Con los hechos lo niegan



Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra (Tit. 1:16).

          “Los judíos más que nadie profesaban conocer a Dios, y de éstos Pablo habla principalmente (ver. 10), aunque también los gnósticos hacían la misma reclamación.  Profesar significa declarar, o confesar, públi­camente.  Pero la profesión sin la práctica es hipocre­sía.  Estos falsos maestros de­mostraban una gran contradicción entre la pro­fe­sión y la práctica.  Negaban a Dios, al preferir sus pro­pios caminos, elevándolos sobre la doctrina apostólica.  Véanse 1 Tim. 5:8 (ha negado la fe), y 2 Tim. 3:5” (Notas sobre Tito, Bill H. Reeves).

Muchas personas religiosas afirman con vehemencia que “conocen” a Dios. Ellos afirman que tienen fe en él y que “aprueban” sus mandamientos. Ellos profesan que Jesús es su Señor y se maravillan de lo que Él dijo e hizo. Sin embargo, sus palabras no tienen sentido por sus acciones pecaminosas. Lamentablemente, muchos hablan como si fueran discípulos de Cristo, sin embargo, demuestran lo contrario con sus hechos.  En fin, la profesión sin la práctica es la fe sin las obras, una fe cadáver (Stgo. 2:26).


Conociendo a Dios

El propósito de la existencia humana es “buscar” a Dios (Hech. 17:27).  Ésta búsqueda y posterior encuentro se puede ilustrar de la siguiente forma: Dios busca verdaderos adoradores (Jn. 4:23) y si el hombre “busca” el reino de Dios y su justicia inevitablemente se producirá un encuentro (Mat. 6:33; cf. 7:7), a éste encuentro la Biblia le llama “conversión” (Hech. 26:18).  Nadie se convierte si no lo quiere hacer (cf. Jn. 3:19-21; 5:39-40; 7:17; Mat. 23:37), la conversión no es un accidente.
La conversión implica el volverse de y volverse hacia.  La conversión es el volverse del pecado hacia la comunión con Dios.  La conversión es el proceso por el cual el hombre se vuelve del pecado a Dios.  Es  el “giro” de la vieja vida en el pecado a la vida nueva en  Cristo.  La conversión se lleva a cabo en la mente del hombre, mientras que el perdón tiene lugar en la mente de Dios.  El hombre obedece el evangelio aquí en la tierra, Dios le perdona allá en los cielos.
Pero, luego de la conversión, el cristiano ha de crecer en el conocimiento de Dios, y para ello ha de esforzarse, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios (Col. 1:10). 

          Conocer (Gr. “ginosko”) a Dios es aprobar a Dios en una relación con él, una aprobación de su persona, sus planes y su palabra.  En el NT, ginosko indica frecuentemente una relación entre la persona que conoce y el objeto conocido; a este respecto, lo que es conocido es de valor e importancia para aquel que conoce, y de ahí el establecimiento de la relación… el conocer sugiere aprobación y tiene el significado de ser aprobado (VINE). 
Entonces, conocer es “aprobar”, y ser conocido es “ser aprobado” (Ej. Sal. 1:6; 1 Cor. 8:3; Gal. 4:9; Rom. 8:29; 2 Tim. 2:19; Jn. 10:14).  De ahí que el verdadero éxito de la vida humana sea, en palabras de Cristo, “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).


Hechos que niegan a Dios

Enseguida presentamos una breve lista con ejemplos lamentables de quienes han negado a Dios con sus hechos y han causado división en la iglesia del Señor:
  • Los judaizantes obligaban a los hermanos gentiles a convertirse en judíos para ser hijos de Dios (Hech. 15:1-2).
  • Los que imponían leyes humanas en cuanto a las comidas y el ascetismo (Col. 2:20; 1 Tim. 4:1-3).  
  • Los que decían que Cristo no había venido en carne (1 Jn 4:3) y que Jesús de Nazaret no era el mismo Cristo (1 Jn. 5:20).
  • La Iglesia Cristiana.  A fines del siglo XIX y a principios del siglo XX  la Iglesia Cristiana abandonó el énfasis bíblico sobre el evangelio del Señor que salva el alma, para concentrarse en el evangelio social.
  • La Centralización y el Institucionalismo. A mediados del siglo XX muchos hermanos aceptaron la Iglesia Patrocinadora, la Centralización, el establecimiento de diversas instituciones y el evangelio social.
  • Los hermanos “conservadores” que promueven y defienden las diversas sociedades misioneras y fundaciones evangelísticas, a pesar de que causan mucha división con éstas instituciones.
  • Los que enseñan error sobre el matrimonio, el divorcio y las nuevas nupcias.
  • Los que presionan e imponen su escrúpulo insistiendo en que el registro de la relación matrimonial ante el Estado es imprescindible para la existencia del matrimonio, como si el matrimonio dependiese de la acción del Gobierno civil.
  • Los que predican error sobre la Deidad de Jesucristo enseñando que Jesucristo no es Dios, que cuando estuvo en la tierra dejó de serlo o que simplemente en la tierra Él no usó sus atributos divinos.
  • Los que enseñan el Evolucionismo Teísta, afirmando que los días de la creación eran períodos geológicos largos (edades, eras) aun de millones de años.
  • Los que promueven, toleran y practican una forma de vida mundana, como si el cristiano pudiese vivir como uno más del mundo.  Algunos hasta tienen grupos de rock y participan de Pubs y discoteques.
  • Los que toleran el mal carácter y cualquiera de los pecados y falsas doctrinas anteriormente citadas para mantener la antibíblica unidad en la diversidad.


Bien sabemos que el cristiano no debe tener comunión con el pecado (2 Cor. 6:14-7:1; 2 Jn. 9) y que no podemos separar a un hombre de sus hechos (Rom. 16:17-18).  Pero, algunos “cristianos” que dicen no estar de acuerdo con el que enseña y/o promueve el error, paradójicamente, mantienen la comunión y se recrean en la participación con el infiel. Para más información de éste punto, vea la obra “El que anda en tinieblas”.


Profesar y actuar

Varios pasajes de la Escritura enseñan que declarar conocer al Señor y a la vez no obedecerle, es hipocresía e inútil profesión, considérense los siguientes:
·         No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mat. 7:21).
·         ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Luc. 6:46).
·         “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Stgo. 2:17-18).
·         y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado (Stgo. 4:17).
·         “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Jn. 2:3-4).


Conclusión

Si desobedecemos al Señor, estamos declarando elocuentemente que no lo conocemos. Pablo dijo Si le negáremos, él también nos negará (2 Timoteo 2:12).  Nadie puede negar la doctrina de Cristo y luego profesar estar bien con él, porque Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo (2 Jn. 9).  No podemos separar a Cristo de su doctrina.

¡Conozcamos al Señor y cumplamos la profecía (Heb. 8:11)!  Confesemos siempre la fe en Él, tanto en palabras como en obras (Col. 3:17), así el Señor nos mantendrá en su comunión.


La iglesia de Cristo y las denominaciones




         La iglesia que Cristo estableció (Mat. 16:18; Ef. 5:23) expone la sabiduría de Dios (Ef. 3:10).  Dios es glorificado en esta iglesia (Ef. 3:21).  Esta iglesia pertenece a Cristo porque él la ganó Cristo con su propia sangre (Hech. 20:28).  

La iglesia del Nuevo Testamento, es el pueblo a través del cual Dios logra su propósito.  Esta iglesia bíblica existe para:
1)    La exaltación de Cristo (Ef. 1:21-23).
2)    La reconciliación (Ef. 3:6; 4:4).
3)    La exhibición de la sabiduría de Dios (Ef. 3:10).
4)    La gloria de Dios (Ef. 3:21).
5)    La perfección de los santos (Ef. 4:11-16).  

La iglesia de Cristo no es una denominación humana, nunca lo ha sido, y nunca lo será.  Su origen y propósito son divinos, no de la humana sabiduría.  En cambio, toda denominación es de origen humano y expone la sabiduría del hombre que la fundó, no la sabiduría de Dios.  

Hay cinco evidentes características de toda denominación, que la distinguen de la iglesia que Cristo estableció:
1) Un nombre propio.  
2) Una sede de gobierno terrenal.  
3) Una obra centralizada.  
4) Un credo, manual, disciplina o reglamento interno particular.  
5) Una jefatura humana. 


Un resumen denominacional

La Iglesia Luterana, es el resultado de la obra de Martín Lutero (1524), un monje agustino. 
La Iglesia Anglicana la fundó Enrique VIII en 1534, porque el Papa no le concedió el divorcio para casarse con Ana Bolena. 
La Iglesia Presbiteriana la fundó Juan Knox, en Escocia, en el año de 1560. 
La Iglesia Episcopal, una rama de la iglesia de Inglaterra, fue establecida por Samuel Seabury, en las colonias de Estados Unidos, en 1785. 
El grupo de los Testigos de Jehová, fue organizado por Carlos Taze Russell quien inició esta denominación en Pensilvania, en 1879. 
La Iglesia Metodista fue organizada por John Wesley, un teólogo anglicano, en Inglaterra, en el año 1739. 
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, es la obra de José Smith, quien inició este grupo en Palmyra, N.Y. en el año 1830. 
La Iglesia Bautista se remonta al año 1609, cuando John Smith la estableció. 
La Iglesia Unitaria, es el fruto de Teófilo Lindley, quien la estableció en Londres, en el año 1774. 
La Iglesia Adventista del Séptimo día, es producto del esfuerzo de William Miller.  Este grupo se organizó posteriormente, en 1860. 
El Ejército de Salvación, lo comenzó Guillermo Booth, en Londres, en el año 1865.
La Ciencia Cristiana, es una religión que se remonta a 1879, con María Baker Eddy.
Las Iglesias Pentecostales y Asambleas de Dios comenzaron alrededor de 1914, en Hot Springs, Arkansas.
La Iglesia Católica es el producto de la apostasía (2 Tes. 2:1-12; 1 Tim. 4:1-3).  El primer Papa del catolicismo fue Bonifacio III, el primero en ser coronado como “Pontifex Maximus” (Sumo Pontífice).


Conclusión

La iglesia de Cristo puede ser identificada por medio de la comparación con la iglesia descrita en el Nuevo Testamento.  Esta iglesia son las personas salvas en Cristo, el cuerpo del Señor (Ef. 5:23). 
El evangelio de Cristo, es la semilla que produce la iglesia de Cristo en todo lugar (1 Ped. 1:22-5; Luc. 8:11).  La semilla de éste evangelio produce exactamente lo mismo que produjo en el primer siglo: Cristianos no denominacionales. 

Las personas que obedecen aquel evangelio bíblico, nacen de nuevo, y entran en la familia de Dios, la única iglesia del Señor (Hech. 2:38, 41, 47; Gál. 3:26-27; Rom. 1:16).  En cambio, cuando la gente sigue doctrinas diferentes al evangelio original, van al error y se hacen miembros de una denominación, no de la iglesia que Cristo estableció.


El problema con las Denominaciones




“…el Cristo, el Hijo del Dios viviente… sobre esta roca edificaré mi iglesia…” (Mat. 16:16-18). La iglesia fue edificada sobre Cristo, el Hijo del Dios viviente. Cristo es su fundamento y su fundador, su dueño y Señor. Debemos entender esto correctamente. En el primer siglo, no había denominaciones, sino solamente la iglesia del Señor (Mat. 16:18), la que él estableció y ganó por su propia sangre (Hech. 20:28), y de la cual él es su Salvador (Ef. 5:23). Obviamente, entonces, las denominaciones de la actualidad son una invención humana desconocida en el plan de Dios. El apóstol Pablo dijo que hay un solo cuerpo (Ef. 4:4, LBLA), y ese cuerpo es la iglesia del Señor (Ef. 1:22-23).
Actualmente, a diferencia del primer siglo, hay miles de denominaciones, y cada persona religiosa elige según su preferencia a cual confesión religiosa pertenecer. Ahora bien, ¿esto es un problema? Muchos dirán “¡No, esto no es ningún problema!” porque han aprendido a elegir según su preferencia la denominación de su elección, total “esta iglesia es tan buena como esta otra”. Sin embargo, las sagradas Escrituras enseñan que esto sí es un problema, ¿por qué? En este artículo vamos a notar cuatro razones por las cuales sabemos que las Denominaciones son un problema a los ojos de Dios.


Las Denominaciones son divisionistas

A menudo, los cristianos verdaderos (no denominacionales) somos acusados ​​de ser divisionistas. En realidad, son las denominaciones las que abrazan y contribuyen a más y más división. Existía la misma mentalidad en Corinto y fue condenada por Dios a través de Pablo: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Cor. 1:10-13).
El problema en Corinto era que los cristianos ahí se estaban dividiendo en base a su lealtad y/o afinidad por ciertos individuos de su preferencia. Así también hoy, existen denominaciones porque los que dicen seguir a Cristo se han dividido en base a su lealtad/afinidad por ciertas doctrinas y prácticas que les parecen más atractivas y convincentes. Es más, la mayoría de las personas no prestan la más mínima atención a las creencias y prácticas de su denominación y a menudo pasan de una iglesia a otra.
La hipocresía más grande se nota cuando las diferentes denominaciones sacan adelante algún proyecto común (ministerio, evento), pero siempre continúan divididos sin unirse en creencia y práctica. No trabajan en algo sin primero mantener en alto las paredes que los dividen.

A pesar de la división denominacional, Jesús oró por la unidad de los que habían de creer en él: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn. 17:20,21). Esta unidad (“la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”, Ef. 4:3) no es creada ni mantenida por ignorar las diferencias doctrinales. Esta unidad se crea y se mantiene cuando todos los creyentes sometiéndose a Cristo hablan una misma cosa y se mantienen unidos en una misma mente y un mismo parecer (1 Cor. 1:10).
La división no se produce cuando los creyentes están firmes por la verdad, la división se produce cuando los creyentes se apartan de la verdad en base a su preferencia.
La culpa de la división y confusión religiosa que nos separa actualmente, es de todas las denominaciones y de todos sus integrantes que apoyan y mantienen en alto el muro de la división de la sabiduría humana.


Las Denominaciones no hacen a la gente miembros de la iglesia del Señor

Cuando alguno se une a una denominación, se une a una iglesia que no es de Cristo (Mat. 16:18). Evidentemente, a la luz de las Escrituras, sólo hay una iglesia que pertenece a Cristo (Ef. 4:4; 1 Cor. 12:13). Sin embargo, en un esfuerzo absurdo, algunos sostienen que cada denominación es simplemente una parte de la iglesia del Señor. El pasaje de la Escritura que comúnmente se tuerce es el siguiente: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Jn. 15:1-6).
El argumento de los defensores del denominacionalismo moderno es que cada pámpano representa a una denominación religiosa, y que todos ellos están unidos a Cristo. No obstante, la enseñanza del Señor es totalmente diferente. Los pámpanos son individuos creyentes, no organizaciones religiosas sectarias. Jesús estaba hablando aquí a sus discípulos, quienes estaban unidos en su fe y práctica. Jesús no estaba hablando aquí a los representantes de diversas denominaciones de la llamada cristiandad.
Veamos como Cristo claramente especificó que los pámpanos son individuos creyentes (discípulos de él): El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden (Jn. 15:6). Si los pámpanos son denominaciones, ¿cómo se aplica el principio de responsabilidad personal/individual? Cristo habló de pámpanos que se queman, lo cual es un lenguaje de juicio, y sabemos que Cristo no juzgará a grupos organizados, sino a cada cual, como individuo, según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo (Ez. 18:20; 2 Cor. 5:10).

Las denominaciones son una falsificación de la iglesia que Cristo estableció y por la cual él murió. Por esta razón, las denominaciones no existen en las páginas del Nuevo Testamento porque no son de la sabiduría de Dios, sino de la sabiduría humana, “terrenal, animal, diabólica” (Sant. 3:15). Recuerde, Cristo estableció una sola iglesia (Mat. 16:18) y es Cristo quien añade a la iglesia a los que van siendo salvos (Hech. 2:47).


Las Denominaciones impiden la salvación de sus integrantes

Las denominaciones mantienen a la gente lejos del Señor y de la salvación que está sólo en la iglesia del Señor (Ef. 5:23, Hech. 2:47). Estos grupos sectarios no enseñan el plan de salvación que Cristo mandó en su evangelio, y por lo tanto no salvan a la gente, sino que la ayudan a que se pierda. Recuerde el pasaje: “…Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hech. 2:47).
“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hech. 2:37-41).
Las denominaciones no enseñan el plan de salvación que el apóstol Pedro y los demás apóstoles y primeros cristianos predicaban. Por lo general rechazan el bautismo en Cristo como esencial para la salvación. Pero, el buen estudiante de la Biblia aprovechará esta oportunidad para leer varios otros pasajes bíblicos que mencionan lo esencial del bautismo en agua para el perdón de los pecados (Ej. Mar. 16:16; Hech. 22:16; 1 Ped. 3:21).
El bautismo en Cristo es un paso esencial que lleva al pecador penitente al perdón y la salvación. Sin embargo, las denominaciones no enseñan esto. Muchos proclaman que el hombre se salva “por la fe sola” o por alguna oración que salva al pecador al punto de la fe. No obstante, la única vez que la frase “solamente por la fe” se encuentra en toda la Biblia es precisamente para indicar que la fe sola no salva: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Sant. 2:24). ¿Por qué Santiago dijo esto? “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Sant. 2:26).
El suicidio espiritual de los miembros de las denominaciones consiste en haberse convencido de que son salvos en Cristo cuando en realidad no lo son. Este es el mismo tipo de engaño sobre el cual habló por el Espíritu el profeta Amós: “¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz” (Am. 5:18). El pueblo pensaba encontrarse en el día del Señor en grandes bendiciones, pero tal día sería para ellos uno de juicio de condenación.
Cuando una persona se convence de que ya es salvo, no verá urgencia en informarse más acerca de este tema que estamos tratando, pues no tiene razón de dudar acerca de su llamada “salvación”. No obstante, Cristo dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mat. 7:21-23). Aunque muchos religiosos pretenden sinceramente hacer cosas en el nombre de Cristo, en realidad están viviendo en plena rebeldía, pues son en la práctica “hacedores de maldad”.
Todas las denominaciones mantienen encapsulados a sus integrantes en el camino a la perdición.


Las Denominaciones proveen un estándar incorrecto

         Las denominaciones enseñan un evangelio diferente al que nos trajo Cristo del cielo. El apóstol Pablo advirtió a las iglesias de Galacia sobre esto: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gal. 1:6-9).
Un “evangelio diferente” es una forma de doctrina distorsionada del evangelio verdadero, y siempre es fatal, tanto así que los gálatas con él estaban abandonando la gracia del Señor (Gal. 1:6). Esto no nos sorprende en consideración de lo que Cristo había advertido respecto a la enseñanza de doctrinas y tradiciones humanas, tales cosas siempre hacen de la adoración una adoración vana (Mat. 15:6-9).

A diferencia de las denominaciones, debemos proclamar “todo el consejo de Dios” (Hech. 20:27), ni más ni menos que esto (2 Jn. 9; Apoc. 22:18-19). Tenemos que hacer esto porque la palabra de Dios es la norma por la cual seremos juzgados (Jn. 12:48; Rom. 2:16). El apóstol Pablo (un hombre inspirado) dijo: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias” (2 Cor. 5:11). Si tenemos un sano temor del Señor, vamos a vivir según la norma del Señor y vamos a predicar el evangelio puro de Cristo para que otros también lo hagan, porque todos nos presentaremos “ante el tribunal de Cristo” (2 Cor. 5:10).


Conclusión

Las denominaciones no representan “rutas adicionales de acceso al cielo”. Todos ellas son parte del camino ancho que lleva a la perdición eterna (Mat. 7:13,14). El llamado que hacemos a todas las personas es que abandonen los grupos religiosos de los hombres y obedezcan el evangelio puro de Cristo para ser añadidos por el Señor a su iglesia que él compró con su sangre (Hech. 20:28).


¿El Título Del Predicador?


“El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mat. 23:11-12).




Aunque en el mundo denominacional es una práctica aceptada el utilizar diversos títulos religiosos, tal cosa no es agradable a Dios. La razón es simple, el uso de títulos religiosos no forma parte del patrón de las sanas palabras (2 Tim. 1:13; 2:15). Sino que es síntoma de un problema mayor.
Entre las sectas modernas, los títulos religiosos son aceptables porque ahí se procura glorificar al hombre y a la denominación pero no se busca la gloria de Dios (Jn. 5:44). ¡Qué lejos están estos líderes religiosos de cumplir el deseo y propósito de Cristo para su iglesia!
En el presente artículo yo no tengo que argumentar que los títulos religiosos están prohibidos, el silencio de las Escrituras es suficiente para esto (1 Cor. 4:6; 1 Ped. 4:11).

Quienes defienden el uso de títulos religiosos deben probar que esta práctica es agradable a Dios (Col. 3:23) y “conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Ef. 3:11), pero no lo pueden hacer, porque no hay autorización en las Escrituras para el uso de títulos religiosos, al contrario Cristo desaprueba semejante práctica.

El uso de títulos religiosos, es algo completamente desconocido entre los cristianos primitivos. Cuando abrimos las páginas del Nuevo Testamento y leemos acerca de la iglesia que Cristo estableció, no vemos títulos religiosos ostentados por alguno, no hay clero y laicos, no hay sucesión de magisterio ni ordenación ministerial. Tales cosas fueron introducidas luego con la apostasía. Lamentablemente, entre algunos hermanos equivocados es común el uso de algún título religioso para referirse a los predicadores del evangelio.

Algunos títulos religiosos, que he visto utilizar entre hermanos en Cristo, para referirse al predicador local, son: “ministro”, “reverendo”, “líder”, “encargado de la obra” y “encargado de la iglesia” (el sustantivo “jefe” no lo he oído, pero a veces algunos se comportan como tales). Aunque el uso de títulos religiosos puede ser incidental (Ej. Si son usados por nuevos conversos que vienen del sectarismo), sabemos que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34) y por lo tanto quien se dirige así al evangelista aún no ha comprendido una parte de la organización de la iglesia local y la labor del predicador en ella, siempre estará equivocado y deberá corregirse.
Otra parte del problema son los propios predicadores quienes ostentan dichos títulos y perpetúan el error. Éstos se han envanecido, y no han comprendido su labor entre los santos, o tal vez no se atreven a enseñar bien la verdad al respecto. Aun cuando no conocemos todas las razones por las cuales algunos gozan de llamarse con algún título religioso, los tales están equivocados y deberán corregirse.

En el Nuevo Testamento, el término “ministro” (griego, diakonos) es un sustantivo que se usaba de aquel que “servía”. Hoy, se entiende que “ministro” es quien predica desde un púlpito o forma parte del clero. Tal definición ofrecida por la tradición moderna es totalmente inadecuada. Aun cuando el término “ministro” aparece en las Escrituras, el uso moderno de la palabra no es bíblico sino denominacional.
El término DIÁCONO es una transliteración de la palabra griega DIAKONOS (como antes dijimos), su significado es SIERVO y su acción es un SERVICIO. El apóstol Pablo dijo: “porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme…” (Rom. 13:4), pero con esto el apóstol no dijo que el gobierno es un diácono, ni un ministro denominacional.
Aquí, Pablo enfatizó el servicio o ministerio del gobierno en la sociedad. El apóstol Pablo también dijo: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios…” (Rom. 15:8), pero con esto el apóstol no dijo que Cristo es un diácono o un ministro denominacional. Aquí, Pablo enfatizó el servicio o ministerio de Cristo en el eterno plan de redención.

Según las Escrituras, “ministro” es quien “sirve” sin importar que lo haga en asuntos espirituales, domésticos o materiales (Luc. 10:40; Hech. 6:1; 1 Cor. 16:15; Ef. 4:12; Fil. 2:25; 1 Ped. 4:10-11). Debido a lo anterior, el predicador local puede ser llamado “ministro” y en la práctica no “servir”.

Denunciando duramente a los líderes religiosos de su tiempo, el Señor dijo: "Aman los primeros asientos en las cenas... las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo." (Mateo 23.6-10).
En cuanto al título Rabí, en aquel entonces significaba "Un título dado de honor y dignidad, denotando autoridad y capacidad para enseñar. Ellos hallaban complacencia en recibir dichos títulos y aspiraban tener por sí mismos cierta superioridad. Cada vez que se otorgaba un título, esto implicaba superioridad para aquellos quienes lo recibían, lo cual les producía placer y satisfacción " (Albert Barnes).
Jesús condenó el uso de los títulos religiosos debido a que éstos sólo sirven para erigir distinciones religiosas y crear autoridades intermedias que Dios no ha establecido. Tales títulos son agradables al hombre carnal, pero no han de ser utilizadas entre los santos de Dios. “El uso de tales títulos entre los que profesan ser seguidores de Cristo es innegablemente una marca de apostasía” (Notas sobre Mateo, W. Partain).


Alguno podría argumentar que Pablo se llamó así mismo “Padre” (1 Cor. 4:15). Pero tal cosa no es así. Según vemos en el contexto, figuradamente el apóstol Pablo se refirió así mismo como el padre de los corintios, y la razón es obvia, él fue quien sembró la semilla y puso el fundamento allí (1 Cor. 3:6-10). Los corintios eran sus conversos. A pesar de lo anterior, Pablo no se hacía llamar “Padre Pablo”, ni “San Pablo”. No hay evidencia del uso de títulos religiosos entre los apóstoles y primeros cristianos, ellos sabían que les estaba prohibida tal cosa (Mat. 23:6-10). Pero si hay evidencia escritural de que todos los santos deben ser perfeccionados “para la obra del ministerio” (Ef. 4:12).


El uso de los “títulos religiosos”



Aunque es una práctica común en el mundo denominacional el hacer uso de diversos títulos religiosos como reverendo, ministro, pastor, obispo, arzobispo, padre, etc, el uso de los títulos religiosos es algo completamente ajeno a la palabra de Dios y pecaminoso en gran manera. Según las Escrituras, ésta práctica cae bajo la condenación del Señor Jesucristo.  

En sus duras denuncias contra los fariseos, el Señor Jesús dijo: “Aman los primeros asientos en las cenas... las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mat. 23.6-8).

 “La explicación de Jesús identifica el mal de llevar títulos como el usurpar a Dios como Padre y a Cristo como Maestro. Desde luego, hay maestros en la iglesia (Hech. 13:1; Heb. 5:12; 1 Tim. 3:2; 2 Tim. 1:11), y por implicación Pablo se refiere a sí mismo como el padre de los corintios (1 Cor. 4:15), pero lo que se condena es el uso de títulos religiosos. Pablo nunca se refiere a sí mismo como Padre Pablo, y nunca llamó a los otros apóstoles el Padre Pedro o el Padre Juan, mucho menos el Reverendo Padre fulano de tal. El uso de tales títulos entre los que profesan ser seguidores de Cristo es innegablemente una marca de apostasía” (Wayne Partain, Notas sobre Mateo).

Indudablemente Jesús condenó el uso de los títulos en base a que éstos servían para erigir distinciones religiosas donde no debían existir.  Y es más, el uso de títulos religiosos jamás fue una marca del cristianismo primitivo donde no había distinciones entre aquellos que tenían un Maestro en común y que participaban de una herencia común en los cielos.

Recordemos que  Cristo también dijo: “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo 23: 9-12).

Mientras en las denominaciones se utilizan los títulos religiosos y los líderes de éstas se jactan como los fariseos de los tiempos de Jesús, Cristo le invita a usted a abandonar tal ambiente, porque en el sectarismo moderno se procura glorificar al hombre y la denominación y no se busca la gloria de Dios (Jn. 5:44).
Qué lejos están los líderes de las diferentes denominaciones frente al deseo y propósito de Cristo para su iglesia, con razón hay tanta división, competencia y confusión.  El Señor Jesús no murió para crear la tiranía religiosa de hoy.  Salga del sectarismo para recibir las bendiciones del Señor (2 Cor. 6:17).

Para más información sobre este tema, considere las obras “El sistema de un solo pastor” – “El título del predicador” – “Los elementos constitutivos de una denominación” – “La iglesia no-denominacional del Señor


Le invitamos a estudiar la palabra de Dios con nosotros, verá que le predicaremos el evangelio puro de Cristo, procurando que usted conozca las claras enseñanzas de Jesucristo el Señor, quien es cabeza de su iglesia (Col. 1:18).


"EL PECADO ORIGINAL"


    

       Uno de los cinco puntos del calvinismo es el del llamado "pecado original."  Varias iglesias humanas afirman esta enseñanza falsa. Sus teólogos hablan de la "naturaleza adámica," y de la "depravación hereditaria total."  Considérense las citas siguientes:
       "Creemos que enseñan las Escrituras que el hombre fue creado en santidad … pero que por la transgresión voluntaria cayó de aquel estado santo y feliz; por cuya causa todo el genero humano es ahora pecador (Rom. 5:19) hallándose por naturaleza enteramente desprovisto de la santidad que requiere la ley de Dios, positivamente inclinado a lo malo, y por lo mismo bajo justa condenación sin defensa ni disculpa que le valga." -- Manual Normal Para Las Iglesias Bautistas, página 55, 56. "¿Cayó todo el género humano en la primera transgresión? Habiéndose hecho la alianza con Adán, no para él solo, sino también para su posteridad, todo el género humano descendiendo de él, según la generación ordinaria, pecó en él y cayó con él en su primera transgresión. Rom.5:12-20 .... Lo pecaminoso del estado en que cayó el hombre consiste en la culpabilidad del primer pecado de Adán, la falta de justicia original y la depravación de toda su naturaleza (llamada comúnmente pecado original)...." -- El Catecismo Menor De La Asamblea De Westminster. "Se expresa aquí el dogma del pecado original. (Conc. Trid., s. V, 2, 4)." --- Nota sobre Rom. 5:12. Biblia Católica de F. Torres Amat.


"TEXTOS BÍBLICOS DE PRUEBA" CONTESTADOS

       A. Salmos 51:5, "He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre." (Se dice el pecado original).
Refutación:
            1. Nótese el contexto: ver. 1-17: la oración de un pecador contrito que pide perdón. Es un Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta.
            2. David dice "rebeliones" (plural) en el ver. 1, hablando de sus pecados en general y dice "mi pecado" (singular) en el ver. 2, refiriéndose a algún hecho específico.
            3. El ver. 5 no dice: "He sido formado con maldad en mi." Así diría si se hablara del llamado "pecado original."
            4. "Y en pecado" (ver. 5) significa "en un mundo de pecado." Compárese Hech. 2:8, que dice, "¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?" Es decir, todos nacemos en un mundo en que se habla cierta lengua. No nacemos hablando, pero sí nacemos en un mundo en que cierta lengua se habla y la aprendemos.
            5. El ver. 9 dice: "Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades."  Los pecados y las maldades de David eran plurales, y por lo tanto no heredados. No se habla de algo singular heredado.
            6. El ver. 4 habla de lo que David había HECHO, y no HEREDADO. "Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos."
       B. Salmos 58:39 "Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron." (Se dice que uno      nace pecador).
           Refutación:
           1. La segunda parte del texto comenta sobre la primera. El significado obvio es que muy temprano en la vida uno comienza a pecar.
           2. En sentido literal, ¡el recién nacido no habla nada, ¡cuánto menos miente!
           3. Se habla de quienes SE DESCARRIAN, o se apartan, de Dios y de la justicia. No es cuestión de nacer en cierto estado. Tal tema no se trata aquí. 
       C. Rom. 5:12, "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron." (Se dice que todos nacen pecadores y están sujetos a la muerte temporal o física, porque Adán pecó).
           Refutación:
          1. ¿De qué trata este contexto? Se contrastan Adán y Cristo.
          2. Adán fue el AGENTE por el cual  entró el pecado en el mundo. Cristo fue el AGENTE por el cual entró la justificación. El ver. 18 dice, "Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida." Nótese: Si todos los hombres nacen pecadores porque Adán pecó, entonces ya que ha muerto Cristo ¡todos los hombres están justificados! ¿Es cierto? ¡En ninguna manera! Todos llegan a ser pecadores, o justificados, CONDICIONALMENTE.
         3. El versículo 14 habla de quienes pecaron, pero no a la manera de la transgresión de Adán. Adán transgredió una ley positiva.  Otros pecan de otras maneras.
        4. Las palabras "muerte" y "vida" en este pasaje (versículos 12-21) se emplean en el sentido ESPIRITUAL. Para la "muerte" en el sentido temporal o físico, véase 1 Cor. 15:20 y sig.


ALGUNAS ESCRITURAS QUE EXPONEN LO FALSO DE LA DOCTRINA DEL PECADO ORIGINAL:
   
Ezeq. 18:4,20 ,  "El alma que pecare, esa  morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre el, y la impiedad del impío será sobre él."
   
 Ezeq. 28:15, "Perfecto eras en todos tus  caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad." (palabras dirigidas "al príncipe de Tiro", ver. 2)                                           

Hechos 17:28,29.  "Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres." Somos linaje de Dios. ¿Qué hemos heredado de él? ¿El pecado? ¡En ninguna manera! Véanse también Heb. 12:9 (Dios es el padre de nuestros espíritus), Sant. 3:9 (estamos hechos a la semejanza de Dios), y Ecles. 12:7 (el espíritu del hombre es dado por Dios).
    ¿Qué clase de espíritu heredamos de nuestro Padre? ¿Uno contaminado ya de pecado? ¡Claro qué no!  Y al cuerpo aparte del espíritu no se le imputa pecado.
   
Mat. 18:3, "De cierto os digo, que sí no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos." (Los niños, pues, no son pecadores).

Mat. 19:14, "Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos." (¿Es compuesto el reino de pecadores?)
   
2 Tim. 3:13, "mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados." (Esto sería imposible se el hombre naciera totalmente depravado).
   
Rom. 7:9. "Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí." (Pablo estaba vivo espiritualmente antes de llegar a la edad de responsabilidad.  Luego pecó y murió espiritualmente. De esto trata el contexto).
   
Gál. 4:4. "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley." (Si el pecado es heredado, Jesús nació pecador. Para evitar esta conclusión lógica, se ha inventado la doctrina de la Concepción Inmaculada de María. Así vemos como una doctrina falsa requiere a otra igual para sostener a la primera).
   
Gén. 8:21, "... el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud." (¿Por qué no dice, "desde su nacimiento"?)

Ecles. 7:29, "... Dios hizo al hombre recto pero ellos buscaron muchas perversiones."  (¡Buscan perversiones; no nacen pecadores!)


EL PECADO DEFINIDO:
   
Sant. 4:17, "y al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado," Es pecar por omisión. Dijo Cristo: "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Luc. 6:46).
   
1 Juan 3:4. "Todo aquel que comete pecado infringe también la ley: pues el pecado es infracción de la ley."  Es pecado traspasar la ley de Dios, o transgredirla.

1 Juan 5:17, "Toda injusticia es pecado." Es pecado andar en lo que no es de la justicia de Dios.
   
Rom. 14:23 "... todo lo que no proviene de fe, es pecado." En este contexto la palabra "fe" significa "conciencia." Es pecado violar la conciencia.
   
       La doctrina del llamado "pecado original" no cabe en la definición bíblica de pecado. ¡No es pecado NACER!  El pecado no se hereda; se comete.


EL PECADO ES COMETIDO PERSONALMENTE
   
Rom. 5:12, "...por cuanto todos pecaron."
   
Hech. 1:24,25, " ... de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar."
   
Sant. 1:13-15, "Cuando alguno es tentado no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte."

Isaías 59:1,2, "He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.''
   
      El hombre es pecador porque él mismo ha cometido pecado, y no por haberlo heredado.


EL JUICIO FINAL SERÁ BASADO EN LOS HECHOS DEL INDIVIDUO, Y NO EN ÉL DE OTROS.
   
2 Cor.5:10, "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo."
   
Rom. 2:6; 14:12, "el cual pagará a cada uno conforme a sus obras ... De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí."
   
Ecles.12:14. "Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala."


OTRAS DOCTRINAS FALSAS QUE HAN SURGIDO A CONSECUENCIA DE LA LLAMADA "EL PECADO ORIGINAL":
   
1. La Concepción Inmaculada. Si al nacer uno hereda la culpa del pecado de Adán, se sigue que María, la madre de Jesús, lo heredó.  Siendo así el caso, Jesús también lo heredó, pues pasa ese pecado de generación en generación. Pero es increíble que Jesucristo heredara pecado. Por eso se inventó la doctrina de la concepción inmaculada de María, y ahora no habría pecado en ella que Jesús heredara. Esta doctrina es conveniente pero ¡no bíblica!
   
2. El Bautismo De Infantes. Si el infante nace pecador, y si muere en la infancia, se sigue que muere condenado al infierno. Siendo que el bautismo es para el perdón de los pecados, o sea para la salvación, hay que bautizarle en seguida de nacer. Otra vez vemos que entra la conveniencia y no la autoridad de la Palabra de Dios, pues el bautismo es para creyentes penitentes (Mar. 16:16 y Hech. 2:38).
   
3. El Limbo. A veces mueren los infantes sin el supuesto beneficio del bautismo. Es increíble que merezcan el castigo que sí merece el hombre habituado al pecado. Por eso se inventó el "limbo."
   
4. La Operación Directa Del Espíritu Santo. Si el hombre hereda el pecado de Adán, y por eso nace totalmente depravado e incapaz de pensar cosa buena, para ser salvo el Espíritu Santo tiene que operar en su corazón de manera directa.  Esta conclusión es lógica y exigida. Pero esta doctrina es antibíblica, pues hace que con Dios haya acepción de personas. ¡Esto no puede ser! (Rom. 2:11; Hech. 10:34; Col. 3:25).
   
       La Iglesia Metodista a principios del siglo 20 cambió su Disciplina (credo) para que no dijera más que el infante nace pecador (con el pecado original), pero sigue con la práctica del bautismo de los infantes. ¡He aquí la inconsecuencia de los hombres!



CONCLUSIÓN:
   
       El hombre al nacer recibe de Dios un espíritu puro y limpio. Al llegar a la edad de la responsabilidad, según declara Santiago, peca cuando cede a la tentación. El pecado le constituye pecador. El pecado le separa de Dios; está, pues, "muerto en pecado" (Efes. 2:1,5). Necesita "nacer de nuevo" (Juan 3:3,5). Esto se hace cuando creyendo en Jesucristo se arrepiente de sus pecados, y confesando su fe es bautizado en agua para la remisión de sus pecados (Hech. 2:38).
      Vino Cristo a este mundo con el fin de buscar y salvar a lo que se había perdido (Luc.19:10). Amado lector, él le busca para salvarle. Pero salva solamente a los que le obedecen (Heb.5:9). Obedézcale, pues, hoy mismo, y él le añadirá a su iglesia (Mat. 16:18; Hech. 2:47).
         Las iglesias de Cristo (Rom. 16:16) procuran anunciar los términos del evangelio dondequiera. Si podemos ayudarle en su búsqueda por la verdad, no deje de comunicarse con nosotros. Muchas gracias.



La "carne" y sus deseos

Gálatas 5:16-26




Introducción
          A. Todo ser humano puede crucificar la carne (Gal. 5:24) cuando se propone obedecer a Dios. Lamentablemente, la mayoría no quiere hacerlo.
                  1. El hombre no está depravado, ni hereda pecado alguno. El hecho de que somos humanos no significa que “tenemos que pecar”. El pecado es una elección (1 Jn. 3:4).
                  2. Podemos andar en el Espíritu (Gal. 5:25). Todo aquel que ama a Dios puede lograrlo (1 Jn. 5:3).
          B. El Espíritu Santo tiene un buen anhelo para nosotros (Gal. 5:17).
                  1. Pero la carne podría estar oponiéndose al Espíritu en una lucha de influencias (cf. Rom. 8:13). Entonces, nosotros debemos elegir de una vez a quién sujetarnos.
                  2. Recuérdese que el Espíritu Santo obra a través de su palabra (Ef. 6:17; Heb. 4:12). La Biblia es la voz “escrita” del Espíritu Santo. La Biblia es el instrumento mediante el cual el Espíritu Santo actúa en los creyentes (cf. 1 Tes. 2:13). 

I. LA CARNE: LOS DESEOS DEL MAL CORAZÓN
          A. Carne: En su sentido físico es el ser humano, pero en este texto (Gal. 5:16-26) como en otros textos del Nuevo Testamento se emplea el término “carne” en un sentido moral, entonces hablaremos de “CARNE” como el principio terrenal opuesto a Dios.
          B. La “carne” son los deseos del mal corazón
                  1. Del corazón salen las obras de la carne (Mar. 7:20-23).
                  2. Si el corazón es malo, la conducta también lo será (Rom. 1:21,24,28; cf. Prov. 23:7).
                  3. La solución: “Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida” (Prov. 4:23).
          C. Consideraciones respecto a la “carne”:
                  1. Debe ser destruida para alcanzar la salvación (1 Cor. 5:5).
                  2. Es el motor de la oposición a Dios (Col. 3:5).
                  3. Se estimula con las cosas del mundo (1 Jn. 2:15).
                  4. Sigue la corriente de este mundo (Ef. 2:2,3).
                  5. Se adapta a este siglo (Rom. 12:1,2).

II. LOS DESEOS DE LA CARNE
          A. Los deseos de la carne son monstruosos. Si no destruimos la carne, ella nos destruirá.
                  1. “en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef. 2:2,3).
                  2. “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 Ped. 2:11).
          B. Debemos aplicar la solución
                  1. “sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Rom. 13:14).
                  2. “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros…” (Col. 3:5).

CONCLUSIÓN
          A. Podemos obedecer a Dios y cambiar nuestra vida si queremos hacerlo. 
                  1. Tenemos todas las instrucciones.
                  2. La libertad está disponible por la obra de Cristo.
                  3. El Señor ya lo ha hecho todo. Somos nosotros los que debemos decidir.
          B. Si no destruimos la carne, ella nos destruirá.
                  1. Esta es la batalla más importante que debemos ganar.
                  2. Si perdemos, el precio será eterno.