La Navidad


Por Bill H. Reeves


En los días que preceden al 25 de diciembre, vemos por todos lados actividades de la llamada Navidad.  Entre otras cosas, hay árboles y adornos navideños, luces a colores, compras de juguetes, música especial para la temporada, días libres de trabajo, y visitas especiales.  Las distintas iglesias anuncian servicios especiales y programas navideños. Muchos aceptan estas actividades como muy bíblicas, y la verdad sorprendente es que el aspecto religioso de las actividades de esta temporada no es nada bíblico. Preguntamos: ¿cuál es el origen de la Navidad como se celebra hoy en día? ¿Quién lo autorizó?  (En inglés, la palabra "Christmas" no quiere decir, Navidad, sino "Misa de Cristo".)  


¿Cuándo Nació Jesús?

Sobre el nacimiento de Cristo la Biblia sí habla. Hallamos su nacimiento narrado en Mateo y en Lucas. No hay más información inspirada sobre el particular. Mateo y Lucas no dicen nada respecto a fecha. No sabemos, pues, cuándo nació Jesús, ni el mes, ni el día.
  

¿Qué del 25 de diciembre?

Esa fecha es de las tradiciones de los hombres. Ellos han fijado diferentes fechas en todos los meses del año para el nacimiento de Jesús.  Las tres más aceptadas son el 6 de enero, el 25 de marzo, y el 25 de diciembre. ¿Por qué fue aceptada la del 25 de diciembre? Fue aceptada porque un Papa de Roma así ordenó, y los protestantes siguen esta tradición romanista. Pero la Biblia no menciona ninguna fecha.
  

¿Quién Autorizó La Navidad?

¿Quién, pues, autorizó la observancia y celebración de la llamada Navidad? No lo hicieron los apóstoles de Cristo. No hay en todo el Nuevo Testamento mención de que fuera celebrado el nacimiento de Jesús. Como la Biblia no habla de misa, tampoco habla de la misa de Cristo. Puesto que la Biblia no dice nada acerca de la Navidad, tenemos que ir a las enciclopedias para conseguir información. Ellas nos dicen que la llamada Christmas (Navidad) no fue celebrada en los primeros siglos después de Cristo. En esos tiempos era celebrada la muerte de las personas de importancia, y no su nacimiento.
  

La Cena Del Señor

La iglesia de Cristo sí celebra la muerte de Cristo. Cada primer día de la semana, se congregan iglesias de Cristo alrededor del mundo
para conmemorar la muerte de Cristo, al tomar la cena del Señor.  Dice 1 Corintios 11:26,  "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga".
Es "la mesa del Señor" (1 Corintios 10:21), pero no la "Misa de Cristo".  La "cena del Señor" (1 Corintios 11:20) es comida por los cristianos cada primer día de la semana (Hechos 20:7), porque éste es el "día del Señor" (Apocalipsis 1:10).
Cincuenta y dos veces al año, y no una sola vez en el año, iglesias de Cristo fieles hacen caso de la resurrección de Cristo de los muertos, pues sabemos que resucitó "el primer día de la semana" (Lucas 24:1).  Se congregan para rendirle culto a Dios por medio de Cristo Jesús.


El Bautismo

El bautismo bíblico también hace caso de la muerte de Jesucristo. Es inmersión en agua a semejanza de sepultura. Dice Romanos 6:4 así: "Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva".
En conclusión, del asunto, vemos que Dios en su Palabra enseña que se celebre la muerte de Jesucristo, su Hijo. Los hombres no tienen derecho de originar otro memorial y presentarlo en el nombre de la religión de Dios. Pero los hombres se interesan mucho en las tradiciones humanas, y hacen poco caso de las dos cosas ya mencionadas que apuntan a la muerte de Cristo


Lo Que La Biblia Sí Dice:

Muchos ignoran la narración bíblica del nacimiento de Jesús. Han oído por largo tiempo tantas historias tradicionales respecto a su nacimiento que piensan que así lo dice la Biblia.  Aquí hago una lista de las cosas enseñadas en la Biblia tocante a las circunstancias del nacimiento de Jesús:
  
Lo Que La Biblia Dice:
  • El hecho de su nacimiento, Mateo 1:25; Lucas 2:1-7.   
  • La visita de los pastores esa misma noche, Lucas 2:8-17.   
  • Jesús fue circuncidado al octavo día, Lucas 2:21.  
  • A los cuarenta días fue presentado en el templo, Lucas 2:22-38 (Levítico 12).   
  • La visita de los magos del oriente, Mateo 2:1-12. No sabemos cuántos eran. La Biblia no dice cuántos, ni nos da sus nombres; dice "unos magos", no tres, Mateo 2:1.   
  • El viaje a Egipto, Mateo 2:13-15.   
  • Los niños muertos en Belén, y en sus términos, de dos años abajo, Mateo 2:16-18.   
  • El retorno a Nazaret, Mateo 2:19-23. Mis amigos, esto es todo lo que la Biblia dice respecto al asunto. Es todo lo que Dios ha querido revelarnos.


Costumbres Navideñas

Ahora, consideramos algo acerca de las costumbres navideñas. Casi todas las costumbres asociadas con la Navidad, o la Christmas, no tienen nada de origen en las Escrituras. Son prácticas y creencias que la iglesia apóstata y el llamado cristianismo han adoptado de costumbres paganas. Según las enciclopedias, el énfasis puesto en las luces especiales en el tiempo de la Navidad tiene su origen en los fuegos que los romanos paganos hacían para su culto al Sol.  Por largo tiempo se usaban velas en la celebración de la Navidad, y ahora se usan luces eléctricas.
En cuanto al árbol navideño, se cree generalmente que es de origen alemán, siglo octavo.  Los paganos hacían sacrificios a ciertos árboles, y de esto nació la idea de adornar un árbol al honor del niño Jesús.
"Santa Claus" es contracción para decir San Nicolás. Nicolás era un religioso del siglo 4, que vino a ser, para algunos, el llamado santo patrón de los niños.
El comercio ha entrado en gran manera en el asunto de la Christmas. Las ideas originales de estas prácticas y costumbres tradicionales con el tiempo se olvidan, y el comercialismo toma la delantera. Como muchos celebran la llamada "semana santa" emborrachándose, muchos también celebran el nacimiento de Jesús de igual manera. Los comerciantes se aprovechan de la temporada nada más para hacerse más ricos.  Por esto, ha salido un refrán muy popular en inglés, que dice, "Keep Christ in Christmas", que significa, conservar a Cristo en la Christmas.  Esto lo dicen los más religiosos, que lamentan el espíritu popular que prevalece durante el tiempo de la Navidad, espíritu que conduce a la embriaguez y a otras actividades semejantes. Pero en realidad, es imposible guardar a Cristo en la Christmas, o en la Navidad, porque ¡nunca ha tenido Cristo nada que ver con la Navidad! La Palabra de él ni siquiera menciona a la "Christmas", o bien a la Navidad. La Navidad como se celebra hoy es una mezcla de costumbres, prácticas y creencias paganas y semireligiosas, teniendo al nacimiento de Jesús como tema central.  
En lugar de conservar a Cristo en la Christmas, el cristiano verdadero verá que la temporada de la llamada Navidad sea para él todo menos un tiempo (o el 25 de diciembre, un día) de significado religioso. Como día, o días, de fiesta nacional, un tiempo observado en el país como tiempo de fiesta, está bien que el cristiano use ese día, o días, como usaría cualquier otro día nacional de fiesta. Puede, si quiere, regalar presentes, hacer comidas especiales, visitar a familiares, adornar un árbol, y participar en otras actividades inocentes asociadas con la temporada, con tal que lo haga un día o temporada de fiesta nacional, y nada más. No se le obliga hacer nada de estas cosas.  Si por razones de conciencia no puede hacerlas, que no las haga. Si a su juicio hacer algunas de las cosas mencionadas haría tropezar a ciertos hermanos en la fe, que no las haga. Pero tampoco nadie juzgue a otros por su propia conciencia (1 Corintios 10:29).

Hay muchos días de fiesta nacional. Algunos de éstos tienen tema religioso. El cristiano puede hacer caso de tales días, pero no en ningún sentido religioso. Puede ocuparse en actividades que sean inocentes en sí, aunque en el caso de otro la conciencia no le permitiera, por alguna asociación mental con el tema religioso.  Cada quien decida por sí mismo, y respete la conciencia del otro.

¿Habrá servicios especiales en las iglesias de Cristo en la Navidad? ¡En ninguna manera! Las iglesias humanas estarán haciendo gran caso del 25 de diciembre, pero las iglesias de Cristo no tendrán nada que ver con tales prácticas faltas de autorización bíblica. Tal posición no es popular, pero nuestra meta no es agradar a los hombres, sino a Dios.
  

Dice Cristo en Mateo 15:9 que es en vano honrarle con doctrinas de hombres. Observar religiosamente la Navidad es culto vano. Mis amigos, salgan del denominacionalismo.

Hoy más que nunca, predicar “a Cristo” requiere que prediquemos acerca de la iglesia local, su organización y su obra


Por Josué I. Hernández


Introducción

Hay un tremendo esfuerzo denominacional por separar a Cristo de la iglesia (así como separar “la gracia” del “evangelio”, o la “ley del perdón para los inconversos” de la “comunión con Cristo”).  
Los líderes religiosos afirman cosas tales como, “prediquemos a Cristo y no a la iglesia”, pues para ellos la iglesia es una institución provisoria y prescindible en el plan de salvación de Dios y en la relación personal del hombre con él. Pero, Cristo y su iglesia (Mat. 16:18) son inseparables en el propósito eterno de Dios (Ef. 3:9-11). 


Predicar a Cristo requiere que prediquemos acerca de la iglesia local

La Biblia enseña claramente, que predicar “a Cristo” involucra predicar acerca de la iglesia de Cristo (Hech. 8:5,12, que es el reino), la cual es su cuerpo (Ef. 1:23) y él es su Salvador (Ef. 5:23). Además, no podemos predicar “a Cristo” sin mencionar la sangre de Cristo. Y no podemos predicar sobre la sangre de Cristo sin hablar sobre la iglesia de Cristo, tanto en su sentido universal como en su sentido local. La razón es clara, la iglesia en su sentido distributivo (universal) fue comprada con la sangre de Cristo (Ef. 5:25; 1 Ped. 1:18,19), y la iglesia como organización (sentido local) también (Hech. 20:28). En fin, cada fiel cristiano está íntimamente relacionado con la sangre de su Señor (cf. Rom. 5:9; 1 Cor. 6:20; Ef. 1:7; Heb. 9:14; 10:19; 13:12; Apoc. 1:5; 5:9).

La predicación fiel de la verdad no tan sólo procura enseñar acerca de la iglesia universal, sino también acerca de la iglesia local (1 Cor. 11:22), la cual es inseparable del Señor, porque es “templo de Dios” (1 Cor. 3:16), “cuerpo de Cristo” (1 Cor. 12:27, texto griego) y “rebaño de Dios” (1 Ped. 5:2). Esta organización local tiene a Cristo como Amo y Señor, porque él es quién le da órdenes por medio de su palabra (cf. 1 Tim. 4:17), la compró con su sangre (Hech. 20:28), y es la cabeza de ella (cf. 1 Cor. 12:27), como lo es también de la iglesia en su sentido universal (Ef. 1:22).

Entonces, al predicar sobre la iglesia local, su organización y su obra, estaremos predicando “a Cristo”, quien la compró con su sangre, y la gobierna como su cabeza desde el cielo mediante su palabra. La razón de todo esto es simple. Predicar sobre la iglesia local es doctrina de Cristo (2 Jn. 9), y dicha doctrina mora en los miembros de la iglesia local (Col. 3:16) los cuales están organizados por el Señor como cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:27, texto griego).

Sólo la verdad de Cristo rescata del error (Jn. 8:32), y la naturaleza y obra de la iglesia local es doctrina de Cristo (2 Jn. 9) que rescata del error denominacional. 

Entonces, ya que la iglesia local es “cuerpo de Cristo” (1 Cor. 12:27), no puede ser aislada del Señor. La iglesia local es “columna y baluarte de la verdad” (1 Tim. 3:15), y al exponer en alto la verdad, inevitablemente, la institución divina que la soporta será identificada. La iglesia local es carta escrita por Dios, en la cual los inconversos leen la verdad del evangelio (cf. 1 Cor. 14:23-25; 1 Tes. 1:8-10).


La predicación según el libro de los Hechos

Felipe “predicaba a Cristo” (Hech. 8:5), y aprendemos que predicar “a Cristo” significó que predicaba acerca del “reino de Dios”, el cual es la iglesia (Hech. 8:12). Todos los samaritanos supieron del reino-iglesia ya establecido y al cual serían añadidos (cf. Hech. 2:47) si obedecían el evangelio (cf. Hech. 2:41; Col. 1:13; Apoc. 1:9). Pero, esto no significa que Felipe rehuyó enseñar acerca de la iglesia local y su organización a los samaritanos, o que los samaritanos eran absolutamente ignorantes acerca de la iglesia local que debían formar al organizarse por la verdad.
Obviamente, el caso de hoy es algo diferente, pues en aquel entonces no existían las denominaciones de la llamada “cristiandad”. 
Hoy en día, predicar siguiendo el ejemplo de Felipe, significa denunciar el denominacionalismo como una planta que será desarraigada (cf. Mat. 15:13), y al hacer esto, se debe enseñar con urgencia acerca de la iglesia local, su organización y su obra.

El registro de Lucas en el libro de los Hechos, nos enseña que los apóstoles y otros autores inspirados, cuando predicaron a quienes no conocían la revelación especial de Dios en las Escrituras, les dijeron que de los ídolos se volvieran al Dios vivo, que el Dios verdadero no habita en templos hechos por manos humanas, y que no son dioses los que se hacen con las manos (cf. Hech. 14:15; 17:24; 19:26). El ambiente general entregado a la idolatría exigía semejante predicación; y el apóstol Pablo, por ejemplo, argumentaba desde el punto de conocimiento de su auditorio. A los paganos no les citaba inmediatamente las Escrituras; ellos no creían en la revelación especial; así que el apóstol comenzaba su exposición desde la revelación natural del poder y la gloria de Dios, para llevar a los incrédulos a la revelación especial de las Escrituras (Rom. 1:19-20).
El caso era diferente cuando Pablo llegaba a una sinagoga, donde los judíos y prosélitos ya estudiaban las sagradas Escrituras (ej. Hech. 9:20-22; 13:5) como palabra de Dios. Tal auditorio facilitaba la predicación del evangelio apelando directamente al divino mensaje y comprobando el cumplimiento de las profecías cumplidas por Jesús de Nazaret, en su nacimiento, ministerio, muerte, sepultura, resurrección y ascensión a los cielos para sentarse a la diestra de Dios como Señor y Cristo (cf. Hech. 2:14-36; 13:13-43).
Para los primeros cristianos era preciso demostrar, al predicar el evangelio, la Deidad de Cristo (Hech. 3:13-15; 8:37; 9:20) el reino de Dios (8:12; 19:8; 28:23,31) y la autoridad de Jesús como Señor (2:36; 4:12; 8:12). Esto involucraba la refutación de los conceptos ajenos al evangelio de aquellos días, siendo el más común la idolatría general de los gentiles. En la actualidad, la predicación fiel del evangelio debe involucrar la exposición de los males del denominacionalismo y las doctrinas peculiares de las diversas denominaciones.


La predicación necesaria en la actualidad

En consideración de cada auditorio que requiere predicación del evangelio, en muchos lugares se debe predicar con urgencia contra la idolatría general siguiendo la argumentación revelada en las Escrituras, cuyo ejemplo vimos anteriormente. Sin embargo, en aquellos lugares donde prolifera el denominacionalismo, y los sectarios son el auditorio, se debe enseñar necesariamente acerca de la iglesia local y su organización en contraste con las estructuras religiosas de las denominaciones.
Muchos estudiantes de la Biblia pertenecen a alguna denominación, y están totalmente desinformados y confundidos respecto a la naturaleza y obra de la iglesia local, y requieren la información bíblica debida cuando les enseñamos el evangelio. 
Podemos ilustrar lo anterior con un ejemplo bastante claro. Algunos grupos sectarios del denominacionalismo bautizan “para perdón de los pecados”, pero dejan igual de perdidos a sus miembros porque no les enseñaron previamente la verdad. Simplemente no los bautizaron en el “un bautismo” que Cristo mandó (Mat. 28:20; Ef. 4:5), y los añadieron a una institución religiosa desconocida en las Escrituras. No hacen salvos a los perdidos simplemente porque les bauticen para el perdón de los pecados, aunque el propósito por el cual bauticen sea el correcto. Los miembros de tales denominaciones, como de cualquier otra, requieren con urgencia obedecer al evangelio (cf. 2 Tes. 1:8; 1 Ped. 4:17). 

Cierto “pastor” de mi ciudad, aprendió varios rudimentos del evangelio con nosotros, pero nunca obedeció el evangelio, siguió en su denominación y considerando como hermanos a todos los miembros de las denominaciones evangélicas. Luego, él continuó predicando desde el sectarismo, pero “bautizando para perdón de pecados” a los feligreses que estudiaban con él, animando a la comunión con las denominaciones pentecostales de la región y sus líderes sectarios.
Mormones, adventistas, pentecostales, y otros grupos de mi país, bautizan “para el perdón de los pecados” a quienes reciben en sus congregaciones, pero, sin enseñarles primero el evangelio no denominacional revelado en las Escrituras. En fin, nadie puede ser “mal enseñado” y “bien bautizado”, ¿verdad?  Se requiere más que el propósito correcto de algún “bautismo” para ser añadido al cuerpo de Cristo (cf. Jn. 3:3,5; 1 Cor. 4:15; Sant. 1:18; Ped. 1:22-25).
En 1 Corintios 12:13, el apóstol Pablo escribió, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo…” El “un cuerpo” de este pasaje es la iglesia de Cristo (“la iglesia, la cual es su cuerpo”—Ef. 1:22,23). Cuando el pecador penitente llega a ser bautizado en Cristo, es bautizado en el cuerpo de Cristo, que es la iglesia de él. Pero el sectario no puede ser bautizado en el cuerpo de Cristo, o sea en su iglesia, al ser añadido a una denominación.
Los miembros de estos grupos denominacionales requieren saber con urgencia acerca de la iglesia local y su organización para salir del error. Necesariamente se ha de estudiar este tema al evangelizarles, para que vean por sí mismos que fueron bautizados con un propósito correcto, pero con la clara intención de ser añadidos a una organización desconocida en la Biblia, a una denominación con iglesias-sucursales, y con una jefatura terrenal que las gobierna desde la sede central.


Conclusión

Será cosa rara que alguno obedezca el evangelio sin preguntar primero dónde se congrega la iglesia local, cómo financia el evangelismo, cómo adora, cómo está organizada, etc. ¿Rehusaremos responder sus preguntas acerca de la iglesia local, su organización y obra? Entonces, ¿será posible predicar acerca de Cristo sin predicar sobre la iglesia local? Digámoslo de otro modo, ¿se deja de predicar a Cristo cuando se instruye acerca de la iglesia local la cual es “cuerpo de Cristo” (1 Cor. 12:27)?
Nadie puede pretender predicar realmente “a Cristo” cuando rehúye hablar acerca de la naturaleza y organización de la iglesia local, a los sectarios desinformados. Este tema es doctrina de Cristo (2 Jn. 9), la fe de Jesús (Apoc. 14:12).


Entonces, ¿cuándo debemos predicar acerca de la iglesia local y su organización? Siempre, ya sea a los salvos como a los perdidos. La iglesia local es algo bueno. Debemos hablar sobre lo bueno. Por lo tanto, debemos hablar de la iglesia local. Si no lo hacemos, rehusamos enseñar lo bueno de la palabra de Cristo (Col. 3:16), la cual debe abundar en los miembros de una congregación del Señor.

EL LADRÓN EN LA CRUZ


¿Es ejemplo de salvación para nosotros hoy en día?


Por Bill H. Reeves



LA NARRACIÓN NOVOTESTAMENTARIA
Mateo 27:44;  Marcos 15:27, 32; Lucas 23:39-43

Mateo y Marcos nos narran que dos ladrones, o malhechores, fueron crucificados juntamente con Jesús.  Mateo nos dice que los dos injuriaban a Jesús.  No obstante, Lucas nos relata que uno de los dos se arrepintió de su mala actitud de corazón, pues reprendió al otro que seguía injuriando a Jesús.  Este hombre arrepentido reconoció la inocencia de Jesús, al confesar que él y el otro estaban sufriendo lo que sus malos hechos merecieron.  Se acordó de su temor a Dios.  Creyó que Jesús tenía un reino y que vendría en él después de la muerte.  Mostró grande fe.  “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”  Entonces Jesús le dijo, “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”  Según el uso de la palabra “paraíso” en el Nuevo Testamento, hemos de entender que su alma estaría aquel día en reposo al encontrarse en el estado llamado Hades, éste siendo el lugar de espíritus fuera del cuerpo.


EL ARGUMENTO FAVORITO

Por largo tiempo los protestantes, que afirman que la salvación es por la fe sola, han negado la necesidad de que la persona se bautice para recibir el perdón de sus pecados, con referirse al caso del ladrón en la cruz.  “No fue bautizado,” dicen, “pero sí fue salvo.”  Nos dicen que deberíamos querer ser salvos como él fue salvo.  El oyente muchas veces queda bien impresionado por este argumento.  “Es cierto,” piensa, “no fue bautizado, sin embargo fue salvo.  Por consiguiente, tampoco tengo yo que ser bautizado.”  


¿SON CONSECUENTES AL HACER TAL ARGUMENTO?

Si este argumento tan sobresaliente según ellos tiene validez, ¿por qué no lo aplican a otros mandamientos de Dios para esta última dispensación? Por ejemplo, ¿por qué no decir, “No tomaba la Cena del Señor, pero sí fue salvo; por eso no tenemos que tomar la Cena del Señor”?  Otra vez, “No ofrendaba cada domingo, pero sí fue salvo; por eso no tenemos que ofrendar cada primer día de la semana.” Luego, “No era llamado cristiano, pero sí fue salvo; por eso no tenemos que llevar el nombre de Cristo”.


CONFUNDIR LA CUESTION

La sutileza de este argumento tan falso se ve en que el que lo hace no “usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15).  Notemos lo que hace el falso maestro:
(1) Ignora la distinción entre los dos Testamentos, siendo el primero el Antiguo Testamento y el segundo el Nuevo Testamento (Hebreos 8:6-13; 9:15-17). El ladrón en la cruz vivió y murió bajo el Antiguo Testamento (pues el Nuevo no fue establecido hasta que hubiera muerto Jesucristo). El bautismo, presentado en el evangelio de Cristo, es mandamiento del NUEVO TESTAMENTO, el cual no estaba en vigor antes de la cruz de Cristo.   
(2) Ignora que el bautismo en el nombre de Jesucristo no había sido ordenado por Cristo antes de su muerte en la cruz. Esta ordenanza fue dada por primera vez después de la resurrección de Cristo, y poco antes de su ascensión a los cielos (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15,16).  Como antes de la muerte de Cristo no se le mandó a nadie hacer ofrenda cada domingo, ni tomar la Cena del Señor, tampoco se le mandó ser bautizado en el nombre Jesús para perdón de los pecados. 
(3)  Ignora otros casos en Mateo, en Marcos, en Lucas, y en Juan, en que creyeron personas, pero que no fueron salvas por su fe sola.  ¿Por qué no citar el caso del joven rico, a quien le faltaba nada más vender sus posesiones, y seguir a Cristo?  (Mateo 19:16-22).  ¿Por qué no citar el caso de los gobernantes que creyeron en Cristo, según la referencia en Juan 12:42,43?  ¿Fueron salvos estos? Según Santiago (2:19), aun los demonios creen, y tiemblan. ¿Están salvos por eso? 
(4)  Ignora que las narraciones de Mateo, Marcos, Lucas y Juan no tienen por propósito darnos ejemplos de casos de conversión bajo el evangelio de Cristo, sino darnos evidencias para producir fe en Jesús de Nazaret, quien es Dios venido en la carne (Juan 20:30,31).  El libro del Nuevo Testamento que Dios diseñó como libro de ejemplos de casos de conversión es
HECHOS, el quinto libro del Nuevo Testamento. 
(5)  Ignora que la GRAN COMISIÓN, dada a los apóstoles de Cristo de ir por todo el mundo a predicar el evangelio, no fue dada antes de la muerte de Jesús, sino hasta después. El ladrón en la cruz nunca oyó los términos de la Gran Comisión. Nadie los oyó antes de la resurrección de Jesús.  El argumento hecho respecto al ladrón en la cruz, considerado de muchos como tan efectivo y persuasivo, y diseñado para negar la importancia del bautismo en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados, ¡no toca la cuestión de COMO SER SALVO el pecador inconverso en esta dispensación del evangelio!


EL LADRÓN Y EL NUEVO TESTAMENTO

Todo el mundo debe saber que la Biblia consta de DOS Testamentos: el Antiguo y el Nuevo. El Antiguo Testamento (la Ley de Moisés) fue dado a los judíos solamente, y duró desde que se dio la Ley de Moisés en el monte Sinaí hasta la cruz de Cristo, o sea casi 1500 años. Era el testamento o acuerdo hecho por Dios con su pueblo escogido, los judíos. Sirvió su propósito de llevar los judíos a Cristo (Gálatas 3:19-25), y luego fue cambiado (Hebreos 7:12; 8:6-13; Colosenses 2:14; Efesios 2:14,15).  El Nuevo Testamento, o acuerdo de Dios hecho con todos los hombres, y no solamente con los judíos, fue hecho posible a precio de la sangre de Cristo (Mateo 26:28; Hebreos 13:20).  Fue inaugurado el Nuevo Testamento cuando el día de Pentecostés fueron predicados los requisitos del evangelio por primera vez (Hechos capítulos 2). (El día de Pentecostés llegó cincuenta días después de la crucifixión de Jesús). 
Cristo resucitó de los muertos y por unos cuarenta días apareció en diferentes ocasiones a sus discípulos. Entonces apareció a sus apóstoles por última vez, y les comisionó a ir por todo el mundo a predicar el evangelio a toda criatura, diciéndoles que el que creyera y fuera bautizado sería salvo (Marcos 16:15,16). En esta ocasión el bautismo, para perdón de los pecados, fue ordenado por primera vez. Este evento sucedió unos cuarenta días después de ser crucificado Jesús. Unos diez días después de eso, por primera vez predicaron los apóstoles los requisitos del evangelio aquel día de Pentecostés (Hechos 2).
El ladrón en la cruz murió antes de ser establecido el Nuevo Testamento del cual es parte el bautismo en el nombre de Jesucristo.  ¡Con razón él no fue bautizado en Cristo!


EL BAUTISMO SEGÚN ROMANOS 6:3-5

Se le suplica al lector leer ahora este pasaje.  Según dicho texto el bautismo introduce al bautizado en la muerte de Cristo, siendo sepultado él juntamente con Cristo. Además, el bautizado es resucitado en la semejanza de la resurrección de Cristo. Siendo así el caso, ¡era imposible que el ladrón fuera bautizado en Cristo! ¡Todavía no había muerto Cristo, cuanto menos resucitado! Pero nosotros sí podemos ser bautizados en Cristo, porque vivimos bajo el NUEVO  Testamento, que manda el bautismo en Cristo.  Cristo ya ha muerto y resucitado de los muertos, y por eso podemos ser bautizados en su muerte, según Romanos 6.  


EL BAUTISMO Y EL UN CUERPO

1 Corintios 12:13 dice, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo…” El “un cuerpo” es la iglesia de Cristo (“la iglesia, la cual es su cuerpo”—Efesios 2:22,23).  Cuando uno es bautizado en Cristo, es bautizado en el cuerpo de Cristo, que es la iglesia de él. Ahora, el ladrón en la cruz no pudo ser bautizado en el cuerpo de Cristo, o sea en su iglesia, porque la iglesia todavía no existía, pues fue comprada a precio de la sangre derramada de Cristo (Hechos 20:28). Pero nosotros, que vivimos de la muerte de Cristo para acá, sí podemos ser bautizados en su cuerpo, que es su iglesia, porque la iglesia ahora existe, gracias a la muerte de Cristo en la cruz.  Con razón leemos que Dios “añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47), porque cada día iba gente obedeciendo al evangelio, siendo bautizada en Cristo Jesús, según el mandamiento del evangelio en la Gran Comisión.


LA IMPORTANCIA DEL BAUTISMO

La falsa doctrina respecto al ladrón en la cruz se propaga para quitarle al bautismo bíblico su importancia, y para dar toda la importancia a la fe sola. Pero dejemos que las Escrituras hablen: 


  • ES MANDAMIENTO—Hechos 10:48,  “Y mandó bautizarles.”
  • ES PARA SALVACIÓN —Marcos 16:16,  “El que creyere y fuere bautizado será salvo.”  1 Pedro 3:21, “El bautismo….nos salva.” 
  • ES PARA REMISIÓN DE PECADOS — Hechos 2:38, “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.”
  • ES PARA LAVAR LOS PECADOS — Hechos 22:16, “Levántate y bautízate, y lava tus pecados.”  ES PARA ENTRAR EN EL REINO DE DIOS —Juan 3:5,  “…el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” 
  • ES PARA REVESTIRSE UNO DE CRISTO -Gálatas 3:27, “todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” 
  • ES PARA SER SEPULTADOS Y RESUCITADOS CON CRISTO, y ANDAR EN NOVEDAD DE VIDA —Romanos 6:3-5,” ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?  Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.  Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección.”  

EL LADRÓN NO ES EJEMPLO

El ladrón en la cruz no es ejemplo de cómo ser salvo uno hoy en día bajo el Nuevo Testamento. La narración del ladrón en la cruz sí se encuentra en tres libros del Nuevo Testamento, pero esos libros narran eventos que sucedieron bajo el ANTIGUO Testamento. El propósito principal de estos libros del Nuevo Testamento es hablarnos de la vida y hechos de Jesucristo, para producir fe en él. Pero para saber qué hacer para llegar a ser cristiano, la persona debe ir al quinto libro del Nuevo Testamento, a HECHOS, porque es el libro que tiene el propósito de darnos ejemplos de cómo hombres y mujeres de todas las naciones fueron convertidos a Cristo. Allí vemos que en cada caso de conversión, ¡la persona fue bautizada!

La Envidia

"El corazón sosegado es vida para la carne; pero la envidia es carcoma de los huesos" (Prov. 14:30, VM). 

Por Josué I. Hernández


¿Sabía usted que aunque el envidioso procure la caída de quien él envidia, siempre es el envidioso mismo quien sufre más daño? 
Por envidia Cristo fue crucificado (Mar. 15:10). Algunos predicadores carnales y egoístas envidiaban la influencia del apóstol Pablo (Fil. 1:15). La envidia es una obra de la carne que bloquea nuestra entrada al cielo (Gal. 5:21). Sin embargo, “el amor no tiene envidia” (1 Cor 13:4), el cristiano motivado por el amor siempre piensa y busca lo mejor de los otros (1 Cor. 13:7-8). 

¿Estamos en secreto (y pecaminosamente) envidiando a los demás? La envidia no se limita a que nos guste algo y que busquemos alguna cosa que otro ha logrado, lo cual podría ser un asunto perfectamente inocente. El pecado de la “ENVIDIA” (Gr. Fthonos) “Es el sentimiento de disgusto producido al ser testigo u oír de la prosperidad de otros” (Vine). Por lo tanto, la envidia involucra siempre un conjunto de malos pensamientos hacia la persona envidiada.

¿Por qué la buena fortuna de los demás nos golpea moralmente? ¡Por la envidia! ¡Es el ego pecaminoso el que está actuando aquí! No el amor desinteresado, como deberíamos tener los cristianos.

La envidia de los líderes religiosos frente a la enseñanza efectiva y exitosa de Jesús los cegó, por lo tanto, lo rechazaron. Siempre, la envidia destruirá las buenas relaciones (Sant. 3:14,16), ocasionando, incluso, la calumnia contra el que es objeto de la envidia para tumbar su carácter y/o buena influencia. 

Nadie más en el mundo sabe que estamos envidiando a otros, excepto nosotros mismos y el Señor. Por lo tanto, si estamos envidiando ¡debemos cambiar la disposición de nuestro corazón!
No destruyamos nuestra relación con Dios y su pueblo por abrigar envidia en nuestros corazones: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Ped. 2:1-3). 

El Señor Jesús nunca envidió a nadie, Él vio a todos con ojos de amor, con ojos de buena voluntad (Jn. 13:1; Mar. 10:21). Debemos seguir su ejemplo (1 Ped. 2:21).
Para el verdadero discípulo de Cristo, la vida en Cristo es una vida buena y útil para con Dios y los hombres. Hemos sido bendecidos más allá de lo que merecemos. Si procuramos manifestar el carácter que Jesús aprueba (Mat. 5:1-12), eliminaremos el veneno de la envidia de nuestro corazón y nos llenaremos de la gracia sanadora de su amor sacrificial. 

La medicina para la envidia, como el apóstol Pedro nos exhorta, es el deseo intenso de alimentarnos de la bendita palabra de Dios (1 Ped. 2:1,2). 
No hay lugar para el egoísmo cuando estamos enfocados en el Señor y su bendita voluntad para nuestras vidas. 

¿Pecados de Diciembre?


Por Josué Hernández


Al escribir este artículo, vienen a mi mente varias creencias que se mantienen como doctrina bíblica sobre la llamada “Navidad”. Hay mucho material escrito por hermanos y sectarios que se basa en el origen de este festejo popular sin mirar consecuentemente todos los hechos del caso y la evidencia bíblica al respecto.

"Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido" (Rom. 14:1,2).


Quiero señalar primero, la necesidad irrenunciable de mantener una actitud conservadora de la doctrina de Cristo, ya que en asuntos morales y doctrinales no hay libertad para creer y practicar lo que a cada cual bien le pareciere (Gal. 1:8,9: 2:11,12). Esta es la razón por la cual la “unidad en la diversidad” es una práctica tan nociva.
La “unidad en la diversidad” (ecumenismo) produce la paz del cementerio, pero no la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3). La unidad por la cual Cristo oró en el huerto de Getsemaní, está basada en su palabra revelada (Jn. 17:6,23).
Es muy importante decir además, que Romanos 14 no se aplica a las controversias acontecidas por la comunión con el error o la predicación de falsas doctrinas y practicas inmorales. 
A pesar de lo anterior, es muy evidente que varios llamados “conservadores” practican el ecumenismo al tolerar lo que Dios no tolera y que parecieran aplicar Romanos 14 con su conducta y práctica, aunque no lo digan abiertamente.
El mandato de Pablo a Timoteo, sobre retener el patrón de las palabras que había oído de él (2 Tim. 1:13) y el recordatorio a los corintios respecto a la doctrina que Pablo predicaba en todas partes y en todas las iglesias (1 Cor. 4:17) son elocuente testimonio de la importancia de predicar, creer y practicar solamente la doctrina de Cristo (Filipenses 4:9). 
No está de más recordar lo que dijo el apóstol Juan en su segunda epístola, advirtiendo sobre la comunión con el error y las consecuencias que esto implica (2 Juan 9,11). Pero, en cuanto a las muchas opiniones sobre las costumbres culturales e inocentes de la época de diciembre, podemos hacer una adecuada y consistente aplicación de Romanos 14. Nótese que nos referimos a las costumbres inocentes, es decir, las costumbres que no implican una observación religiosa de la llamada “Navidad” ni la práctica de inmoralidades.

Romanos 14 se aplica a las cuestiones de opinión, amorales e indiferentes en sí mismas, pero que a la vez generan división a menos que el pueblo de Dios deje de menospreciarse y condenarse por asuntos sobre los cuales no hay ley de Dios definida, ya que son asuntos amorales.

Romanos 14 fue escrito en un contexto de tensión entre judíos y gentiles. Se presentaron asuntos bien definidos que ocasionaban roces, críticas y juicio de condenación. Y es muy significativo notar, que estas cuestiones no eran problemas considerados “inocentes” por los que condenaban a sus hermanos en Cristo, ellos los veían como asuntos graves que merecían la más tajante desaprobación. Estos hermanos pensaban que obraban legítimamente al condenar a los que no eran de su opinión en cuanto a las comidas y días de fiesta relacionados con su pensar judío (Rom. 14:1-6,10).
Las situaciones que generaban estos problemas, eran a la vez, cuestiones que ocasionaban el menosprecio de quienes no mantenían ésa sensibilidad escrupulosa de los hermanos judíos (Rom. 14:3,10); para ellos, la evidencia parecía bien fundamentada y consistente. Estos hermanos creían que determinadas costumbres, asociadas a ciertos días y fiestas, a la luz de la libertad en Cristo, eran cuestiones amorales, que se podían o no observar y sin pecar contra Dios.
El apóstol Pablo, no discutió precisamente quien estaba o no en lo correcto, sino que en Romanos 14, presentó la doctrina de Cristo como la solución al conflicto, para que ambos grupos de hermanos en pugna miraran más allá de sus opiniones y derechos, concentrándose en sus deberes delante del Señor a quien daremos cuenta (Rom. 14:10,12).


¿ES PECADO ADORNAR UN PINO EN DICIEMBRE?


Seguramente algunos dirán que sí, a pesar de que algunos hermanos adornan un pino sin un fin religioso sino solamente como una costumbre secular sin motivación pagana, ni mucho menos esotérica.
Para estos hermanos escrupulosos el pino es algo “inmundo” en sí mismo (Rom. 14:14) aunque en realidad en una cuestión amoral, que cuesta cierto dinero y tiempo arreglar.


UNA COMPARACIÓN INCONSISTENTE


No negamos que el pino de la llamada “Navidad” tenga origen en el paganismo. Lo que sí negamos es que el uso actual de este adorno tradicional, tenga conexión espiritual con alguna costumbre esotérica o pagana de antaño.
La comparación inconsistente de algunos hermanos, es la relación que hacen entre el pino navideño y el paganismo. Tal relación original no existe, sino en la mente de aquel que lo cree así (Rom. 14:14), pues alguien puede adornar un pino sin ser católico y sin creer en “San Nicolás”.
La mayoría de la población no celebra la “Navidad” (aquí en Chile), sino que adorna un pino y compra regalos para los suyos sin conectar su costumbre con la tradición religiosa originada siglos atrás, muchos ni creen en la existencia de Jesús.
Las grandes tiendas comerciales saben de que la mayoría de las personas, tiene más dinero en los bolsillos y se aprovechan de esto para engatusar los corazones materialistas con la excusa de la llamada “Navidad”, pero sin que les importe lo religioso que originalmente era esta festividad.


¿OBSERVACIÓN RELIGIOSA DE LA NAVIDAD?

Algunos hermanos “secretamente” regalan obsequios a sus familiares y amigos, a pesar de no celebrar la llamada “Navidad”, todo con la intención de no generar la desaprobación que impera en los corazones de algunos predicadores escrupulosos que han impuesto su opinión por años.
Es común en algunos el preparar sermones, artículos y estudios para etiquetar como “paganos” a sus hermanos en Cristo, prohibiendo como ley lo que según su opinión es paganismo católico.
Recuerdo el caso de una hermana, que comenzando diciembre iniciaba la campaña “anti pino de Navidad” enojándose grandemente contra sus hermanos en Cristo que aun cuando no celebraban la Navidad, ni les importaba mayormente el tema, sólo querían que ella desistiera de su juicio severamente condenador (Rom. 14:3-10) y no causara divisiones por su conducta pecaminosa (1 Tim. 2:11,12). Esta hermana sufría mucho por sus escrúpulos, y en la fecha de la “Navidad” se encerraba en su casa para no tener contacto con la sociedad. Creo que este es el caso más extremo que he conocido respecto a la desaprobación del pino navideño y las costumbres seculares ocurridas en diciembre.


EL USO DE LOS PROPIOS RECURSOS

Es común en diciembre, en la sociedad latina, que las empresas premian el esfuerzo de los trabajadores, los comerciantes venden más de sus mercancías y la población general tiene más dinero en los bolsillos. Lo anterior genera un clima propicio para regalar a los seres queridos, según la propia fuerza y capacidad monetaria, lo cual no es pecado si no se cae en el consumismo y el endeudamiento materialista con las populares tarjetas de crédito.
Es interesante notar que muchas personas con las cuales nos topamos al cruzar la calle, ni siquiera manejan el significado que originalmente tuvieron los adornos llamados “navideños” y que a la vez celebran esta festividad nacional secular sin importarles mayormente alguna observancia religiosa asociada
Este autor, jamás acusaría a sus hermanos en Cristo de PAGANOS porque adornan un pino o porque entregan o reciben algún regalo en diciembre. Ya que los casos que conozco, se remiten a participar en una costumbre amoral sin alguna intención esotérica o pagana (Rom. 14:5,6). A la vez, este autor, ha renunciado a su libertad respecto a cuestiones indiferentes en sí, que causan molestias y discusiones innecesarias, aún cuando Cristo no lo condena (1 Cor. 10:33) para no causar que algún hermano tropiece en su caminar y se pierda (Rom. 14:15).
Es común al hombre sin Dios, el vivir la vida para satisfacer su propio egoísmo carnal, por lo tanto, todo recurso que obtenga en diciembre lo ocupará para pecar (Gal. 5:19,24), satisfaciendo los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Jn. 2:15,17). Lo mismo que hace en diciembre, el mundano lo practica en la fecha de su cumpleaños o en la celebración de la independencia.


LO QUE HAGA EL MUNDANO, NO CONTAMINA DETERMINADA FECHA DEL AÑO

Hay cristianos débiles en sus convicciones a quienes debemos recibir con corazón abierto: Rom. 14:1,2. No debe existir menosprecio ni condenación entre hermanos por opiniones: Rom. 14:3-4. 
Debemos admitir que hay opiniones diferentes: Rom. 14:5-6, y ya que todos vivimos para Cristo, las opiniones serán reguladas no por el egoísmo de algún caprichoso, sino por la voluntad del Señor: Rom. 14:7,9.
Miremos el futuro, el juicio final limita nuestra reacción hacia las opiniones distintas: Rom. 14:10,12. Hagámonos la meta de evitar los tropiezos con nuestras opiniones: Rom. 14:13, recordando que en cuanto a “comidas” y “días festivos” nada es inmundo en sí: Rom. 14:14 y que debemos vivir en amor (buena voluntad activa): Rom. 14:15.
Recordemos que la vida cristiana no consiste en opiniones escrupulosas y juicios condenatorios respecto a cosas indiferentes en sí: Rom. 14:16-17 sino en agradar a Dios buscando lo que contribuye a la paz y la mutua edificación: Rom. 14:18-19. 


Tengamos cuidado de dos reacciones extremas:

1) Destruir la obra de Dios por opiniones (Rom. 14:20).
2) Recibirnos a pesar de la diferencia doctrinal (2 Juan 9-11).

"Acción De Gracias"


Por Josué I. Hernández


Sabemos que millones de estadounidenses celebran lo que llaman “El Día de Acción de Gracias”. Luego, y obviamente, “acción de gracias” es para muchos un día concreto en noviembre, aquel día tradicional para reunirse con la familia y disfrutar de una cena. En este día, los parientes y amigos tienen la oportunidad de visitarse. Los aficionados de los deportes disfrutan sus eventos preferidos. Otros tienen una perspectiva más histórica y dan una importancia nacional, e incluso religiosa, a este día. Para muchos amantes de la caza, este particular día implica la caza de conejo o ciervo, antes o después de la comida de acción de gracias. Así, el “día” de acción de gracias significa diferentes cosas para diferentes personas, dependiendo de la cultura y la tradición de cada cual.

Hay, sin embargo, una “acción de gracias” que no está ligada a ningún determinado día tradicional del año, en cuanto a las tradiciones seculares. Este tipo de “acción de gracias” es mucho más relevante y necesario que las comidas y tradiciones especiales, por muy conservadoras que estas sean. Nos referimos a la respuesta humana a los favores y bendiciones de Dios.

El creyente en la Biblia entiende la acción de gracias como algo que debe ser dirigido regularmente a Dios. El apóstol Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil. 4:6). Lamentablemente, muchas personas sólo piensan en sus deseos egoístas cuando piensan en orar a Dios. No obstante, y respecto a la oración, el apóstol Pablo dijo: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Col. 4:2). Varios otros pasajes del Nuevo Testamento mencionan la continua acción de gracias que Dios merece y el hombre piadoso expresa a Dios. Consideremos algunas cosas por las cuales debemos estar siempre agradecidos: 
  • Debemos estar agradecidos por el alimento. El Señor Jesús daba gracias al Padre con regularidad por los alimentos (ej. Mar. 8:6; Jn. 6:11,23; Luc. 24:30). Justo antes del naufragio en Malta, el apóstol Pablo “tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer” (Hech. 27:35). Con razón se nos instruye con la siguiente verdad: “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias” (1 Tim. 4:4). 
  • Debemos estar agradecidos por el plan de salvación de Dios. El inspirado apóstol Pablo dijo a los corintios: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor. 15:57). De acuerdo con los primeros versos de este mismo capítulo, este plan de salvación se revela por medio del evangelio (15:1-3). Entonces, debemos recibir el evangelio para ser salvos. Como argumenta Pablo en 1 Corintios 15:1, él había predicado anteriormente el evangelio a estos santos de Corinto, hablándoles al principio de cuatro grandes hechos respecto a Cristo (que murió, que fue sepultado, que resucitó y que apareció); esta ocasión se registra en el libro de los Hechos, y el pasaje nos declara la respuesta de fe que tuvieron los corintios a esa predicación: “y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hech. 18:8). 
  • Debemos estar agradecidos de que la palabra de Dios es comprensible. Como se ilustra en la historia anterior de las conversiones en Corinto, las instrucciones de Dios se pueden entender, y Dios nos manda que entendamos (Ef. 5:17). Pablo dijo a los santos de Colosas, “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” (Col. 2:6,7). Pablo nos dice claramente que leyendo la palabra de Dios la podemos entender (Ef. 3:4), y debemos agradecer a Dios por su sabiduría y el conocimiento de su palabra, que sin la revelación especial en las Escrituras no tendríamos. 
  • Debemos estar agradecidos por los fieles hermanos que nos rodean. El apóstol Pablo a menudo daba gracias a Dios por otros cristianos (ej. Ef. 1:16; Col. 1:3; 1 Tes. 1:2). Tito, Timoteo y Epafrodito, entre otros varios, son especialmente reconocidos por su servicio a los santos (2 Cor. 8:16; Fil. 2:19-30). Debemos estar agradecidos por aquellos santos cristianos a causa de su amor, celo y coraje. 
No todas las personas son agradecidas. Pablo describió a muchos como ingratos y malos (2 Tim. 3:2; Rom. 1:21). Estos pasajes exhiben que la ingratitud es una actitud de los perdidos. En cambio, al dar gracias a Dios, el hombre reconoce la existencia y la providencia de Dios. Dios también es glorificado por la acción de gracias del hombre (2 Cor. 9:12), y así el hombre admite su propia dependencia de Dios.

Dar gracias a Dios es un acto de fe, y se nos instruye a hacerlo (Fil. 4: 6). Por lo tanto, al pensar en la “acción de gracias”, pensemos en algo más que un cierto día del año. Pensemos en Dios.


¿Hacen los Hombres Milagros por el Poder de Dios Hoy en Día?


Por Mack Kercheville


Hay mucha evidencia bíblica de que milagros semejantes a los de la Biblia no existen hoy en el mundo. En este artículo vamos a presentar brevemente estas evidencias. Pero, primeramente, queremos afirmar nuestra confianza en los milagros de la Biblia. No queremos dejar ni por un momento la impresión de que negamos los milagros de la Biblia. Tampoco queremos dejar la impresión de que no creemos que Dios tenga el poder de hacer milagros ahora. Creemos que Dios tiene tanto poder como siempre y si quisiera podría dar a los hombres ahora el mismo poder milagroso que dio a sus apóstoles. Lo que sucede es que Dios no quiere dar a los hombres tal poder ahora.
Al negar la existencia de milagros en el tiempo presente, no negamos en ninguna manera el poder de la oración, y creemos que Dios contesta nuestras oraciones. Pedimos el pan de cada día (Mateo 6:11). Entonces salimos a trabajar responsablemente. Dios prospera nuestro esfuerzo y, por providencia de Dios, tenemos el pan de cada día en contestación a nuestra oración a Dios. Pero, Dios no manda el pan milagrosamente como mandó el maná en el desierto a los judíos (Éxodo 16). Cuando estamos enfermos oramos a Dios y pedimos sanidad y entonces hacemos la misma cosa que cuando pedimos el pan de cada día. Nos esforzamos para curarnos, consultando a los médicos, tomando las medicinas que necesitamos, etc.  Dios en su providencia nos sana.


Los milagros fueron dados para probar la divinidad de Cristo y la inspiración de los apóstoles.

"Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:30,31). Este texto nos dice por qué Cristo hizo sus milagros y por qué tenemos en el Nuevo Testamento el testimonio de estos milagros. Cristo no sanó a todos los enfermos.  Sanó solamente a los que servirían como testimonio de su divinidad. Cristo, en una ocasión, llegó al estanque de Betesda donde "yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, y paralíticos" (Juan 5:3), y Cristo sanó a un solo hombre ahí (Juan 5:8).   
Los apóstoles y otros discípulos de Cristo en el primer siglo del cristianismo hicieron sus milagros para probar su inspiración y para confirmar el mensaje que predicaban. "Y ellos (los apóstoles), saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían" (Marcos 16:20).  “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad" (Hebreos 2:34).
Ya que tenemos ahora la Santa Biblia en su forma completa y mucha evidencia en ella para hacernos creer en Cristo por la palabra de sus apóstoles, no necesitamos poder milagroso para confirmar la palabra. Ya fue confirmada la palabra de Dios. El testimonio escrito es suficiente.  Si hay algunos que no van a creer ahora hasta que vean un milagro, están en la misma condición de los cinco hermanos del hombre rico en Lucas 16:19-31. Abrahán dijo al hombre rico: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos". Nosotros decimos de la misma manera, que si alguno no cree por el testimonio del Nuevo Testamento, tampoco se persuadiría si alguien le hiciera un milagro en su presencia.  Muchos de los fariseos, después de ver muchos milagros de Cristo, todavía dijeron: "Maestro, deseamos ver de ti señal" (Mateo 12:38).
Entonces el propósito que Cristo tuvo al hacer milagros y al dar a otros el poder de hacer milagros, ya no existe. Cristo ya cumplió este propósito. La palabra ya está confirmada. Nuestra fe ahora está basada en el testimonio escrito.  (Juan 20:30, 31; Romanos 10:17).


La Biblia profetizó el fin de los dones milagrosos.

En 1 Corintios 13 el apóstol Pablo profetizó el fin de los dones milagrosos, y dijo claramente que fueron para la niñez de la iglesia (v.11). En 1 Corintios 12 Pablo comenzó una discusión de los dones milagrosos, incluyendo los dones de lenguas, de profecía, y de sanidades (vv. 8-10, 28, 30). El capítulo 13 dice que el don del amor es más grande que los dones milagrosos y una razón es que el don del amor permanece (1 Corintios 13:8). En el versículo 13 dice que hay tres dones que son más permanentes que el don milagroso: la fe, la esperanza, y el amor.
Pero, si creyéramos como algunos, que los dones milagrosos van a continuar hasta el fin del mundo, tendríamos que decir que Pablo se equivocó al decir que la esperanza permanece y los dones milagrosos se acaban, porque en el fin del mundo se terminará la esperanza. Se convertirá en realidad para los salvos y los condenados no tendrán ninguna esperanza. En el fin del mundo se termina la esperanza, pero si los dones se terminan al mismo tiempo, ¿en qué manera es la esperanza más permanente que los dones milagrosos?
¿Por qué hizo el apóstol Pablo este argumento? Pablo dice que los dones de lenguas, profecía, y ciencia, se terminarían cuando viniera lo que es perfecto (1 Corintios 13:8-10). ¿Qué era la cosa perfecta que iba a traer el fin de los dones? Por supuesto que es una cosa que hace con perfección lo que estos dones de lenguas, ciencia y profecía hacían en parte. ¿Qué hacían estos dones? Revelaban al mundo la voluntad de Dios, pero no revelaron en una sola ocasión toda la voluntad de Dios. Pablo dijo: "En parte conocemos, y en parte profetizamos" (v.9). Por ejemplo, en Hechos 2 el apóstol Pedro recibió el Espíritu Santo y predicó la Palabra de Dios con los otros apóstoles. Pero, Pedro no entendió hasta Hechos capítulo 10 que Dios quería que predicara a los gentiles también.
¿Ha venido ya una cosa que revele hasta la perfección la voluntad de Dios? Sí, ha venido, y es la Santa Biblia en su forma completa. En los primeros años de la existencia de la iglesia no existía todavía el Nuevo Testamento completo en forma escrita. Los autores inspirados estaban escribiéndolo.  Durante ese tiempo si un profeta predicaba una cosa, ¿cómo sabía la gente si predicaba la verdad o no? Ahora nosotros podemos probar la doctrina de cada uno por la Biblia, pero ellos no tenían la Biblia completa. Faltando esto, Dios les dio a los profetas el poder de hacer milagros para confirmar su palabra, y en varias maneras les dio poder milagroso para confirmar la predicación de la Palabra. Pero, durante el primer siglo los autores inspirados completaron el trabajo de escribir el libro perfecto. Ahora, si queremos saber si alguno enseña la verdad o no, estudiamos la Biblia y comparamos la enseñanza con la Biblia. Ya vino lo que es perfecto, y ya se terminaron los dones milagrosos.
Muchos leen los textos que prometen dones milagrosos, como Marcos 16:17-18; Santiago 5:14,15, pero ignoran los textos que anuncian el fin de estos dones milagrosos. La misma Biblia que dice una cosa dice la otra. ¿Vamos a creer toda la Biblia o la parte que nos conviene?


La Biblia dice que los dones milagrosos se terminaron.

Dos grupos de personas podían hacer milagros: los que habían recibido el bautismo del Espíritu Santo, y los que habían tenido la imposición de las manos de los apóstoles (Hechos 2:4,43; Hechos 8:17-19; Hechos 19:6).  
El bautismo del Espíritu Santo no se recibe ahora. Nunca fue prometido a todo el mundo (Juan 14:17). Fue prometido a los apóstoles (Hechos 1:5; Lucas 24:49). La casa de Cornelio también recibió este bautismo (Hechos 10:44).  Pero el apóstol Pedro, hablando de esta ocasión en Hechos 11:15 dijo: "Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio". Estas palabras "al principio" significan mucho. Significan que no era la costumbre de Dios bautizar en el Espíritu Santo frecuentemente. Aunque la iglesia había existido por algunos años, Pedro no pudo acordarse de otra ocasión cuando el Espíritu Santo hubiera caído sobre los seres humanos desde "el principio" o, en otras palabras, desde el día de Pentecostés. Después de esto, el apóstol Pablo dijo en Efesios 4:5 que hay un solo bautismo, y en Efesios 5:26 que este bautismo es en agua. Entonces, si hay un solo bautismo, y este bautismo es en agua, ya no existe el bautismo en el Espíritu Santo.
Tampoco existen los dones milagrosos dados por la imposición de las manos de los apóstoles, por la sencilla razón de que ya no hay nadie en el mundo hoy que pueda haber recibido la imposición de manos de un apóstol. Con la muerte de los apóstoles se terminó el acto de impartir dones milagrosos.


¿Cómo explicamos los llamados milagros del tiempo presente?

Muchos dan testimonio de haber visto milagros o de haber sido sanados milagrosamente.  ¿Cómo explicamos esto?
El mucho testimonio de tantos diferentes grupos es una cosa que produce duda de la veracidad de tal testimonio. Por ejemplo: Los católicos dan mucho testimonio de milagros que han hecho sus "santos". Los mormones dan el mismo testimonio de los milagros hechos por sus ancianos. Los diferentes grupos de "pentecostales" dan testimonio de los milagros que han hecho por medio de oraciones a Dios y el poder del Espíritu Santo. Pero, bien sabemos que el Espíritu de Dios no está con los católicos, los mormones, y los pentecostales al mismo tiempo. Si los milagros de los católicos son verdaderos, entonces los milagros de los mormones y pentecostales son falsos, etc. Pero todos dan el mismo testimonio y el testimonio de cada grupo tiene la misma fuerza. Esto es suficiente para hacernos creer que los milagros de los tres grupos son falsos. No hay ninguna razón lógica por que debamos creer en los milagros de un grupo y negar los milagros de los otros.
Quizás no hay una razón que sola describa lo que pasó en todos estos llamados milagros, pero hay algunas explicaciones que vamos a enumerar. Cada supuesto milagro se entiende por uno o más de los puntos siguientes:
1. Muchos llaman "milagro" a una curación natural cuando viene pronto.  Los médicos dicen que el 80% de las enfermedades se curan solas por causa del poder del cuerpo para resistir y vencer las enfermedades que lo atacan.
2. Muchos confunden el milagro con la providencia de Dios. El milagro bíblico fue instantáneo y sirvió como señal de la autoridad de quien hizo el milagro. Dios en su providencia y en contestación a nuestras oraciones todavía sana a los enfermos. Hay que distinguir entre las dos cosas.
3. El poder de la sugestión. Los médicos dicen que muchos no están enfermos físicamente, sino que están sugestionados. Están enfermos porque creen que están enfermos. Los doctores tienen tabletas hechas de harina y azúcar que dan a esas personas. Si el enfermo tiene suficiente fe en el doctor y en la medicina, sanará por sugestión de los síntomas que tiene también por sugestión. Muchos están enfermos de verdad, pero por el poder de la sugestión pueden creer que están sanos y aun comportarse temporalmente como si estuvieran sanos.
4. Muchos son víctimas de un diagnóstico falso. Los médicos más expertos a veces se equivocan al decir qué enfermedad tiene uno. Dicen que uno tiene síntomas de cáncer o tuberculosis u otra enfermedad grave, y después descubren que no es como pensaban. Muchos, después de oír el primer diagnóstico, se arrodillan enfrente de una imagen, o piden las oraciones de un "sanador" y cuando resulta que no tuvieron la enfermedad que los doctores indicaron, creen que fueron sanados milagrosamente.
5. Satanás tiene poder para hacer milagros falsos y para confundir y hacernos creer doctrina falsa. "Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuera posible, aun a los escogidos" (Mateo 24:24). "Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el Espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos" (2 Tesalonicenses 2:8,9). "También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió" (Apocalipsis 13:13,14). A la luz de estos textos es interesante notar que los que pretenden tener poder milagroso para hablar en lenguas, profetizar, sanar enfermos, etc., son los mismos que también enseñan doctrinas falsas acerca del plan de salvación, la iglesia, la adoración que Dios manda, la organización de la iglesia, etc.
Cristo dijo en Mateo 7:22,23: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad". No confiemos entonces en estos maestros falsos que pretenden tener poder milagroso que Dios no les dio. Confiemos mejor en Cristo, en su Palabra escrita, para aprender a sanar nuestras almas de sus enfermedades espirituales.