn. 9“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”.

Jn. 12:48“El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”.




¿Por qué abandoné la Iglesia Bautista?



“y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jer. 29:13).

Crecí en los alrededores de Birmingham, Alabama. Mis abuelos a menudo necesitaron ayuda en la granja, en el condado de Pickens. La vida en este lugar, dio como resultado mi primera exposición a las diferencias religiosas.
Cuando estábamos en casa en Birmingham, asistíamos a una Iglesia Bautista grande y progresista del sur, con programas infantiles y un programa de actividades para cada día de la semana. Mis padres no estaban tan involucrados en todo esto debido a las muchas exigencias de una familia en crecimiento, pero se encargaron de que mis hermanas y yo sí lo estuviésemos.
Cuando nos quedamos con mis abuelos en la granja, asistimos con mis tías y tíos a una organización independiente, una Iglesia Bautista Misionera. El “pastor” había pertenecido a la Iglesia Bautista del Sur, pero la había dejado debido a sus radicales enseñanzas calvinistas acerca de la predestinación y la gracia salvadora. Cuando llegué a ser un adulto, recién supe de las creencias de los seguidores del teólogo Jacobo Arminio y las divisions posteriores.
A los ocho años, durante un “avivamiento” en mi Iglesia, comprendí que yo era un pecador, que sin Jesús estaba condenado a un infierno eterno, y que debía confesar mis pecados públicamente para el perdón y para heredar la vida eterna. Ni siquiera recuerdo como llegué tan rápidamente al frente, sólo recuerdo que le comuniqué al predicador mi decision de seguir a Cristo. Una semana más tarde, junto a otros que habían tomado decisiones similares, fui bautizado en la Iglesia Bautista.
Durante los próximos años, continué participando en la Iglesia. Jugué atletismo en Liga de la Iglesia para escapar de las tensiones raciales de la zona de Birmingham, también fui a la escuela e incluso tomé desde segundo a cuarto grado de estudios bíblicos. Nunca tuve dudas en cuanto a mi salvación.
Como estudiante de secundaria, debido a la influencia de una amiga de mi juventud, asistí a una Iglesia Presbiteriana por un año. Me sorprendió ver como el predicador bebía alcohol con los padres y amigos de ella, junto con el descubrimiento de la visión liberal que tenían de las sagradas Escrituras. Mi amiga incluso era una “diáconisa” y su madre una “anciana”. Traté de conciliar estas cosas con la Biblia, pero simplemente no encajaban ni con la Biblia, ni con mis convicciones.
Cuando crecí, y me casé, mi esposa y yo nos alejamos de la Iglesia. Lejos de casa y en la Universidad, nos permitimos preocupaciones mundanales y me dejé arrastrar. Mi esposa se había criado en un hogar de alcohólicos y había asistido a una Iglesia Bautista con sus amigos, pero no tuvo un apoyo familiar firme para su asistencia regular. Sin embargo, después del matrimonio, tuvimos la libertad de hacer lo que quisiéramos, y nos salimos de la Iglesia. 
Dios nos bendijo con cuatro hijos. Después del nacimiento de nuestro segundo hijo, comenzamos a asistir a una Iglesia Bautista con alguna regularidad, pero no estabamos muy involucrados.
Sólo después de un traslado al área de Cullman, Alabama, nos convertimos en activos miembros de la Iglesia Bautista.

Interés Espiritual Despertado:
A través de este aumento de participación, y la guía de un “pastor” fui madurando en diversas áreas, y llegué a sentir una gran necesidad de hablar públicamente la palabra de Dios. Fui ordenado diácono. Entonces, contesté positivamente “la llamada al ministerio” y llegué a licenciarme y ordenarme como “ministro” de la denominación Bautista. Pasé tres años como ministro de jóvenes, y catorce años como “pastor” Bautista, trabajando en dos congregaciones. Bauticé a 54 personas durante este tiempo, y estudié y preparé 3 lecciones semanales.
En mi servicio de ordenación, otros hombres ya ordenados me interrogaron, y uno de ellos me preguntó, “¿Hay alguna circunstancia bajo la cual usted se retire de la Convención Bautista del Sur?”. Esta fue una pregunta difícil para mí, porque mi ordenación y la posterior capacidad de predicar en la denominación Bautista dependían de que estos hombres aceptaran mi llamado evidenciado por mis respuestas. Después de cierta consideración, les contesté, “Si la Convención Bautista del Sur se sale de la Biblia, entonces sí, me apartaría y daría lugar a todos los que quisieran acompañarme en la búsqueda de la verdad”. Aceptaron mi respuesta, y llegue a ser “ordenado”.

Un Desafío A Mis Creencias:
Durante este tiempo, nuestros dos hijos mayores crecieron y se casaron, y solo los menores se esforzaron por ser bautistas. Sin embargo, a través del estudio de solamente la Biblia, mis hijos mayores pronto entendieron la verdad del evangelio puro de Cristo llegando a ser bautizados “para perdón de los pecados” (Hech. 2:38), para pertenecer al cuerpo Cristo (1 Cor. 12:13). Esto causó mucha consternación de mi parte. Si mis hijos no siguieron mi enseñanza, ¿cómo podría esperar que los demás lo hicieran?
Fue también en esta época cuando empecé a ser muy consciente de la mucha mundanalidad en la iglesia Bautista. Las cifras de asistencia eran más importantes que la vida renovada (una contradicción de Mateo 7:13-24). Se enfatizaba la entretención y diversion en lugar de la autoridad bíblica para todo lo que se crea o se haga (una contradicción de Hebreos 5:11-14 y 2 Tim. 4:1-4). La Iglesia Bautista se había convertido para mí en un Club Religioso. Pero, eso no era fácil de admitir.
Como predicador bautista, tuve que soportar y apoyar a la Iglesia Bautista. Sin embargo, esto se hacía más difícil cada año. Mis hijos trataron de convencerme de ver la verdad en las “sendas antiguas” (Jer 6:16), ya que consideraban que yo estaba equivocado. No obstante, obstinadamente yo no admitía estar en el error. Después de todo, si me equivoque tanto, ¿a cuántos tenía engañados como pastor? Discutía con ellos de las Escrituras en lugar de estudiarlas, pues me sentía seguro de mi correcta interpretación.
Sin embargo, mi esposa y yo asistimos a un servicio de una iglesia de Cristo cercana, y vimos algo que nos faltaba. Mi esposa ya estaba más cerca de una verdadera comprensión que yo, pero al ser sumisa a mí, continuaba apoyándome en mi “ministerio”, mientras oraba que pudiera encontrar la verdad que estábamos buscando (Mat. 7:7,8) .
La pregunta formulada en mi ordenación resultó casi profética. Después de asistir a una serie de predicaciones en una iglesia local de Cristo, estuve expuesto a la idea de restaurar mi fe, de servir al Señor como los cristianos del primer siglo (cf. Hech. 2:42-47). Entonces, comencé a enseñar sobre la necesidad de ser una sencilla iglesia de Cristo, como las del Nuevo Testamento (cf. 1 Ped. 4:11; 1 Tim. 3:15; 2 Tim. 1:13). “Restauración” no era una idea completamente extraña, pero era totalmente diferente a nuestra dirección anterior.
Durante casi tres años traté, dentro de la denominación Bautista, de dirigir a una congregación Bautista a sujetarse solamente a la doctrina de Cristo (2 Jn. 10). Esto fue imposible, resultando en una gran angustia y agitación. Muchos estaban dispuestos a renunciar a su posición Bautista, pues ya era obvio que esto lo demandaban las Escrituras. Otros se aferraron a las tradiciones por sobre la verdad de la Palabra de Dios (2 Jn 9).

Aprender La Verdad:
Me desanimé luchando por seguir el modelo del Nuevo Testamento. Sin embargo, me animaban las series bíblicas a las cuales mis hijos nos invitaban, donde podíamos oír el evangelio puro de Cristo, simple, no-denominacional. Por fin nos fuimos dando cuenta de que podíamos confiar en los caminos de Dios, llegando a ser cristianos sin pertenecer a ninguna denominación.
Finalmente, llegué a un punto muerto. Después de diecisiete años como “ministro bautista”, me di cuenta de que seguir en mi camino errado me obligaría a aceptar responsabilidades por acciones incorrectas y doctrinas erróneas enseñadas y practicadas. Entonces, renuncié a mi posición como pastor, con todas las intenciones de servir al Señor en alguna “otra iglesia”.
Mi esposa me indicó que visitáramos una iglesia de Cristo cercana. Entonces fuimos, y disfrutamos el servicio de reunion. Todos nos dieron una cálida bienvenida, y nos invitaron a volver. Uno de los ancianos era un antiguo amigo del trabajo, y él tomó un interés especial en darnos la bienvenida. Sin embargo, yo todavía era un “predicador bautista”, en busca de un lugar acogedor de servicio, alguna “otra iglesia”.

El Punto De Inflexión:
Una noche, durante una serie de predicaciones en una iglesia de Cristo, mi hija aceptó la verdad y obedeció el evangelio del Señor (1 Ped. 1:22-25; 3:21). Yo estaba feliz por ella, pero preocupado en mi corazón. Decidí hablar con el predicador de la congregación, y me reuní con él y los ancianos.
Estaba seguro que ellos podrían ser más objetivos como observadores externos. Quería comentarles las razones por las cuales había renunciado como ministro. Pero, yo solo quería que me dijeran que estaba bien, y que podia servir al Señor en la iglesia de Cristo como un Bautista. Yo no creía que necesitara ser salvo. Mientras hablábamos, les expliqué mi experiencia y mi comprensión de las Escrituras, y mi seguridad de ser un salvo.
Ellos nunca me dijeron de una vez que yo estaba tan equivocado. Sino que simplemente me hicieron algunas preguntas para tener mayor claridad de mi comprensión. Luego, el predicador hizo algo que nadie había hecho antes conmigo, citó el pasaje de la conversion del eunuco etíope (Hechos 8:26-39). El etíope religioso estaba perdido, había ido a Jerusalén para adorar, estaba leyendo las Escrituras, pero no podia entender a menos que alguno le enseñara. Así, Felipe comenzó desde el punto de conocimiento del etíope y le enseñó el evangelio de Jesús. Y esto fue lo mismo que el predicador hizo por mi. Comenzó desde donde yo estaba, y me enseñó la plena verdad de Jesús. Él me mostró que yo había aprendido de las Escrituras varias cosas correctas, pero nunca había obedecido plenamente la verdad para alcanzar la salvación en Cristo.

Obedeciendo La Verdad:
No me avergüenzo de decir que lloré cuando entendí la necesidad de mi alma y mi falta de obediencia al Señor. En aquella misma hora (Hech. 16:33) fui bautizado en Cristo (Gal. 3:27; Rom. 6:3-5). El próximo domingo, tuve la bendición de bautizar para salvación a mi esposa (Mar. 16:16). Dentro del mes, mi hijo menor también fue bautizado. Mi hogar llegó a creer a través del poder de Dios (Rom. 1:16; 6:17). Todo esto sucedió gracias a la providencia de Dios en mis hijos, y aquel predicador del evangelio que en lugar de condenarme me enseñó la verdad desde el punto de conocimiento donde yo me encontraba.
En Hechos 18:24-28, leemos acerca de Apolos, un orador elocuente, instruido en el camino del Señor, y de espíritu fervoroso, que enseñaba diligentemente las cosas del Señor. Pero, él sólo conocía en parte la verdad, pues solamente conocía el bautismo de Juan. Entonces, Aquila y Priscila cuando le oyeron, le instruyeron más exactamente en el camino de Dios, lo cual le permitió convertirse en un verdadero siervo de Cristo. Sinceramente, me identifico con él, Aquila tenía un fuerte deseo de hablar la Palabra de Dios con precisión y ser usado antes de la plena comprensión de la verdad.
El arrepentimiento no es el lamento mundanal, como el de Judas. Él estaba tan molesto por sus malas acciones, que en lugar de enfrentarlas eligió el suicidio. Aquellos que viven lamentándose por lo que han hecho, un día se enfrentarán a una muerte mucho más grave que la física.
En 2 Corintios 7:10, leemos que la tristeza que es según Dios obra arrepentimiento para vida. Este es el verdadero arrepentimiento que ocasiona un cambio en la vida y que agrada a Dios. La palabra griega para este arrepentimiento es metanoeo, de la cual por transliteración tenemos “metamorphosis”, un cambio completo. La Escritura nos dice que aquellos que experimentan esto son los obedientes al evangelio, yendo en sumisión completa a las aguas del bautismo para participar en la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, y recibir así el perdón que él ha hecho posible (Mat. 11:28-30; Rom. 6:3-5). A través de la fe y la obediencia penitente, se concede éste perdón para ser una nueva criatura en Cristo (2 Cor. 5:17). A través de esta obediencia de corazón, podemos ser edificados sobre el fundamento verdadero que es Jesús (1 Cor. 3:11).

Me tomó años encontrar la verdad, cuarenta en total. Tuve que admitir humildemente mis insuficiencias, mis defectos, y el límite de mi comprensión. Requirió aceptar plenamente a Jesús como Señor (Hech. 2:36), y estar totalmente dispuesto a obedecerlo a él para ser salvo (Heb. 5:9; Hech. 2:38,41,47).

Mi oración es que, a través de mi experiencia, alguien que está engañado religiosamente pueda ver honestamente la verdad antes de desperdiciar su tiempo en el error. Dios es misericordioso y permite oportunidades para que seamos perdonados. Pero no se nos promete el mañana (Prov. 27:1). Hoy es el día de salvación (2 Cor. 6:2). Debemos prepararnos para el tribunal de Cristo (2 Cor. 5:10). La única manera de hacer esto es a través de la obediencia completa y amorosa al Señor Jesús (Jn. 14:15).

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31,32).


“SIEMPRE PREPARADOS PARA PRESENTAR DEFENSA”



INTRODUCCIÓN.
          A. Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15).
          B. Ejemplo de Jesús: Pasó mucho tiempo en controversia con los líderes de los judíos. Discutió varios temas con ellos. Mateo 22:29, dijo a los saduceos, “Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios”. Acusó a los fariseos y escribas de ser hipócritas.
          B. “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. (Judas 3).
          C. “… estoy puesto para la defensa del evangelio” (Filipenses 1:17). Pablo “discutía en la sinagoga todos los días de reposo,[a] y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4).
          D. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. (2 Timoteo 3:16-17). Este texto nos asegura que las Escrituras son adecuadas para prepararnos o equiparnos para la obra de defender la fe.
          E. El miembro de la iglesia que diga que no le gusta la controversia y no cree que sea necesario discutir y defender la verdad en realidad piensa que el error es tan bueno como la verdad.
          F. Una idea muy popular entre muchos religiosos es que “no importa lo que uno crea”, pero si no importa lo que uno crea, entonces no importa si cree o no cree.

I. PARA PRODUCIR FE EN DIOS Y FE EN SU PALABRA.
          A. Hebreos 11:6, “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es galardonador (remunerador) de los que le buscan”.
                   1. La bondad de Dios es muy grande. Romanos 2:4, “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”
                   2.  Es el Creador de todo ser humano y le bendice más allá de toda comprensión. Por eso, todos deben honrar, adorar y obedecer a Dios.
                   2. El que no lo haga refleja su falta de fe en Dios y su plena ingratitud hacia Él. Da espaldas a su Creador.
          B. Hechos 14:15-17, Los de Listra querían adorar a Pablo y Bernabé cuando Pablo sanó a un cojo, pero Pablo les dijo, “Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. 16 En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; 17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones”. ¿Cómo sería el hombre si Dios no nos diera “lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones”? Es totalmente injusto e irrazonable que el hombre reciba todas estas bendiciones y recompensar a Dios con indiferencia y desobediencia.
          C. Hechos 17:24, 25, 28, El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, 25 ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas … en él vivimos y nos movemos, y somos…
                   1. Todo hombre VIVE cada momento porque Dios “da a todos vida y aliento y todas las cosas”, pero la mayoría de los hombres rehúsan creer en Él, persisten en dar espaldas a Dios, no le dan gracias, no obedecen al evangelio, Hechos 6:7; Romanos 10:16; 1 Pedro 4:17. ¡Cristo viene en llama de fuego para castigar a los que no obedecen al evangelio! 2 Tesalonicenses 1:8.
                   2. Recuérdese Romanos 2:4, “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” Esto es precisamente lo que hacen los que no obedecen al evangelio: MENOSPRECIAN las riquezas de la benignidad, paciencia y longanimidad de Dios.
          D. Romanos 1:20,   “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”.
                   1. Este texto enseña que todos pueden y deben emplear la inteligencia que Dios da a todo ser humano para creer en Él. Las Escrituras revelan la voluntad de Dios, pero “las cosas hechas” demuestran su “poder y deidad”.
                   2. Por lo tanto, no tienen excusa los que vivan en los lugares más remotos o aislados si no creen en el único Dios vivo, el Creador y Sustentador.
                   3. Es cierto que después de creer en Dios “por medio de las cosas hechas” el hombre debe aprender la voluntad de Dios por medio de las Escrituras. Por lo tanto, por la providencia de Dios las Escrituras están disponibles in muchísimos idiomas y dialectos y Pablo dice que los que busquen a Dios lo pueden hallar (Hechos 17:27). También Jesús dice (Mateo 7:7), “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad y se os abrirá”.
          E. Creer en Dios significa creer, aceptar y obedecer su Palabra. Los que no obedezcan al evangelio no creen en Dios porque no creen su Palabra. No creen en la vida eterna con Dios ni en el infierno porque no hay ser humano bien convencido de la existencia del hogar celestial como también del lugar de castigo eterno en el infierno que no se prepare para el Día de Juicio.  Yo no digo “lo que uno profese creer,” sino lo que en verdad cree.
Todos somos movidos por lo que verdaderamente creemos.
          F. Algunos se atreven a “discutir” con Dios. Isaías 45:9, "¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ... ¿Dirá  el barro al que lo labra: Qué haces?" Romanos 9:20, Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” Isaías 54:17, "condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio".

II. ALGUNOS DICEN QUE NO CREEN EN DIOS PORQUE DIOS ES INJUSTO, CRUEL E INCONSECUENTE.
       A. Dicen que Dios creó al hombre sabiendo que iba a pecar. Por eso, lo creó para castigarlo y destruirlo.
           1. Génesis 1:26, todo ser humano es creado en la imagen de Dios con inteligencia, emociones y voluntad (libre albedrío). No es máquina ni robot. El hombre podía haber comido del  árbol de la vida para vivir para siempre en el paraíso (Génesis 2:9).
            2. Pero ¿qué hizo el hombre con su libre albedrío? Génesis 6:5,  “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.
        B. Por lo tanto, lo que Dios ha hecho con el hombre no fue decidido por Dios, sino por el hombre mismo.
          C. Nadie tiene que ser castigado. Juan 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Dios ha hecho amplia provisión para nuestra salvación del pecado y para que tengamos vida eterna.

III. ALGUNOS DICEN QUE NO CREEN EN DIOS PORQUE MANDÓ AL REY SAÚL QUE MATARA A MUJERES Y NIÑOS, 1 Samuel 15:3, Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos”.
          A. Véase Génesis 15:13-16,  “Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. 14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza. 15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí”. Según este texto Dios les dio 400 años para arrepentirse.
        B. Deuteronomio 7:2,  “y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia”. Compárese Génesis 6:5,  Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.
          C. La destrucción de los cananeos era como la del diluvio y como la de Sodoma y Gomorra.
                   1. Lo que Dios hizo con Sodoma y Gomorra era justo. Deuteronomio 32:4, “Dios es justo y recto”.
                   2. Nehemías 9:31, aunque “eres Dios clemente y misericordioso”, v. 33, Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo”. Nehemías reconocía que cuando Dios castigó la rebelión del pueblo de Israel, era perfectamente justo.
                   3. Asimismo dice Pablo con respecto al juicio final: 2 Tesalonicenses 1:6-8, “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo”. Obedecer al evangelio está bien explicado e ilustrado en el Nuevo Testamento. Significa oír el evangelio (Romanos 10:17); creer (John 3:16); arrepentirse (Lucas 13:3, 5; Hechos 17:30); confesar que Cristo es el Hijo de Dios (es decir, que es Dios, Mateo 10:32, 33; Hechos 8:37; Juan 1:1; Romanos 9:5); ser bautizado (sepultado en agua, Romanos 6:4; Hechos 8:36; 10:48) en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:19) para el perdón de los pecados (Hechos 2:38; 22:16).
                   4. Muchos se atreven a altercar con Dios y enseñar que no será justo que los que no obedezcan al evangelio sean echados en el infierno de fuego, pero el apóstol Pablo dice que sí es justo (2 Tesalonicenses 1:6-8). Dicen algunos que no es justo que “gente buena” sea castigada de esa manera tan excesiva simplemente por no haber sido bautizada, pero ¿qué tan buena es la gente que da espaldas a Dios y desprecian el sacrificio de Cristo? Lo opuesto a obediencia es desobediencia: Juan 3:36, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (La Biblia de las Américas).
                    5. Los que rehúsen, por cualquier motivo, obedecer al evangelio deben despertarse y tomar muy en cuenta lo que hacen: en realidad están pisoteando al Hijo de Dios, teniendo por inmunda la sangre que derramó para salvarnos, y hacen afrenta al Espíritu de gracia porque el evangelio es revelación inspirada, la verdadera palabra de Dios que el hombre debe obedecer. Dios dice “Mía es la venganza”. “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” A los que no obedezcan al evangelio habrá “una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego” (Hebreos 10:27-31). Romanos 2:4-10 “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? 5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: 7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, 8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;9 tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, 10 pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno…”

IV. ALGUNOS SE ATREVEN A ALTERCAR CON DIOS PORQUE LES QUITÓ A LOS CANANEOS SU TIERRA PARA DÁRSELA A LOS ISRAELITAS. (Les gusta a los incrédulos comparar a Josué y los israelitas con Hitler).
          A. Pero recuérdese Génesis 15:13-16, llegó a su colmo la maldad de los cananeos y no solamente perdieron su tierra sino también su vida.         
          C. Léase Lev. 18La justicia de Dios demanda que el pecado sea castigado. Primero, dio la tierra de los cananeos depravados a Israel y después cuando Israel se corrompió, Dios dio su tierra a los paganos.

V. ACUSAN A DIOS DE PERMITIR GUERRAS.
          A. Pero ¿por qué culpar a Dios? Véase Santiago 4:1,   ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?”
          B. Recuérdese siempre que el hombre siendo hecho a la semejanza de Dios tiene libre albedrío. ¿Prefieren los incrédulos que el hombre sea robot o títere?

VI. OTRA ACUSACIÓN CONTRA DIOS ES QUE PERMITE SUFRIMIENTO.
          A. Todo efecto tiene su causa, y toda causa tiene su efecto. Gálatas 6:7, “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.
          B. Este  es un principio de vida ineludible. El mundo está lleno de hombres deshonestos, crueles, injustos, borrachos, pleitistas, etc. y sus pecados causan sufrimiento.
          C. Pero no se puede afirmar que todo sufrimiento es causado por el pecado. Juan 9:1-3, Cristo dijo que en cuanto al hombre “ciego de nacimiento”, “No es que pecó éste, ni sus padres”. Timoteo, Trófimo y otros tuvieron enfermedades y no hay indicación que estuvieran relacionadas con pecados.
          D. También el uso del libre albedrío para inventar maquinaria, automóviles, aviones, armamentos, etc., causan accidentes, muertes y sufrimiento. Recuérdese Job 1:22, "En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno (no culpó a Dios)".
          E. Romanos 5:3-5, los beneficios espirituales del sufrimiento. Santiago 1:2-4, 12.
                   1 ¿Por qué permite que sus hijos sufran? Porque son hijos y necesitan disciplina, Hebreos 12:5-11.
                   2. Nos hace más compasivos, Hebreos 2:18.
                   3. Nos hace anhelar el hogar celestial, Hebreos 11:14-16
                  
VII. UNA ACUSACIÓN MUY POPULAR ES QUE DIOS ERA INJUSTO PORQUE ENDURECIÓ EL CORAZÓN DE FARAÓN Y LUEGO LO CASTIGÓ.
      A. Sí, la Biblia dice que Dios endureció su corazón, pero ¿cómo lo hizo?
          B. No como si fuera robot o marioneta, sino por su mandamiento. Dios le dio el mandamiento de dejar que su pueblo saliera al desierto para adorarle y este mandamiento provocó el endurecimiento del corazón de Faraón. No era en ningún sentido una intervención milagrosa para endurecer su corazón.
          C. Dios hizo lo que su mandamiento hizo. Compárese Hechos 16:14, “el Señor abrió el corazón” de Lidia, pero ¿cómo? Dice el versículo anterior que “hablamos a las mujeres que se habían reunido” y Lidia “estaba oyendo” y el Señor abrió su corazón. ¿Milagro? Claro que no. ¿Obra del Espíritu Santo? Sí, pero por medio de la palabra del Espíritu Santo predicada por Pablo y Silas.
          D. Véase Éxodo 8:13-15,  E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los cortijos y de los campos … 15 Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho”.
          E. Esto indica que  primero, Faraón endureció su propio corazón.


TODOS LOS REQUISITOS PARA SER SALVOS SE REFIEREN A LA OBEDIENCIA AL EVANGELIO



“SALVACIÓN” EXPRESADA DE VARIAS MANERAS

Introducción.
          Cualquier persona en su juicio cabal sabe que la salvación es por gracia; es decir, que el hombre no puede salvarse solo y que era necesario que Cristo viniera al mundo para ser nuestro Salvador, siendo el perfecto sacrificio por los pecados del mundo. Este es el evangelio de la gracia de Dios, Hechos 20:24.
          Sin embargo, la misma persona que entienda que la salvación es por gracia también tiene que admitir que la salvación no es universal. Cristo dice (Mateo 7.14) que “pocos son los” que hallan el camino que lleva a la vida. Hebreos 5:9 dice Cristo “vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”.
          Dios especifica ciertos requisitos que el hombre debe cumplir para ser salvo. Esto se llama “obedecer al evangelio” (Romanos 10:16; 2 Tesalonicenses 1:8; 1 Pedro 4:17). También se llama “obedecer a la fe” (Hechos 6:7) y “obediencia a la verdad” (1 Pedro 1:22). Hay varios ejemplos de los que obedecieron al evangelio en Hechos de los Apóstoles 2:37-41, 8:12; 8:35-39; 9:18 (22:16); 11:14; 10:48; 16:15; 16:30-34; 18:8; 19:5.
          Muchos insisten en que la salvación es por “fe sola” porque cuando el carcelero preguntó, “¿Qué debo hacer para ser salvo? Pablo y Silas contestaron “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”, pero entonces “le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa” (Hechos 16:30-32) y esa “palabra” que les hablaron era el evangelio que incluyó el bautismo, y el carcelero y su casa, habiendo oído el evangelio de Cristo querían obedecerlo, y fueron bautizados esa misma hora (Hechos 16:33; el v. 25 dice media noche).
          Por lo tanto, este estudio tiene que ver con los requisitos nombrados por Dios que el hombre debe cumplir para ser salvo, enfatizando que hay un solo evangelio, un solo plan de salvación. Por eso, todos los requisitos que son nombrados para ser salvos se refieren a la obediencia al evangelio.
          El punto enfatizado en este estudio es que cada requisito nombrado en los varios textos que citaremos es una parte del todo del plan de salvaciónEste es lenguaje figurado llamado “sinécdoque” (“designar un todo con el nombre de una de sus partes”). Por no reconocer y aceptar este lenguaje figurado muchos enseñan error, por ejemplo, diciendo que la salvación es por la fe sola.
          Citan Juan 3:16, “todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” pero no aceptan que la palabra “cree” de ninguna manera significa “fe sola”, sino la obediencia al evangelio para obtener el perdón de pecados.
          Obviamente Juan 3:16 habla de la salvación (tener vida eterna) y Hechos 2:38 dice arrepentirse y bautizarse para el perdón de los pecados. Por lo tanto, si los dos textos nombran requisitos de la salvación, obviamente los dos hablan de obedecer al evangelio. La salvación de Juan 3:16 (tener vida eterna) no es distinta de la salvación de Hechos 2:38 (el perdón de los pecados).

TEXTOS QUE DICEN SALVAR (O ALGUNA FORMA DE SALVAR)
1.    Mateo 1:21, “21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
2.    Lucas 9:56, “56 porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas”.
3.    Juan 12:47, “no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”.
4.    Santiago 5:20, “sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”.
5.    Marcos 16:16, “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.
6.    1 Pedro 3:21, “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”.
Desde luego hay muchos otros textos que hablan de “salvar”.

PERDONAR PECADOS (DEUDAS) = LA SALVACIÓN
1.    Mateo 6:12, “12 perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
2.    Marcos 2:7, “¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”        
3.    Hechos 2:38, “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Si Dios nos perdona los pecados, somos salvos.
4.    Efesios 4:32, “32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.
1.    Es muy obvio que si Dios nos perdona los pecados, somos salvos.

JUSTIFICACIÓN = LA SALVACIÓN
“Justificar” significa hacer rectos o justos en el sentido de tener relación correcta con Dios. Obviamente los justificados son los salvos.
1.    Romanos 5:1, “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
2.    Santiago 2:24, “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”.
3.    Gálatas 3:8, “Dios había de justificar por la fe a los gentiles…”
4.    Romanos 5:9, “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”.

VIVIR, TENER VIDA = LA SALVACIÓN
1.    Juan 5:25, “Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán”.
2.    Juan 5:40, “y no queréis venir a mí para que tengáis vida
3.    Juan 6:53, “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”.
4.    Hechos 11:18, “también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida”.

TENER LA ESPERANZA DE LA VIDA ETERNA = LA SALVACIÓN
1.    1 Juan 2:25, “Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna”. Muchos enseñan erróneamente que la vida eterna es una posesión actual, o sea que el creyente posee la vida eterna ahora y no la puede perder, pero 1 Juan 2:25 corrige este concepto erróneo: la tenemos como promesa y no como posesión actual. Los infieles (los que caen de la gracia) (Gálatas 5:4; 2 Pedro 2:20-22) no heredan la vida eterna.
2.    Juan 6:54, “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. Juan 6:40 explica este versículo: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. Obsérvese la misma recompensa: la vida eterna para el que cree y vida eterna para el que come mi carne y bebe mi sangre. Es lenguaje figurado para dar énfasis a lo importante de creer en Cristo y obedecerle.
3.    Pero  obviamente los que tienen la promesa de la vida eterna son los salvos.

EL HOMBRE TIENE QUE OBEDECER PARA SER SALVO
Hebreos 5:8, 9 “ Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”.
1.    OÍR EL EVANGELIO. Juan 5:25, “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán”. Romanos 10:14,17, 14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.
“Hechos de los Apóstoles” registra la conversión de varias personas y en cada caso de conversión, comenzando con los 3000 que fueron convertidos el día de Pentecostés (Hechos 2:37-41) el primer paso era que oyeron la predicación del evangelio.
2.    CREER. Juan 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Este es el texto favorito de mucha gente y es muy precioso, pero hay que estudiarlo a la luz de los demás textos que especifican lo que el hombre debe hacer para ser salvo.
3.    ARREPENTIRSELucas 13:3, “si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”. Hechos 3:19, “19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”. Tener los pecados “borrados” significa tenerlos perdonados. Hechos 17:30, “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”. Romanos 2:4, ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”
Arrepentirse significa cambiar y esto es precisamente lo que la mayoría de la gente no quiere hacer, pero Jesús dice “cambiar o perecer”.
Hechos 11:18, “también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida”.
4.    CONFESAR A CRISTO. Mateo 10:32, 33, “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. Hechos 8:37, 38, “36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”. Romanos 10:10, 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”,
¿Qué significa confesar a Cristo, “Yo creo que Jesucristo es el Hijo de Dios”? Significa que Cristo es “igual a Dios” (Juan 5:18) porque Él Mismo es Dios (Juan 1:1; Romanos 9:5; Tito 2:13; 2 Pedro 1:1). Es el Creador (Juan 1:3; Colosenses 1:16Hebreos 1:2). Estando aquí en la tierra era adorado, perdonaba pecados,  leía pensamientos, y sólo Dios es adorado, perdona pecados y lee pensamientos.
5.    SER BAUTIZADO EN AGUA PARA EL PERDÓN DE PECADOS. Mateo 28:19, “19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Marcos 16:16,El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. Hechos 2:38,  Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.
Es muy importante observar que el bautismo es para ser salvo (Marcos 16:16). Si no lo es, tampoco lo es el creer porque los dos mandamientos están conectados e inseparables. El bautismo es para el perdón de pecados (Hechos 2:38). Si no lo es, tampoco lo es el arrepentimiento, porque estos dos mandamientos están conectados como dos vagones de tren con el conjuntivo “y”.
INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR. Hechos 2:21, “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Hechos 22:16, Ananías preguntó a Saulo de Tarso, “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.

CONCLUSIÓN INELUDIBLE
          Juan 5:25, oír para vivir, equivale al obedecer al evangelio. Nadie cree que somos salvos por solamente oír. Obviamente el “oír” de este texto es comprensivo; comprende o abarca todos los pasos contenidos en el mandamiento de obedecer al evangelio.
          Juan 3:16, creer para tener la vida eterna, equivale al obedecer al evangelio. Santiago 2:24 dice enfáticamente que no somos salvos por la fe solamente. Obviamente el “creer” de este texto es comprensivo; comprende o abarca todos los pasos contenidos en el mandamiento de obedecer al evangelio.
          Lucas 13:3, arrepentirse para no perecer. Hechos 11:18, arrepentimiento para vida, pero no por el arrepentimiento solo, sino por obedecer al evangelio (Hechos 10:48). Obviamente el “arrepentirse” de este texto es comprensivo; comprende o abarca todos los pasos contenidos en el mandamiento de obedecer al evangelio.
          Romanos 10:10, confesar a Cristo para salvación, equivale a la obediencia a la verdad (obediencia a la fe, obediencia al evangelio), como observamos en el caso del etíope, Hechos 8:35-39. Obviamente el “confesar” de este texto es comprensivo; comprende o abarca todos los pasos contenidos en el mandamiento de obedecer al evangelio.
          1 Pedro 3:21, bautismo nos salva, no por el bautismo solo. Obviamente una parte del plan de salvación (el bautismo) se pone por el todo de la obediencia al evangelio. Obviamente el “bautismo” de este texto es comprensivo; comprende o abarca todos los pasos contenidos en el mandamiento de obedecer al evangelio.
          Hechos 2:38, arrepentirse y bautizarse para el perdón de pecados. Muchos sectarios se oponen fuertemente al bautismo para el perdón de pecados. Los tales adulteran la palabra de Dios. Por ejemplo, el muy famoso Bautista “erudito” A. T. Robertson dice en su libro, “Imágenes Verbales del Nuevo Testamento”, “Pedro apremia al bautismo para cada uno de aquellos que ya se había vuelto (arrepentido), y que ello fuera hecho en el nombre de Jesucristo sobre la base del perdón de pecados que ya habían recibido”. Robertson completamente tergiversa el texto separando el mandamiento de arrepentirse del mandamiento de bautizarse. Enseña que Pedro mandó el arrepentirse y luego los que se arrepintieron, ya siendo salvos, recibieron el otro mandamiento de bautizarse (pero no para el perdón de los pecados). ¡No me gustaría estar en los zapatos de este “erudito” en el Día del Juicio!
          ¿Texto complicado y difícil? De ninguna manera. Un niño de primaria puede entenderlo perfectamente. Sin comentar deje que él lea el texto y pregúntele qué se debe hacer para el perdón de los pecados.
          La “explicación” de Robertson no es interpretación sino torcer la Escritura (2 Pedro 3:16), es adulterar la palabra (2 Corintios 4:2), corrompiéndola para engañar y cooperar con Satanás para evitar la obediencia al evangelio.
          Hechos 2:21, invocar el nombre del Señor para ser salvo. Obviamente el “invocar” de este texto es comprensivo; comprende o abarca todos los pasos contenidos en el mandamiento de obedecer al evangelio.
          Cada uno de estos mandamientos es para obtener la salvación.
          El “creer” de Juan 3:16 incluye el “oír” de Juan 5:25, el “arrepentirse” de Hechos 11:18, la confesión de fe de Romanos 10:10, y el “arrepentirse y bautizarse” de Hechos 2:38, porque los requisitos nombrados en cada texto, comenzando con Juan 3:16, son para obtener la salvación.
          Cada uno de estos textos se refiere a la obediencia al evangelio (Romanos 10:16; 2 Tesalonicenses 1:8; 1 Pedro 4:17), a la obediencia a la fe (Hechos 6:7), a la obediencia a la verdad (1 Pedro 1:22).
          HAY UN SOLO PLAN DE SALVACIÓN Y ESTOS VARIOS REQUISITOS QUE HEMOS MENCIONADO EN ESTE ESTUDIO SE REFIEREN A ESE PLAN DE SALVACIÓN. Se refieren a la obediencia al evangelio para ser salvo.
          Los que nieguen esta conclusión son culpables de enseñar que las Escrituras no son consecuentes al nombrar los requisitos para obtener la salvación. Tendrán que enseñar que algunos deben hacer una cosa y otros deben hacer otra cosa para obtener la salvación. Según este concepto erróneo y absurdo, hay varios evangelios.
          Obsérvese bien que los que enseñen la salvación por la fe sola hablan por los dos lados de la boca porque bien saben y aceptan que es necesario arrepentirse, confesar a Cristo e invocar su nombre. Entonces ¿qué es todo el ruido acerca de la “fe sola”? ¿Cuál es, fe sola o fe más el arrepentimiento, la confesión y la invocación del nombre del Señor?
          En su gran confusión los proponentes de la salvación por “fe sola” son doblemente confusos sobre las “obras” que no salvan. Para ellos el bautismo es una obra que no salva pero el creer, el arrepentirse, la confesión y el invocar el nombre del Señor no son obras que no salvan. ¿La obediencia al evangelio es una obra que no salva? ¡Imagínese! ¡Qué profundidad de ignorancia y confusión!