Profetas Fraudulentos


"si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él" (Deuteronomio 18:22)


Por Josué I. Hernández


La palabra de Dios no queda sin cumplimiento (Mat. 24:35; Is. 55:11), pero las palabras de los falsos profetas no son de Dios y siguen cayendo a tierra sin cumplirse.
Según la Biblia (Deut. 18:22) cuando el profeta anuncia un acontecimiento y éste no se cumple, el tal no es de Dios, sino un presuntuoso del cual no hay que temer. Tal hombre fraudulento, ha de ser señalado como falso y su doctrina ha de ser declarada como “doctrina de hombres” y no de Dios.
        La “sabiduría” del falso maestro “no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica” (Stgo. 3:15).  Por lo tanto, su sistema de creencias especulativas ha de ser abandonado por los integrantes de dichas organizaciones que enseñan “como doctrina, mandamientos de hombres” (Mat. 15:9).  Tales líderes religiosos fraudulentos son “ciegos guías de ciegos” (Mat. 15:14), y Cristo mismo lo dijo: “si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Ibíd.)

El propósito de la Biblia es madurar al hombre en Cristo (2 Tim. 3:16-17). La Biblia no fue revelada para que tengamos que determinar los eventos finales al jugar con números de manera antojadiza.
       Lamentablemente, son muchos los que han señalado fechas para acontecimientos escatológicos.  Son varios los “iluminados” que presumieron hablar “conforme a las palabras de Dios” (1 Ped. 4:11) pero torcieron la Escritura “para su propia perdición” (2 Ped. 3:16) debido que progresaron “más allá de lo que está escrito” (1 Cor. 4:6). ¿Puede un falso profeta presentarse a Dios aprobado, como quien traza bien la palabra de verdad (2 Tim. 2:15)? ¡Por supuesto que no! Todos los especuladores denominacionales, son reprobados en cuanto a la fe (2 Tim. 3:8).  Estos especuladores, no han entendido que “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre...” (Deut. 29:29).
       La verdadera revelación de Dios jamás dependía del razonamiento subjetivo y particular del profeta (2 Ped. 1:20), al contrario “nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Ped. 1:21).
La lista de fracasos proféticos es larga, son varios los que han utilizado la Escritura para especular con números, fechas y calendarios, vaticinando eventos sensacionales que luego no han ocurrido. Veamos algunos ejemplos:

William Miller (1782-1849), fue un predicador, masón, militar, agricultor y jefe cívico local en Low Hampton.  Miller estaba fascinado con la historia y la profecía bíblica y a partir de sus estudios y conclusiones, comenzó a predicar desde 1831 el inminente segundo advenimiento de Cristo.
       Señaló para este advenimiento el tiempo entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844, período que corresponde al año judaico. Hallándose equivocado en sus cálculos, entonces señaló al año 1845 como la próxima fecha para la venida de Cristo, y otra vez falló.  Hubo disensión entre sus seguidores debido al fracaso de sus vaticinios, y esto derivó el nacimiento del grupo dirigido por la Sra. Ellen Harmon de White, quien llegó a la conclusión de que Cristo había venido de manera invisible en 1844 y que su presencia se haría visible pronto.
William Miller es considerado el padre del movimiento Adventista en Estados Unidos. Entre sus descendientes directos existen varias denominaciones, incluyendo la Iglesia Adventista del Séptimo día y el movimiento “International Bible Students” quienes después se llamaron “Testigos de Jehová”.

Elena G. de White (1827-1915), afirmó haber recibido visiones después de no cumplirse el segundo regreso de Jesús fijado para octubre de 1844 señalado por William Miller, a quien ella seguía.  Las visiones de la señora White dieron base para que el Movimiento Adventista considerara que en ella se manifestó el "don de profecía", lo cual dotó a sus escritos de gran importancia para los creyentes de esta denominación.  Algunos de los fiascos proféticos de Elena de White son los siguientes:
  • Afirmó que hasta el 22 de octubre de 1844 Jesús no ascendió a la diestra de Dios (The Great Controversy, p.480), contradiciendo con esto la misma palabra de Dios que declara que Cristo ha ascendido a los cielos, a la diestra de Dios (Hech. 1:9-11; 2:32-36; 1 Ped. 3:22).
  • Profetizó que ella estaría viva cuando Jesús regresara (Early Writings, pp. 15-16).
  • Profetizó que Inglaterra declararía la guerra a Estados Unidos durante la Guerra de Secesión (Testimonies for the Church, vol. I, p. 259).
  • Profetizó que la Guerra de Secesión americana (1861-5) era una señal de la pronta venida de Cristo (Idem, p. 260).
  • Profetizó en los años 50 del siglo XIX que Cristo regresaría en unos pocos meses (Early Writings, p. 58; Idem, p. 64; Idem, p. 67).
  • Profetizó que los adventistas que vivieran en 1856 estarían vivos para la Segunda Venida de Cristo (Testimonies for the Church, vol. I, pp. 131-132).
  • Profetizó que Cristo regresaría antes de que fuera abolida la esclavitud en Estados Unidos (Early Writings, pp. 35 y 276) lo que sucedió en 1863.


Charles Taze Russell (1852-1916), fue líder de la organización International Bible Students desde 1870 a 1916. Russell señaló que la segunda venida de Cristo ocurriría en 1874, luego en 1914 y por último en 1918.
Joseph Rutherford (1869-1942), fue el presidente de los “Testigos” desde 1917 a 1942. Bajo su liderazgo, la organización de los Testigos del Atalaya, vaticinó que el Armagedón ocurriría en 1925.
Nathan Knorr (1905-1979), fue presidente de los Testigos desde 1942 a 1977. Bajo la presidencia de Knorr, la organización de los Testigos, señaló que el Armagedón ocurriría en 1975, publicando las siguientes palabras: “Según esta cronología bíblica fidedigna seis mil años desde la creación del hombre terminarán en 1975, y el séptimo período de mil años de la historia humana comenzará en el otoño de 1975” (Vida eterna, en libertad de los hijos de Dios”, 29, publicado en 1966).


        Según la doctrina de los Testigos, el séptimo período de mil años corresponde al “milenio”, que según ellos es la época terrenal mencionada en Apocalipsis 20:4-6 (aunque Apocalipsis no menciona algún reinado milenial en la tierra). El vaticinio de Nathan Knorr, que comenzó a promocionarse desde 1966, involucraba cuatro eventos escatológicos que ocurrirían en 1975: 1) La batalla de Armagedón. 2) La aniquilación de la Iglesia Católica Romana y las demás denominaciones. 3) La destrucción de los poderes políticos mundiales. 4) El comienzo del Milenio en la tierra.


Conclusión
La Biblia no ha sido revelada para que los hombres usen las fechas y números en ella registrados como variables supersticiosas para datar eventos modernos. No hay código numérico revelado que permita calcular el cumplimiento de las cosas secretas que pertenecen a Jehová (Deut. 29:29; comp. Mat. 24:36).
Por mucho que se esfuercen los “teólogos” milenaristas, no podrán fechar sus eventos escatológicos imaginarios. Es importante reconocer que la segunda venida de Cristo, la resurrección general, el arrebatamiento y el juicio final, son eventos cuya fecha de cumplimiento no fue revelada y jamás se conocerá hasta que sucedan.
       Como hemos afirmado, y nuevamente repetimos, el esfuerzo de buscar en la Biblia las variables aritméticas para determinar eventos futuros es un trabajo vano, una imposibilidad matemática, y sobre todo un estudio pseudo bíblico que sólo produce conjeturas supersticiosas que apartan a los hombres de la verdad.
       Es lamentable como varios han torcido las Sagradas Escrituras fracasando en sus vaticinios sensacionalistas, mientras sus seguidores esperan en vano por el cumplimiento de sus torcidas ideas. Pero, más penoso aún, es que luego del fiasco profético de sus líderes, los seguidores buscarán el “error de cálculo” de sus antecesores y continuarán en una organización humana desconocida en las Escrituras.
       La Biblia fue revelada para que el hombre conozca el propósito eterno que Dios hizo en Cristo Jesús (Ef. 3:11) quien vino al mundo para darnos a conocer quien es Dios (Jn. 1:17-18).
Por esto, la vida eterna consiste en conocer (aprobar) al Padre y a su Hijo (Jn. 17:3) oyendo la sabiduría oculta que fue revelada por los apóstoles de Cristo (1 Cor. 2:7-10).

       Nadie puede alcanzar la vida eterna, en el día final, sin conocer a Dios y obedecer el evangelio de nuestro Señor Jesucristo (2 Tes. 1:7-9). Por esta razón la Biblia enfatiza la necesidad que el hombre tiene de oír a Cristo (Mat. 17:5; Hech. 3:23) a través de quien el Padre nos ha hablado (Heb. 1:1-2), y obedecer las condiciones del evangelio del Señor (Heb. 5:9; Mar. 16:15) para ser salvos (1 Cor. 1:21).


La iglesia que Cristo edificó


Por Gene Tope


¡Hay sólo una verdadera iglesia ante los ojos de Dios! Esta es la iglesia de la que leemos en la Biblia. Es la iglesia que fue comprada por la sangre de Cristo (Hech. 20:28) y empezada por los apóstoles.
Para examinar cómo era la iglesia originalmente debemos retroceder más allá de todo el sectarismo de los días actuales; retroceder más allá de la formación de la iglesia Católica Romana; retroceder hasta los días de los apóstoles; ¡hace casi 2000 años!

EL NACIMIENTO DE LA IGLESIA
HECHOS 2
Hechos capítulo 2, nos dice cómo la iglesia verdaderamente fue establecida. Luego de oír el evangelio, varios creyentes preguntaron: “¿Qué haremos?”, y Pedro les dijo que se arrepintieran y se bautizaran (Hech. 2:37,38). La Biblia dice: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (v.41). Hechos 2 cierra con esta explicación: “... Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. De Hechos 2 aprendemos las siguientes cosas importantes:  
1. Todos los que obedecieron la predicación de Pedro fueron salvos.
2. Todos los salvos fueron añadidos a la iglesia inmediatamente.
3. Cristo añade a su iglesia. Nadie se añade sólo a la iglesia verdadera.
4. Hechos 2 marca el comienzo de la iglesia que Jesús prometió edificar.

LA ADORACION DE LA TEMPRANA IGLESIA
Es tanto, interesante como beneficioso notar cómo adoraba la iglesia de Cristo. Un estudio de la iglesia en Jerusalén es especialmente útil para esto. Hechos 2:42 nos dice: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.
Perseverar en la doctrina de los apóstoles significa que los primeros discípulos obedecieron la enseñanza de los apóstoles. Como hombres inspirados sus enseñanzas eran divinas. Por tanto, los discípulos aceptaron la doctrina de estos hombres guiados por el Espíritu Santo.
La palabra comunión significa “participación en común”. Debemos tener comunión con Dios y con los compañeros cristianos. Una fase especial de la comunión es la ofrenda de nuestro dinero al servicio de Dios. Desde el mismo principio los discípulos fueron notorios por su generosidad (véase Hechos 4:32,34-35). El Nuevo Testamento enseña que los cristianos deben dar acorde a su prosperidad cada primer día de la semana (1 Cor. 16:1,2).
El partimiento del pan se refiere a la cena del Señor (1 Cor. 10:16). Esta cena conmemorativa, fue instituida por el Señor mismo. Todo cristiano fiel debe participar del pan y de la copa en lo cual, recordamos el cuerpo y la sangre del Señor. Algunos preguntan: “¿Qué tan a menudo debemos participar?” La Biblia dice que los primeros discípulos partieron el pan cada primer día de la semana; cada Domingo (Hech. 20:7).
La oración siempre ha sido uno de los mayores privilegios del pueblo de Dios. Los discípulos en Jerusalén perseveraban en tales súplicas a Dios. La oración correctamente puede ser contada como un acto de culto y adoración porque en ella alabamos a Dios y mostramos nuestra dependencia de Él (Mat. 6:9-13). Dios contesta solamente las oraciones de aquellos que quieren hacer Su voluntad (1 Ped. 3:12).
El cántico, aunque no es mencionado específicamente en Hechos 2:42, siempre estuvo incluido en la adoración de los primeros cristianos. En Colosenses 3:16 leemos: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales”.
A pesar de que David en el tiempo del Antiguo Testamento usó instrumentos musicales, los cristianos del Nuevo Testamento siempre cantaron sus alabanzas sin el acompañamiento de instrumentos mecánicos. El mandamiento y ejemplo en cada lugar en el Nuevo Testamento es “cantar”, no “tocar” instrumentos.

LA UNIDAD DEL NUEVO TESTAMENTO
Mientras la iglesia en Jerusalén es un modelo para ser seguido en la adoración, del mismo modo lo es también en su exhibición de unidad: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma” (Hech. 4:32). Tal armonía no fue un simple accidente, sino más bien la respuesta a la oración de Jesucristo de que todos sus discípulos fueran “uno” (Jn. 17:21-23).
Nunca fue la intención de Cristo que hubiera muchas iglesias. Ciertamente, el Nuevo Testamento reconoce solamente UNA. “... edificaré mi iglesia...” dijo Jesús (Mat. 16:18). Años más tarde, a medida que la iglesia se esparcía por todo el mundo, Pablo pudo escribir a los Efesios y exhortarles a “... guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” porque hay solamente “un Señor, una fe, un bautismo” (Ef. 4:3-6). Pablo dijo que Cristo tiene “un cuerpo” (1 Cor. 12-13,20).
Posiblemente el sectarismo más inmediato que podemos llegar a encontrar en la Biblia es 1 Corintios 1:10-13, donde la división religiosa es severísimamente reprendida. A los partidos dentro de la iglesia en Corinto, Pablo pregunta: “¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” Como la respuesta a todas estas preguntas es claramente negativa se debe seguir que:
1.    Los discípulos de Cristo no deben estar divididos.
2.    Los discípulos de Cristo no deben llevar nombres sectarios.
3.    Los discípulos de Cristo no deben seguir a los hombres, sino solamente a Cristo.  
Si las personas guardaran estas cosas en mente no habría divisiones, ni denominaciones. La sorprendente unidad de la temprana iglesia ocurrió porque ellos “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”. Puesto que los credos y doctrinas de los concilios humanos siempre producen contienda y división, la Palabra de Dios provee una base de verdadera comunión: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

LA ORGANIZACION DE LA IGLESIA
Según leemos en nuestras Biblias, el gobierno del Nuevo Testamento era en forma congregacional. Cada congregación era independiente de todas las demás en gobierno. Esto puede ser aprendido por medio de observar que los líderes de las congregaciones eran nombrados en cada una: “Y constituyeron ancianos en cada iglesia...” (Hechos 14:23).
El anciano del Nuevo Testamento es llamado también “obispo”. Los requisitos para este oficio están en Tito 1:5-9. Su obra está discutida en 1 Pedro 5:1-4 donde Pedro habla de tres diferentes responsabilidades:
1. Apacentar la grey de Dios.
2. Cuidar de ella.
3. Ser un ejemplo.

La práctica sectaria moderna es colocar un Obispo sobre muchas iglesias, pero en el orden del Nuevo Testamento son muchos obispos (ancianos) sobre una iglesia (Hech. 14:23; Tito 1:5; Fil. 1:1). Debido a que en el Nuevo Testamento no hay oficiales de mayor rango, tales como “arzobispo”, “cardenal”, o “Papa”, debemos concluir que los ancianos eran los únicos gobernadores, y la extensión de su gobierno era únicamente sobre un grupo local: “... la grey de Dios que está entre vosotros” (1 Ped. 5:2).
 
LA MISION DE LA IGLESIA
Cuando hablamos de la misión de la iglesia queremos decir su propósito para existir, y la obra que debe hacer. La Biblia nos dice que Cristo murió para comprar la iglesia (Hech. 20:28); por tanto, debe haber un propósito muy valioso para ella. La obra de la iglesia es espiritual, designada tanto para salvar el alma del hombre como para glorificar a Dios. En 1 Timoteo 3:15 nos es dicho que la iglesia es la “columna y baluarte de la verdad”. La iglesia es la organización exclusiva de Dios para llevar a cabo la predicación de la verdad (1 Tim. 3:15; Ef. 4:15,16).
Debemos mencionar que los cristianos ayudaron a otros cristianos en momentos de legítima necesidad. Ya hemos visto cómo los cristianos en Jerusalén compartieron con sus hermanos necesitados (Hechos 2 y 4). Además, cristianos de lugares lejanos enviaron socorro para los hermanos necesitados en otras partes (Hech. 11:27-30). En 1 Corintios 16:1,2 tenemos dadas las instrucciones divinas mostrando cómo estos fondos fueron recolectados.
Algunos quieren una iglesia netamente “social”. Estos creen que la iglesia existe como un centro para proveer compañerismo, entretenimiento y placer. Otros ven la iglesia como una clase de Cruz Roja “glorificada”, designada para suplir las necesidades materiales del mundo. Tal cosa no es la obra de la iglesia de Cristo.

¿EXISTE HOY DIA LA IGLESIA DE CRISTO?
Hemos estudiado la iglesia como está revelada en la Escritura y como existía hace 2000 años. Pero, ¿existe esa iglesia hoy? ¿Existe la original iglesia de Cristo? Tenemos el gusto de decir: . La Biblia nos dice que la iglesia de Cristo continuaría por todas las edades (Ef. 3:21).

¡La iglesia que Cristo edificó es la MÁS ANTIGUA en el mundo!
Jesús prometió edificar una iglesia, que sería su iglesia (Mat. 16:18). En Marcos 9:1 Cristo dijo que este reino (la iglesia) vendría con poder. Después de su resurrección Jesús dijo a sus apóstoles que esperaran en Jerusalén por el poder (Hech. 1:4-8). El poder vino en el primer día de Pentecostés siguiente a la resurrección de Cristo y la iglesia fue establecida en ese día, acorde al segundo capítulo de Hechos.

Jesús es el fundador y el fundamento de su iglesia (1 Cor. 3:11). Por lo tanto, cualquier otra iglesia establecida por alguna otra persona que no sea Cristo, en algún otro lugar que no sea Jerusalén, en algún otro momento que no sea el primer Pentecostés después de la resurrección del Señor, no es la iglesia del Nuevo Testamento. ¡La iglesia de Cristo tiene más de 1900 años de edad!

El pecado del Denominacionalismo


Por Gene Tope


Por la lectura de las Escrituras sabemos que Cristo vino para edificar su iglesia y que los salvos fueron añadidos a ella. También aprendemos de la Biblia que Cristo solamente edificó UNA iglesia y que todo Cristiano en el primer siglo era miembro de esa iglesia. ¡Hoy día esto es diferente! Hay cientos y cientos de diferentes iglesias. ¿De dónde vinieron todas ellas? ¿Le agradan a Dios? ¿Hay remedio para la división religiosa? Estas y preguntas similares entran en la mente del estudiante a medida que lee la Biblia. Es el propósito de esta lección demostrar que todos los creyentes pueden y deben ser uno en Cristo Jesús.

¿Qué es el Denominacionalismo?
El denominacionalismo es la división de los creyentes en partidos religiosos. Cada uno tiene su propio nombre humano, credo, organización, y términos de membresía. Cada uno permanece diferente a los otros para sobrevivir. Cada uno se considera así mismo que es el correcto, no importando cuán tolerante de los otros pudiera ser.  En cambio, la iglesia que Cristo edificó es de origen divino; por tanto, no es una denominación en ningún sentido de la palabra. Las iglesias por los hombres son de origen humano y de sabiduría humana. Son sectarias porque enseñan diferentemente de la iglesia original. Mediante esta comparación uno puede identificar una denominación.
Dios no tiene la intención de que el hombre cambie su palabra: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gal. 1:8). En el diagrama a continuación señalamos algunos de los errores practicados por las denominaciones. Por favor, compare estos errores con la verdad bíblica.

ERROR DENOMINACIONAL
VERDAD BÍBLICA
Títulos Humanos (Bautista, Luterano, Católico Romano, Metodista, Adventista, etc.)
Llevar el Nombre de Cristo — Hechos 11:26; Romanos 16:16; Colosenses 3:17.
Bautismo de Bebés
Bautismo de creyentes — Marcos 16:16; Romanos 6:4.
Música instrumental, adoración divertida
Cantar sin instrumentos — Efesios 5:19; Colosenses 3:16.
Guardar el Sábado
Adorar el Primer Día (el Domingo) —Hechos 20:7; 1 Corintios 16:1-2.
División entre Clero y Laicos, Vestimenta, especial, etc…
Ningún Clero; Todos Cristianos así como Sacerdotes — Mateo 23:5-12; 1 Pedro 2:5
Diezmos mensual
Ofrendando “según haya prosperado” los Domingos —1 Corintios 16:2.

¿Por qué el Denominacionalismo es incorrecto?
Cuando el hombre establece títulos y prácticas religiosas de origen humano no hace algo bueno; esta sola razón es suficiente para condenar el sectarismo. No obstante, deseamos continuar el tema para hacer bastante claro a todo buscador sincero de la verdad que el denominacionalismo no es el plan de Dios, sino del hombre. Simplemente, no es bíblico. Las denominaciones son desconocidas en el Nuevo Testamento.
¿De qué denominación lee usted en la Biblia? En lugar de muchas iglesias, solamente se habla de UNA. Jesús dijo: “edificaré mi iglesia” (nótese el uso singular del término “iglesia”, Mat. 16:18).
Pablo hace esto claro cuando dice: “Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” (1 Cor. 12:20).
A la iglesia en la ciudad de Efeso, Pablo hizo una súplica conmovedora exhortándoles a “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. El inspirado escritor continuó para explicar: “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Ef. 4:3-6).
Es evidente para todo corazón honesto, que ninguna denominación existía en el primer siglo. La iglesia de Cristo estaba bajo la autoridad de Dios, y a través del mundo todos los cristianos practicaban las mismas cosas, creían las mismas cosas, y adoraban en la misma forma.  
Por estas razones, el denominacionalismo es anti-bíblico. Cuando el hombre adopta su propio plan en preferencia a lo que Dios ha dicho, siempre va contra la sabiduría divina incurriendo en la ira de Dios. Cristo murió para que Sus discípulos pudieran todos estar unidos en la iglesia. Planeó que a través de la unidad de ellos el mundo pudiera creer en El. Cristo oró para que Sus discípulos: “sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn. 17:21). ¿No cree usted que el hombre es extremadamente descarado cuando no solamente ignora la oración de nuestro Salvador, sino que procede a establecer denominaciones según sus deseos?
El apóstol Pablo reprendió a los discípulos en Corinto cuando la división amenazaba. Siendo culpables de envidia, y divisiones, Pablo les pregunta: “¿No sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Cor. 3:3). En el capítulo uno, el apóstol inspirado dice: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Cor. 1:10).
El apóstol Pablo no pensó que las diferencias personales necesitaban diferentes iglesias. Urgió más bien a que los cristianos no solamente fueran de la “misma mente” sino aún del “mismo parecer”.

El remedio al Denominacionalismo
La iglesia del primer siglo fue la respuesta a la oración de nuestro Señor por la unidad. Pablo pudo escribir en forma afirmativa a los Efesios diciendo: “UN cuerpo”. A los Corintios se les instruyó a “hablar todos una misma cosa”. ¿Cómo se llevó a cabo esta sorprendente unidad? ¿Cómo pudieron miles en el primer siglo hablar todos las mismas cosas; ser de una misma mente y parecer? La respuesta reposa en el hecho de que todos ellos estaban siguiendo la misma enseñanza o doctrina.  
Hechos 2:42 nos dice que los discípulos en Jerusalén “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”. Era la doctrina de los apóstoles la que estos primeros cristianos seguían. Los apóstoles fueron guiados por el Espíritu Santo en esta enseñanza. Cristo mismo prometió, “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad...” (Jn. 16:13).
Así también Pablo afirmó: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gal. 1:11-12). Por tanto, seguir la enseñanza de los apóstoles es seguir la enseñanza de Cristo. Si las personas hoy día siguen únicamente la enseñanza de los apóstoles estarán unidos como lo estuvieron aquellos primeros cristianos. Puesto que los hombres han seguido las enseñanzas de los hombres, antes que la de los apóstoles, ha dado como resultado el denominacionalismo. Por ejemplo: La Iglesia Luterana sigue las enseñanzas de Martín Lutero, la Iglesia Metodista sigue a Juan Wesley, la Iglesia Presbiteriana sigue a Juan Calvino.
Dejemos los nombres humanos y los credos humanos y retornemos a la Biblia como nuestra única autoridad en todos los asuntos religiosos. La Biblia no solamente nos da una base sólida para la unidad, sino que nos asegura que estamos siguiendo la voluntad de Dios. Juan dice: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

¿Qué puede hacer usted? No es necesario esperar a que todas las iglesias se unan (esto nunca sucederá). Hay una forma en que usted puede derrotar el denominacionalismo en su vida — ¡por medio de convertirse SIMPLEMENTE EN CRISTIANO¡ ¿Cómo es hecho esto? Primero que todo empiece por estudiar lo que Jesús requiere de usted; ni más ni menos. Si usted cree en Cristo, se arrepiente de los pecados, confiesa Su nombre, es sumergido en agua para el perdón de los pecados, esto lo convertirá en cristiano. Usted no será miembro de alguna denominación y no se unirá a alguna. En lugar de eso, encuentre y asóciese usted mismo con otros discípulos que han obedecido al evangelio en la misma forma que usted lo ha hecho.
El fin del Denominacionalismo
En una ocasión cuando los Fariseos se estaban oponiendo a la Palabra de Dios, Jesús dijo: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mat. 15:13,14). Y así será con las denominaciones. Dios no las plantó. La división religiosa y el denominacionalismo es un invento del hombre, originado en la mente del hombre antes que en la mente de Dios. Un invento que se opone a la voluntad de Dios y de Cristo de que Sus discípulos sean uno. Sus doctrinas son contrarias a la doctrina Bíblica. No enseñan el camino de Dios de la salvación. Como Dios ha hecho con todos los sistemas erróneos, así hará con el denominacionalismo: ¡será desarraigado! 

Considere otra declaración de Cristo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declarará: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mat. 7:21-23). Ser religioso no es suficiente. Debemos hacer la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos si esperamos la salvación. 

Resolviendo los problemas familiares


Por Josué I. Hernández


         Hace un tiempo los canales de noticias informaron de cierto hombre que construyó un muro interno, que dividía su casa, con la intención de no tratar más con su esposa.  Parece un chiste, pero es verdad, esto pasó.   
Sin embargo, hay paredes divisoras que muchas familias han construido, y aunque estas paredes no se pueden ver ni tocar, son tan reales como un muro de concreto que impide que los familiares se expresen los unos con los otros.

         Sin duda alguna, si todas las personas aplicaran a sus relaciones familiares la declaración Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (Gal. 6:2) la historia sería muy distinta.  Ciertamente con el verdadero amor, que se aprende de Cristo y que involucra el diálogo sincero, los familiares se podrán comunicar efectivamente y  hablarse mutuamente al corazón, y así los unos llevarán las cargas de los otros.
         Cuando estamos dispuestos a revelar nuestras cargas, y somos sensibles a las cargas de los demás, se producirá inevitablemente un círculo de intimidad familiar para cumplir “la ley de Cristo” respecto a la familia.  Es una perogrullada, pero debemos insistir en que no se puede amar a quien reniega de la comunicación.  Es por la comunicación que nace el deseo de satisfacer las necesidades del otro.  Sin embargo, con demasiada frecuencia en las familias no hay un buen diálogo ni la atención suficiente para saber del otro.  Trágicamente, muchos han sido empujados al suicidio por sus familiares egoístas que fueron cobardes o faltos de voluntad frente  al diálogo.  La falta de diálogo es una de las causas principales de los varios problemas familiares y sociales de hoy.

         No se puede “limar asperezas” donde quedan resentimientos ocultos, amargura silenciosa o la hipocresía.  El diálogo franco siempre será necesario.  Por ejemplo, cuando Pablo resistió “cara a cara” a Pedro (Gal. 2:11-14) el conflicto entre ellos cesó.  Si todos los padres resistieran “cara a cara” la conducta de sus hijos, y los cónyuges se llamaran mutuamente a terreno para tratar los problemas conyugales, muchos conflictos se solucionarían efectivamente.  La comunicación no se debe menospreciar.

         En Mateo 18:15-17, Jesús enseñó el procedimiento a seguir cuando un hermano peca contra otro.  Aquí aprendemos que el agraviado debe ir a tratar el asunto con el ofensor directamente.  Sin duda alguna, esto debe aplicarse a la familia, así como a toda relación humana donde se ven involucradas las ofensas personales.  Entonces, cuando el hijo, el padre, la madre o el cónyuge presenta una queja, debe reaccionarse siendo pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse (Stgo. 1:19). 
¡Permita que en su familia cada cual exprese plenamente lo que siente!  No cometa el frecuente error de manifestar su desaprobación con una opinión apresurada sin haber oído primero, como dice la Escritura “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad” (Prov. 14:29).  Cuando somos “pronto para oír, tardo para hablar” con nuestros familiares estaremos dispuestos a hacer lo mismo frente a la palabra de Dios para obedecer la amonestación recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas (Stgo. 1:21).

         Otro principio bíblico aplicable a la vida familiar es el siguiente: Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados (Stgo. 5:16).  No hay duda de que la aplicación de este principio es una bendición para la familia.  Imagínese la armonía del hogar donde los padres y los hijos pueden ser capaces de confesar ofensas y perdonarse con sincero amor en una fluida comunicación.
La honestidad, la humildad y el coraje de reconocer las faltas, es una bendición en la familia, tanto para la comprensión mutua como para el diálogo sincero y honesto.  En un intercambio semejante, los familiares pueden expresarse con la seguridad de recibir la ayuda necesaria.
         En Efesios 4, se nos exhorta a ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (Ef. 4:32).  Nadie puede ser misericordioso, perdonador y benigno sin mirar con fe a la cruz de Cristo.  Cristo es una bendición para la familia.
         El Padre del “hijo pródigo” aceptó a su hijo con misericordia, compasión y alegría, a la vez que el hijo volvía arrepentido a sus brazos.  Tal cosa es posible hoy también, pero no sucederá sin el esfuerzo de cada familiar (Luc. 15:11-32).

         El diálogo familiar prudente no espera la perfección en el otro, sino que procura que todos se sometan a un estándar más alto, el estándar de Cristo.  Por lo tanto, un diálogo sano involucra la compasión, a pesar de que frente a cierto acto específico no exista la “aceptación”.  El arrepentimiento, mientras haya vida, siempre será posible, y en esto el optimismo es crucial.   
Cuando una persona honesta se da cuenta de que es amado y oído con atención será libre para abrir su corazón en el diálogo familiar.

         No construya un muro de separación entre usted y su familia, comparta sus sentimientos reales, sea honesto, humilde y misericordioso.  Comparta sus cargas, sus necesidades y sus emociones, a la vez que manifiesta la disposición de llevar las cargas de su familia.  De este modo se construirá un círculo familiar que no podrá ser quebrantado por las pruebas de la vida.

Una Familia Fuerte


Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará; Y con ciencia se llenarán las cámaras De todo bien preciado y agradable (Prov. 24:3-4).

Por Josué I. Hernández


Dios es el Creador de la familia, Él la instituyó.  Por lo tanto es lógico creer que Dios sabe lo que toda familia necesita y que ha provisto de toda la información necesaria por medio de las Sagradas Escrituras para fortalecer el hogar (2 Tim. 3:16-17).  La Biblia es el manual que Dios ha revelado para que todos los hombres puedan construir una familia fuerte y feliz.  Como dijo el salmista: “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican” (Sal. 127:1). 
Dios está interesado en el bienestar del hombre, y la familia fue creada para nuestro provecho y felicidad.  No exageramos cuando evaluamos el impacto de la familia sobre el individuo y la sociedad que le circunda, cuando la familia se deteriora la sociedad se desmorona inevitablemente.
Cuando Dios hizo pacto con Israel en el monte Sinaí, tres de los diez mandamientos tuvieron una relación directa con la familia: Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Ex. 20:12).  “No cometerás adulterio” (Ex. 20:14).  “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo (Ex. 20:17).

Un libro de la Biblia, en particular, tiene mucho que decir sobre la familia, este es el libro de Proverbios, el cual revela la sabiduría práctica de Dios para la edificación y enriquecimiento de todos los hogares.


Veamos algunos puntos que podemos considerar para edificar y fortalecer nuestro propio hogar:

1. Dios:
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza (Prov. 1:7). 
Mejor es lo poco con el temor de Jehová, Que el gran tesoro donde hay turbación (Prov. 15:16). 
Para que nuestra familia sea fuerte y feliz, Dios debe ser el integrante principal de ella y su perfecta voluntad, revelada en la Biblia, debe ser la guía familiar.

2. Compromiso:
La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba (Prov. 14:1).  En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia (Prov. 17:17).
Para que nuestra familia sea fuerte y feliz, cada integrante de ella ha de estar plenamente comprometido y totalmente interrelacionado con los demás en un compromiso de sincero amor para el progreso y bienestar del hogar.

3. Tiempo:
La memoria del justo será bendita; Mas el nombre de los impíos se pudrirá(Prov. 10:7).
Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos (Prov. 23:26).
Cada integrante de la familia ha de esforzarse todos los días por tener una interacción positiva con los demás, y construir juntos “gratos momentos” que serán en el futuro los “dulces recuerdos” de la memoria.

4. Comunicación:
Mejor es lo poco con el temor de Jehová, Que el gran tesoro donde hay turbación (Prov. 15:16). 
Manzana de oro con figuras de plata Es la palabra dicha como conviene (Prov. 25:11). 
“Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina” (Prov. 12:18).  
“El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones” (Prov. 13:1). 
“Gotera continua en tiempo de lluvia Y la mujer rencillosa, son semejantes” (Prov. 27:15).
Para que nuestra familia sea fuerte y feliz no necesita “más dinero” sino más comunicación de calidad.  La buena comunicación, la honestidad y la comprensión deben ser “la sangre” de la familia.

5. Aprecio:
El hombre se alegra con la respuesta de su boca; Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es! (Prov. 15:23). 
Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, Y tendré qué responder al que me agravie (Prov. 27:11).
Para que nuestra familia sea fuerte y feliz, debemos hacer del hogar un cálido refugio contra el frío mundo, a menudo malo y difícil.  En el hogar ha de encontrarse el apoyo mutuo y el estímulo continuo para perseverar firmes en medio de las tormentas de la vida.

6. Perseverancia:
Si fueres flojo en el día de trabajo, Tu fuerza será reducida (Prov. 24:10). 
Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal(Prov.24:16).  
Para que nuestra familia pueda navegar con éxito en las tormentas de la vida, la fe en Dios hará la diferencia.  Es la Escritura la que dirige exitosamente la fuerza de cada uno de los integrantes de la familia por el buen camino de la sabiduría y la paz.


Conclusión
        
         Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas (Deut. 6:5-9).


Oye, hijo mío, y recibe mis razones, Y se te multiplicarán años de vida. Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar… Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto (Prov. 4:10, 11, 18).

Cuatro “claves” para un hogar feliz


Por Josué I. Hernández


Nuestro hogar debiera ser el lugar más feliz que hemos construido sobre la faz de la tierra.  En él tenemos las personas más cercanas y queridas, quienes pueden ser una constante fuente de fuerza e inspiración.  Pero, para crear y preservar la felicidad del hogar se requieren ciertas cualidades y actitudes que pueden ser designadas en las siguientes cuatro claves para un hogar feliz:


EL AMOR

         Lo perfecto e ideal, en el plan de Dios, es el amor desinteresado que lleva a un hombre y a una mujer a formar un hogar.  Semejante amor se madura con el tiempo y se potencia con la feliz llegada de los hijos.
         El amor que une a una familia, en parte es un afecto natural, pero a la vez es mucho más que eso.  El patrón de Dios para la felicidad del hogar es el siguiente: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne(Ef. 5:25-31).
         Este amor, que el hombre aprende de Cristo, lo lleva a sacrificar sus propios anhelos, deseos y placeres, e incluso su propia vida, para asegurar la felicidad y el bienestar de su amada esposa y los hijos. ¿Quién en su sano juicio puede afirmar que semejante amor no sea la solución para construir hogares felices? Al contrario, semejante amor es un modelo para la propia madre y los hijos quienes retribuirán dicho amor.

         Desafortunadamente, muchos no entienden que la calidez del ferviente amor también puede marchitarse y morir.  El amor puede enfriarse (Mat. 24:12), y para mantenerlo vivo y activo se requiere el estímulo constante de la palabra de Dios, la estrecha asociación familiar con ella y el cuidado desinteresado en la continua interrelación familiar.

         Cuando los padres pasan largo tiempo fuera del hogar y tienen poco tiempo para sus hijos, frente al tiempo que dedican al materialismo, entonces los unos y los otros se convierten en extraños que coexisten bajo el mismo techo, pero que sin embargo jamás pueden ser una familia feliz.  
Por naturaleza los hijos aman a sus padres.  Pero este afecto natural se ve invalidado frente al egoísmo de la mayoría de los padres de hoy, quienes son capaces de entregar todo menos el amor verdadero.  Los hijos, siguiendo el mismo modelo egoísta, serán frustrados por la vanidad de la vida, al igual que sus padres.
Ningún juguete, regalo o cantidad de dinero, pueden remplazar a un padre y a una madre presentes, interesados y totalmente inmiscuidos en la crianza de sus amados hijos.  A pesar de esto, muchos niños y adolescentes son entregados a la televisión para ser criados por los “héroes” de la presente cultura que avanza más y más a la impiedad.
El problema de muchos jóvenes en tratamiento psicológico o psiquiátrico fue una niñez marcada por padres egoístas, materialistas y sensuales, quienes los menospreciaron por “avanzar” según los estándares de la sociedad.


LA CONFIANZA

         La confianza entre todos los integrantes de la familia involucra la certeza y la convicción en la lealtad y autodisciplina del otro, esta es “la fe” que toda familia necesita.  Ésta confianza lleva consigo gran seguridad y paz para todos los integrantes del hogar.   
Para lograr un ambiente de confianza, los padres deben seguir una regla que ha de ser necesariamente superior a ellos mismos y que sólo proviene de la Máxima Autoridad, Jesucristo (Mat. 28:18).  Es así como los padres pueden llegar a confiar plenamente el uno en el otro y a la vez pueden proyectar la misma confianza en los hijos.
La base para una confianza familiar perdurable es la fe en Dios.  Ésta fe viene por meditar constantemente en las enseñanzas de su palabra (Rom. 10:17) y por el esfuerzo constante de agradarle a Él (Heb. 11:6).  Esta es la razón por la cual, todas las cosas que realmente necesita una familia, como la verdad, la integridad, la justicia, la compasión, la misericordia, la confianza, etc, están íntimamente relacionadas con Dios, el Creador de la familia (Gen. 2:24).
Si los padres se esfuerzan por demostrar lealtad a Dios, en sus palabras y sus hechos, desarrollarán una gran confianza mutua, la cual es el resultado natural de su acercamiento a Dios, y así mismo ganarán la confianza de hijos. 
Es natural confiar en Dios como la base de la unidad familiar.  Una familia que se rebela contra Dios se arruinará a sí misma, estará dividida y caerá.  Cristo dijo Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer(Mar. 3:25). También dijo el salmista: “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican” (Sal. 127:1).


LA  AUTODISCIPLINA

         La autodisciplina se adquiere de forma gradual y es imposible sin la disciplina externa de los padres piadosos.  Lamentablemente, hace pocas generaciones, entramos en “la era de la permisividad”, de ahí en adelante a los niños se les permitió tomar sus propias decisiones y encaminar su propia vida.
         Los estudiosos que son amigos de la Biblia, están universalmente de acuerdo en que la permisividad es una tragedia para los niños y las familias.  Y todos nosotros, sin ser expertos, podemos aprender lo mismo por la experiencia cotidiana donde la permisividad está minando el poder de toda autoridad.
         Es la permisividad desde la primera infancia lo que pavimenta el camino para el alcohol, los cigarrillos, las drogas ilegales, la delincuencia, los hogares destrozados y un aumento alarmante de la taza de suicidios de adolescentes.

         Los niños y adolescentes inmaduros, que no tienen la capacidad de juzgar adecuadamente y administrar eficazmente la autodisciplina, deben ser guiados por sus padres, no deben ser dejados solos.  Y esta tarea no es de la iglesia, ni del gobierno, como podemos aprender de la palabra de Dios.
         En Efesios 6:1-3, el apóstol Pablo dijo: Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”. 
         La obediencia implica la existencia de variadas restricciones definidas en el hogar gobernado por los padres piadosos.  En esto los padres deben enfatizar a los hijos, desde la primera infancia, que algunas cosas son correctas y algunas están mal.  Los hijos, desde muy pequeños, deben crecer en un hogar donde hay limitaciones, y donde los padres son ejemplo de la autodisciplina. 
Cuando la instrucción preventiva fue vulnerada por la desobediencia de los hijos y la disciplina correctiva debe ser aplicada (Prov. 13:24), jamás debe disciplinarse motivados por la frustración y la ira, sino que siempre con el amor de Cristo.  Este amor sabe aborrecer lo malo (Rom. 12:9). 
Si la disciplina correctiva se efectúa bien, los niños darán fruto apacible de respeto y amor por los padres, porque se darán cuenta del gran amor de los padres que les corrigen para su bien.  Como el escritor a los hebreos dijo “tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos (Heb. 12:9).  Por lo tanto, aunque la disciplina parece una “equivocación” para el humanista de hoy, la palabra de Dios dice que después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados (Heb. 12:11).


LA  RESPONSABILIDAD

         La responsabilidad brota naturalmente en la familia que cuenta con las anteriores “claves” para un hogar feliz.  Si una casa está llena de amor, confianza mutua y autodisciplina, el resultado natural es el reconocimiento necesario de la propia responsabilidad.  Y es así como cada miembro de la familia se “siente” responsable ante los demás, y con un propósito que llevar adelante todos los días.
         En la familia piadosa, cada miembro tiene un deber desinteresado por los demás, y se entrega a sí mismo procurando merecer la confianza y la lealtad en la ejecución de las diversas funciones y tareas.  No sólo cada miembro recibe amor, confianza y lealtad, sino que primero él las da.

         En la familia piadosa, la responsabilidad es un hábito que se proyecta a toda la sociedad.