Ciro el Grande en la Profecía Bíblica





que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado (Is. 44:28).

Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán (Is. 45:1).


Una de las profecías más asombrosas de la Biblia es la que hace referencia directa a Ciro II el Grande, y que fue registrada por el profeta Isaías en su libro. Ciro, fue el fundador del Imperio Persa. Sus conquistas se extendieron sobre Media, Lidia y Babilonia, desde el mar Mediterráneo hasta la cordillera del Hindu Kush, creando así el mayor imperio conocido hasta ese momento. El imperio fundado por Ciro mantuvo su existencia durante más de doscientos años, hasta su conquista final por Alejandro Magno (332 a. C.). Según el historiador Heródoto, Ciro era hijo de Cambises I.

Al tomar Babilonia, quedó establecido el segundo gran imperio gentil de Daniel. Ya mucho antes de su nacimiento hallamos una profecía referente a él (Is. 44:28; 45:1). Al acabar los 70 años del cautiverio, como lo había profetizado Jeremías (Jer. 25:12; 29:10), Dios movió el espíritu de Ciro, y se decretó la reconstrucción de la casa de Jehová Dios de Israel, dándose permiso a los cautivos para que volvieran a Jerusalén. También fueron devueltos los vasos sagrados que habían sido llevados de Jerusalén a Babilonia. Éste fue llamado el primer año de Ciro, cuando empezó a reinar en solitario sobre Babilonia (Esd. 1:1-11; 2 Cr. 36:22, 23). Esto sería alrededor del año 536 a.C., habiendo empezado los 70 años de la cautividad de Judá el 606 a.C. Ciro murió en batalla en el año 530 a.C., y su tumba existe en Pasargada, en el moderno Irán (Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, Vila-Escuain).

Isaías se refiere a Ciro como “pastor” y “ungido” de Jehová, providencialmente designado como instrumento en las manos de Dios para facilitar el plan divino. Tal cosa es señalada específicamente en la parte final del libro de Isaías, en la sección que tiene que ver con las promesas de liberación y restauración, donde hay varias menciones y alusiones a Ciro y su obra (41:2-5; 41:25; 43:14; 44:28; 45:1; 45:13; 46:11; 48:14-15). A través de la pluma de Isaías, Dios anuncia que levantará un libertador de entre los gentiles. Luego, especifica por nombre a dicho libertador. Entonces, Ciro es señalado por Isaías unos 150 años antes de su llegada al trono.

Según la Escritura, Jehová nombró a Ciro para llevar a cabo todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado (Is. 44:28). El decreto de Ciro lo podemos leer en 2 Crónicas 36:22-23 y Esdras 1:1-4. También debemos aprender que todo lo que Dios haría mediante Ciro lo haría Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido (Is. 45:4) y para que todo el mundo supiese que Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí… para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo (Is. 45:5-7).
Dios guió a éste monarca pagano para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas (Is. 45:1).  Jehová iría delante de Ciro enderezando “los lugares torcidos” y quebrantando “puertas de bronce” y “cerrojos de hierro” (Is. 45:2). Todo esto para facilitar el regreso de los judíos a su patria, la reconstrucción de Jerusalén y el templo, y en última instancia, la venida de Cristo nuestro real Salvador.
Sorprendentemente, éste monarca que realizaría tantas nobles tareas en el engranaje divino, no conocería a Jehová ni aprobaría sus caminos (Is. 45:4-5). Ciro, el pagano, inconscientemente sería instrumento en las manos de Dios.

Isaías profetizó en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá (Is. 1:1). Por lo tanto, su ministerio se desarrolló en la última parte del siglo VIII A.C. (740-701). Como ya dijimos, la profecía respecto a Ciro fue redactada por Isaías unos 150 años antes de que Ciro realizara todo lo que de él se profetizó. Aquí tenemos una muestra más de la eterna capacidad omnisciente de nuestro Dios el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Rom. 4:17).

La profecía que redactó Isaías acerca de Ciro, ha motivado a los críticos escépticos a afirmar que tal porción del libro de Isaías es una adición posterior, afirmando incluso que el libro de Isaías en realidad tiene dos o más autores. Sin embargo tales afirmaciones sólo son necesarias para los incrédulos, no para quienes creen firmemente en la revelación y la inspiración verbal de las Escrituras (2 Tim. 3:16-17; 2 Ped. 1:20-21). Bien sabemos que “todas las cosas son posibles para Dios (Mar. 10:27).
Contra las afirmaciones de los incrédulos, tenemos la seguridad que la propia Escritura nos da, con toda la evidencia interna y externa de su inspiración. Además, antes de los capítulos 44 y 45, Isaías ya había hecho una alusión directa a Ciro, cuando escribió: Del norte levanté a uno, y vendrá; del nacimiento del sol invocará mi nombre; y pisoteará príncipes como lodo, y como pisa el barro el alfarero (Is. 41:25). Luego, el profeta dejó bien claro que la misión de Ciro no era un asunto de especulación, sino de verdadera profecía.
Isaías escribió: “¿Quién ha declarado esto desde el principio, para que lo sepamos; desde lo antiguo, para que digamos: Es verdad? Al contrario, no hubo ni uno que declarase; no, no hubo quien predijese; no, no hubo quien oyese siquiera vuestros dichos” (Is. 41:26, VM). En este último versículo tenemos un fiel reflejo del escepticismo de los incrédulos de hoy respecto a las profecías de Isaías.

Un detalle interesante nos brinda el historiador judío, Flavio Josefo. Él cuenta que los judíos en el exilio de Babilonia mostraron a Ciro las profecías de la Escritura respecto a su papel en el plan de Jehová, lo cual motivó al gobernante a cumplir lo que de él estaba escrito: “Ciro lo leyó, y admirado de la inspiración divina, ansió cumplir lo que estaba escrito. Reunió a los más ilustres judíos que se encontraban en Babilonia, y les dijo que los facultaba para que regresaran a su patria y reedificaran tanto Jerusalén como el Templo de Dios; además quería ayudarlos, y escribiría a los jefes y sátrapas de las regiones vecinas a la de los judíos, que les entregaran oro y plata para la construcción del Templo y ganado para los sacrificios” (Antigüedades de los Judíos 11.1.2).
Las excavaciones realizadas en Babilonia por el arqueólogo asirio-británico Hormuz Rassam (1879) llevaron al descubrimiento de una pieza cilíndrica de arcilla, conocida como el Cilindro de Ciro. En dicha pieza, está contenida una maravillosa confirmación histórica de la narrativa bíblica anunciada por Isaías.

Sin duda, la profecía predictiva es una prueba convincente del origen divino de las Sagradas Escrituras. Para más información de éste punto, también puede consultar las obras “Profecías cumplidas por Cristo”.


Las cuatro “C” de la predicación eficaz


"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad" (2 Tim. 2:15)




Cualquier predicador que diligente está esforzándose por hacer bien la “obra de evangelista” (2 Tim. 4:5) procurará llevar a cabo este trabajo lo más eficazmente posible.  Entonces, ¿cómo se puede predicar con mayor eficacia el evangelio de Cristo?  En este artículo, me gustaría considerar cuatro sencillos puntos que nos ayudarán a lograr éste noble objetivo. 
Los siguientes puntos no se basan en la experiencia personal, la sabiduría humana, o algún tipo de educación formal.  Más bien, estos puntos los hemos tomado directamente de la palabra de Dios. 
Si alguno quiere predicar la palabra de Dios con eficacia, debe aprender lo que las Escrituras indican sobre ésto.


Correcta
Todo aquel que se dispone a hablar a otros acerca de asuntos espirituales, tiene la obligación de hacerlo conforme a las palabras de Dios (1 Ped. 4:11).  Entonces, ¿cómo el fiel predicador logrará hacer esto? Obviamente, todo comienza con el deseo y esfuerzo por representar fielmente las Escrituras.  Por lo tanto, para lograr este cometido, ha de intervenir la acción de un carácter aprobado, y el predicador ha de seguir el ejemplo de Esdras, Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos (Es. 7:10). 
El Espíritu Santo dijo por boca de Pablo: “de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1 Tim. 1:6-7).  Aquí aprendemos que el que no comprende las Escrituras no es apto para enseñar las Escrituras.
Lamentablemente, por su falta de comprensión el indocto e inconstante no logra la exposición que “alumbra” el entendimiento (Sal. 119:130).  Por este motivo, Pablo dijo a Timoteo Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad (2 Tim. 2:15).


Concisa
Ser conciso en la predicación de la palabra de Dios, no significa que utilizaremos unas pocas palabras en lugar de muchas palabras. La concisión a la que nos referimos es la brevedad y economía de medios en el modo de expresar un concepto bíblico con exactitud. 
El apóstol Pedro usó otras muchas palabras para persuadir a los judíos, al punto que testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación (Hechos 2:40).  Ningún estudiante de la Biblia, honestamente pondría en duda la eficacia de la predicación de Pedro en esta ocasión.  En ésta ocasión Pedro usó de “muchas palabras” sin dejar de ser conciso.
En lugar de imponer un límite estricto en la propia cuenta de la palabras, un predicador eficaz presentará sucintamente el evangelio, limitándose a la palabra de Dios sin aumentarla o alterarla (Apoc. 22:18-19, Gal. 1:8-9). 
A pesar de que no rehuirá de anunciar todo el consejo de Dios (Hech. 20:27), el predicador conciso se abstendrá de promover la sabiduría de los hombres (1 Cor. 2:1-5) evitando las fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas y las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia (1 Tim. 1:3-4; 6:20; cf. 2 Tim. 4:3-4).


Clara
Un predicador del evangelio debe esforzarse por exponer la verdad de manera totalmente inconfundible, y seguirá el buen ejemplo de Pablo es esto, Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza (2 Cor. 3:12). 
En la enseñanza sobre los dones sobrenaturales, Pablo declaró un principio que se sigue aplicando hoy en día en cualquier predicación. “Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire” (1 Cor. 14:6-9). 
El apóstol Pablo dijo que el hablar en lenguas era inútil si nadie entendía lo que se decía. De la misma manera, la gente debe entender lo que se enseña para que la exposición les sea de utilidad. Aquel que predica el evangelio debe esforzarse para que lo predicado quede muy claro, para que todos los de corazón honesto comprendan y obedezcan el mensaje (Luc. 8:15, Jn. 7:17).


Convincente
Por último, el buen predicador debe esforzarse por persuadir a obedecer la palabra de Dios. No sólo informará sino que también inducirá y moverá los corazones honestos con la evidencia bíblica que les concierne. 
El apóstol Pablo siempre usaba de persuasión: “…Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias” (2 Cor. 5:10-11).  La persuasión que frecuentemente utilizaba fue muy evidente a los ojos de Agripa, quien le dijo: Por poco me persuades a ser cristiano (Hech. 26:28).
El fiel predicador comprende el destino de los incrédulos y desobedientes “…pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (2 Tes. 1:8-9).  Sabiendo esto, Pablo hizo todo lo que pudo para convencer a la gente con el evangelio de Cristo (Ej. Hech. 17:2-3). 
La palabra de Dios es verdad (Jn. 17:17; Sal. 119:160). Por lo tanto, si uno va a convencer a otros de la verdad, tiene que apelar a la Escritura, citando libro, capítulo y versículo para mostrar a otros de qué se deben convencer.



Adaptado por Josué Hernández, de la obra “The Four C’s of Effective Preaching” escrita por Andy Sochor.

Pequeñas Grandes Palabras




             En nuestra lectura cotidiana de la Biblia, sobre todo si la lectura es rápida, fácilmente podemos pasar por alto algunas pequeñas palabras que tienen una gran importancia en la comprensión del pasaje leído. ¡Estas pequeñas palabras, en realidad, son palabras mayores!  Estas palabras enlazan frases de una forma adecuada en el  mensaje escritural.

            Un ejemplo de lo que afirmamos se encuentra en Josué 1:8, “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”
         Fijémonos en tres palabras: sino, para, entonces.  No son palabras magníficas, ni poco comunes ¡pero sin embargo son muy importantes!


         ¡Sino, introduce un contraste! En lugar de que el libro de la ley se apartara de su boca, Josué debía hacer todo lo contrario, él debía meditar en ése libro constantemente.  ¡No debía hacer lo contrario, “sino” esto!

         ¡Para introduce un propósito! El propósito por el cual se ha de meditar, día y noche, en la palabra de Dios es el de hacer conforme a todo lo que la Escritura enseña a hacer.  ¿Se requiere hacer todo lo que Dios ha mandado?
La única manera de estar familiarizados con la palabra de Dios es mediante la meditación cotidiana en ella.  El propósito de esto no es la adquisición de un conjunto de datos de la Biblia, sino una conducta cambiada por la observación de lo que uno aprende de la lectura diaria de la Escritura.

¡Entonces, en este contexto, introduce el elemento “tiempo” en la adquisición de la prosperidad y el éxito! 
Es decir ¿cuándo sucederá todo esto?  Esto sucederá cuando se ha pasado tiempo poniendo en práctica lo aprendido de la meditación en las Escrituras.  Todos queremos la verdadera prosperidad y el éxito dado por Dios, pero ¿cuándo llegará a nosotros?  ¡La palabra “entonces” nos dice el “cuándo”!


         Hay otras “palabras pequeñas” que en realidad son “grandes”.  No menospreciemos su importancia, no sea que perdamos el meollo del mensaje del autor inspirado.  Al contrario tengámoslas en cuenta siempre.


***
Adaptado por Josué Hernández de “BIG LITTLE WORDS” por Bill Reeves


Demonología Bíblica

Adaptado por Josué Hernández de las obras "Los Demonios" y "¿Hay endemoniados hoy?" escritas por Wayne Partain



Conceptos Errados.

  • Son los espíritus de hombres malos (Ecl. 12:7; Luc. 16:19-31).
  • Los demonios están muy activos ahora, obrando en Adolfo Hitler, Charles Manson, en los gobiernos, en los criminales.
  • Los demonios son responsables de nuestro pecado.

Satanás Sí Vive Y Obra, Pero Esto Es Muy Distinto A Estar Endemoniado.

  • Satanás seduce y atrae a través de los deseos malos de nosotros (Sant. 1:14).
  • Engaña y destruye a través de las doctrinas y filosofías humanas (Col. 2:8). Él tiene muchos ministros (2 Cor. 11:13-15; 1 Tim. 4:1-5).
  • Tiene sus "principados... potestades... huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Ef. 6:12).
  • Satanás tiene sus ángeles (Mat. 25:41).

La Naturaleza De Los Endemoniados, Los Que Tenían Espíritus Inmundos.

  • Se llaman espíritus malos (Luc. 7:21).
  • Algunos peores que otros (Mat. 12:45).
  • Algunos más fuertes que otros (Mar. 9:29).
  • Entraron, salieron (Luc. 11:24-26).
  • Tomaron posesión de animales (Mar. 5:13).
  • Hablaron por la boca del endemoniado (Mar. 1:24).
  • Reconocieron a Jesús (Mar. 5:7).
  • Moraron en lugares asolados, en montañas, entre sepulcros, en lugares secos (Mar. 5:2-5; Luc. 11:24).
  • No querían ir al abismo (Luc. 8:31).
  • Sabían que tenían poco tiempo (Mat. 8:29; Mar. 5:7; Luc. 8:28).

La Actividad Dañina De Los Demonios.

  • Tomaron posesión de varias personas para oprimir, afligir física y mentalmente: a un hombre (Mar. 1:23); a una mujer (Luc. 8:2); al hijo de un hombre (Luc. 9:38); a la hija de la mujer siro fenicia (Mar. 7:25).
  • Resultados tristes: mudo (Mat. 9:33); ciego (Mat. 12:22); sordo (Mar. 9:25); salvaje (Mat. 8:28); como epiléptico (Mat. 17:15); como convulsión (Mar. 1:26); crujir dientes (Mar. 9:18); espuma (Luc. 9:39, 42); caerse (Mat. 17:15); fuerza sobrenatural (Mar. 5:4).
  • Siempre había distinción entre los endemoniados y los enfermos (Mat. 4:24; 8:16; 10:1; Mar. 1:32-34
  • Los demonios que tomaron posesión de algunas personas no les hicieron pecar.

¿Hay Endemoniados Hoy?

  • Algunos pastores religiosos dicen que sí… y profesan ser exorcistas.
  • Periódico: “Exorcista saca demonio a muchacho de 17 años”.
  • Hay mucha curiosidad por los demonios. “The Exorcist” (novela y película), no presenta conceptos bíblicos.

Los había en el primer siglo

  • Como vimos, el Nuevo Testamento presenta muchos ejemplos.
  • No era desorden emocional o psicológico.
  • Tampoco era superstición.
  • Los demonios eran, y son, personalidades (espíritus con voluntad malévola).

Tenían conocimiento sobrenatural

  • Marcos 5:6-7, “Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él.  Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes”.

Jesús los echaba fuera sin esfuerzo físico ni show

  • Luc. 10:18, Satanás cayó del cielo cuando Jesús y los apóstoles echaban fuera los espíritus inmundos.
  • Luc 11:21-22, “Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee.  Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín.” El “hombre fuerte” (Satanás) fue vencido por Cristo. Le quitó sus “armas” cuando echó fuera los demonios.

Jesús lo hizo simplemente con su Palabra

  • Jesús no usaba encantamientos, ceremonias, ritos largos.
  • Daba la orden y los espíritus inmundos salían.
  • Tenía poder sobre Satanás.

La gente quedaba maravillada

  • Lucas 4:36, “Y estaban todos maravillados, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?”

El reino se acercaba

  • Lucas 11:20, “Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros”.
  • Porque conquistaba a Satanás y el pueblo podría salir del reino de Satanás y ser trasladados al reino de Cristo  (Col. 1:13) cuando el reino fuera establecido.

Pero los endemoniados no eran acusados de pecado

  • No se les decía que debían arrepentirse.
  • No eran responsables.
  • Los demonios tomaban el control de su cuerpo y de su mente. Marcos 5:3-5, “tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas… atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos... dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras”.
  • Las víctimas (los endemoniados) no pudieron evitarlo.

Los apóstoles los echaban fuera por la autoridad de Cristo

  • Mateo 10:1, “Llamando a sus doce discípulos les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera…”
  • Lucas 10:17, “Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre”.
  • Hechos 16:16-18, “muchacha que tenía espíritu de adivinación… Pablo dijo al espíritu; Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”.

Había falsos “exorcistas”

  • Hechos 19:13-16, “exorcistas ambulantes” fracasaron y fueron dominados por el espíritu malo.
  • Hoy en día hay muchos falsos “exorcistas”. En primer lugar no hay endemoniados, y en segundo lugar, si existiera tal fenómeno, el espíritu malo saltaría sobre los falsos “exorcistas” para dominarlos.

No existe este fenómeno hoy

  • Pastores y otros que profesan echar fuera demonios son falsos, como los “exorcistas ambulantes” de Hechos 19:13.
  • Profesan echar fuera demonios porque es algo sensacional, atrae a la gente.
  • Y la gente trae dinero que es lo más importante para tales “pastores”.
  • Son mercaderes que “comercian con la palabra de Dios” (2 Cor. 2:17).
  • Muchos dicen, “Pero yo sé lo que he visto y oído. Hay testigos. Hay prueba”. También hay testigos para los “milagros” católicos. ¿Usted los acepta? Dicen los mormones que ellos hablan en lenguas. ¿Usted los cree? Hay testigos para “probar” toda mentira.
  • 2 Tesalonicenses  2:9, 10, “…obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (cf. Mat. 24:24).

Si no hay endemoniados hoy, ¿qué causa tanto pecado?

  • No negamos el poder de Satanás.
  • Satanás entra en el hombre ahora y hace toda clase de maldad pero no puede hacer nada contra la voluntad de las personas.
  • La gente se somete a él (Rom. 16:16).

Satanás no entra sin su permiso

  • Satanás entró en Judas -- pero ¡con su permiso! (Jn. 13:27)
  • Satanás llenó el corazón de Ananías y Safira para mentir -- pero, ¡con su permiso! (Hech. 5:3).
  • Resistid al diablo, y huirá de vosotros (Stgo. 4:7).

No decir “demonio de avaricia”

  • Entonces, no conviene hablar del “demonio de avaricia”, etc.
  • Nadie es “posesionado” involuntariamente.
  • El problema de la actualidad se describe en Santiago 1:14.

Distrae a la gente del verdadero peligro

  • Muchos están fascinados del tema de la “posesión demoniaca”.
  • Más bien, deberían preocuparse por las tentaciones del diablo (1 Tim. 4:1).

Los que no son cristianos

  • Su problema no es “posesión demoniaca”, aunque sí están bajo el control de Satanás.
  • Romanos 6:16, “si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia”.

Los que son cristianos gozan de gran libertad

  • Romanos 6:17-18, “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;  y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia”.

Conclusión

  • En Zacarías 13:2 fue profetizado "haré cortar de la tierra a los profetas y al espíritu de inmundicia". A su vez, en 1 Corintios 13:8-10 se explica la cesación de profecías, y al terminar las profecías también fue cortado el espíritu inmundo.
  • El fenómeno existió en el primer siglo para demostrar la superioridad de Cristo y los apóstoles sobre Satanás y sus ángeles (Luc. 10:17, 18; 11:20-21).



¡Es mi hijo, no de ustedes!





Son varios los que afirman que el desarrollo exitoso de un niño, requiere de la asistencia e intervención de toda la sociedad.  En otras palabras, se necesita “todo un país” para criar a un niño, porque sin la ayuda de la colectividad nuestros hijos  no podrán desarrollarse plenamente. Sin embargo, aunque la postura antes indicada erosiona el conjunto de responsabilidades y derechos de los padres sobre sus hijos, tal ideología es aceptada y promovida con entusiasmo por profesionales y políticos liberales. Así mismo, muchos padres aplauden las medidas colectivistas que responsabilizan a la sociedad de la crianza de sus hijos.

Simple y llanamente, lo que se está afirmando es que nuestros hijos son propiedad de la sociedad, de la comunidad entera. Por lo tanto, es la sociedad en su conjunto la responsable de la crianza de nuestros hijos.

Los padres bien sabemos que semejante filosofía ya se está implementando en las diversas áreas de las actividades escolares desde hace varios años, aunque ahora se deja sentir con más fuerza. Por ejemplo, los padres ya no tienen que preocuparse por enseñar sobre la sexualidad, esto lo harán los profesionales escolares. Incluso, algún profesor se tomará atribuciones que no le corresponden al inculcar alguna tendencia liberal o filosofía moral, que interferirá con los valores más conservadores que los padres y tutores pretendan inculcar sobre los niños.
Es verdad que muchos niños de hogares destrozados necesitan de quienes les guíen. Sin embargo, la solución que se pretende sólo empeora el problema. No se ayuda a los encargados directos cuando se les quita la responsabilidad. Así, pues, muchos padres están dejando en manos de terceros la crianza de sus hijos, al aprovechar la crianza que la sociedad les promete para sus niños. Para ellos, la crianza colectiva es una maravilla que les permite despreocuparse y satisfacer su egoísmo.
Para nuestro asombro, se observa una tendencia similar en el pueblo de Dios. No son pocos los padres que creen que la iglesia local ha de criar a sus hijos. Ellos creen que la iglesia es su conjunto puede suplir la responsabilidad del individuo, tal cosa no es así. La iglesia local tiene una obra que hacer, pero no está prescrito para ella que críe los hijos de los irresponsables.

La Biblia deja sobre los hombros de los padres la responsabilidad de criar a sus hijos. El apóstol Pablo escribió: Y vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino educadlos en la disciplina y amonestación del Señor (Ef. 6:4, VM). Lo que Pablo mandó por el Espíritu, es lo que Dios espera de los padres. Son los padres quienes han de educar a sus hijos e inculcar en ellos los principios divinos para gobernar sus vidas. Como la ley también decía “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deut. 6:6-7, LBLA).

Mi hijo es mío, no pertenece a la comunidad. Ni el Estado, ni la iglesia, tienen la responsabilidad de criar a mi hijo. Yo tengo ese privilegio y esa responsabilidad. La noción de que nuestros hijos pertenecen a la comunidad es una filosofía impía, una doctrina de demonios. No es una exageración el alzar la voz en solemne protesta contra una idea que la mayoría está aceptando con creciente interés.
Está de más decir que por lo general los “valores” de la colectividad no son bíblicos, y no quiero que mi hijo abrace tales filosofías humanas. Por lo tanto, concluyo diciendo …si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová(Jos. 24:15).


Adaptado por Josué Hernández, de la obra “In the News: It’s My Child… Not Yours!” escrita por Stan Cox.


Lo que profesamos con nuestro vestuario







“Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Tim. 2:9-10).


Aquí Pablo menciona el patrón divino para el vestuario de quienes profesan la piedad. La ropa que usamos hace una declaración pública de nuestro carácter. Entonces, ¿qué estamos profesando con nuestro vestuario?  
Aunque estos versículos están dirigidos específicamente a las mujeres, los principios se aplican a todos, por la simple razón de que todos debemos vestirnos para no andar desnudos. Téngase en cuenta de que el concepto de lo que la Biblia denomina “desnudez” es aplicable tanto al hombre como a la mujer.

En esta lección, vamos a notar algunas cosas que debemos profesar con nuestro vestuario. Si quiere profundizar aún más en el estudio de éste tema, consulte la obra “La desnudez según Dios”.


Devoción
·         Dios no quiere la impiedad y los deseos mundanos (Tito 2:11-12). La piedad descrita en 1 Timoteo 2:10 (Gr. theosebeia) es aquella “reverencia hacia la bondad de Dios” (Thayer), la “devoción” (Strong), el “temor a, o reverencia de, Dios” (VINE).
·         La piedad en el vestir involucra directamente lo que vemos de Dios. Aunque “Dios es espíritu” (Jn. 4:24) y no se viste como nosotros, nuestra manera de vestir da a conocer lo que pensamos de él, nuestra actitud hacia su carácter santo.
·         Para vestir de tal manera que profesamos la piedad, lo primero que debemos procurar es el carácter apropiado. A continuación, nuestro carácter nos guiará según la luz bíblica a elegir las prendas de vestir que son adecuadas.

Humildad
·         Dios quiere que nos vistamos de humildad (Mat. 5:3, 1 Ped. 5:5). Esto sólo es posible si reconocemos nuestro lugar ante Dios (Sal. 8:4) y ante nuestro prójimo (Fil. 2:3-4).
·         Entonces, la humildad de nuestro carácter, necesariamente nos dirigirá a la humildad en el vestir. El apóstol Pablo condenó la competencia en el vestir (1 Tim. 2:9). Y el apóstol Pedro informó que, en cuanto al vestuario, a Dios no le asombra  el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos (1 Ped. 3:3-4).
·         La riqueza no vale por lo que tiene (Prov. 22:2). Al morir, la riqueza no tiene importancia (Luc. 12:20). No debemos poner la esperanza en las riquezas (1 Tim. 6:17).

Dignidad
·         Dios espera que tengamos un grado de “autoestima”, respeto propio. La humildad no significa algún tipo de auto-desprecio. Somos imagen y semejanza de Dios (Gen. 1:27) y Cristo murió por nosotros (Jn. 3:16)
·         Aunque otros, influenciados por la moda, le juzgarán por su forma de vestir, no se deje influenciar por ellos.  A usted debe importarle la opinión de Dios (1 Cor. 4:3-4)
·         La dignidad en el vestir, simplemente significa que usted no buscará complacer al mundo con su vestuario, sino Dios.  Aquellos que se visten como los del mundo, serán juzgado (Sof. 1:8).  No se conforme al mundo (Rom. 12:2).

Vergüenza
·         Dios espera que tengamos un sentido de la vergüenza. La falta de vergüenza ante nuestra desnudez indica una conciencia cauterizada (1 Tim. 4:2; Jer. 6:15).
·         El pudor es aquella modestia que está arraigada en el carácter (VINE), un sentido de vergüenza cuando se carece de un adecuado vestuario que cubra la desnudez.  El Antiguo Testamento nos enseña elocuentemente de lo que Dios considera desnudez (Gen. 3:7-10; Ex. 28:42, 20:26, Is. 47:2-3).
·         La desnudez debería causar vergüenza y el deseo de ocultar lo descubierto (Gen 3:7,10).  Dios cubrió la desnudez de Adán y Eva con una prenda de vestir que cubría desde los hombros hasta más abajo de las rodillas (Gen. 3:21).

Amor
·         Dios quiere que nos amemos los unos a los otros (Col. 3:14, 1 Cor. 13:13)
·         El amor en nuestro vestuario, necesariamente condena la lujuria y la sensualidad. El vestuario correcto cubre el cuerpo, no lo descubre.
·         El amor no pone tropiezo al prójimo (Mat. 5:27-28).
·         El amor por nuestro cónyuge o futuro cónyuge, reserva la desnudez de nuestros cuerpos solamente para ellos (1 Cor. 7:4).


Varias ideas para éste sermón las he tomado de la obra “What We Profess With Our Dress” escrita por Andy Sochor.

“Enséñanos a contar nuestros días”





“Porque mil años delante de tus ojos Son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche” (Sal. 90:4).
Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría (Sal. 90:12, LBLA).

Ahora que he estado enfermo y con algo más de tiempo para ver las tragedias en los noticiarios, más que nunca he reflexionado en los siguientes dos puntos.  A la vez, creo que sirven para que todos consideremos la vulnerabilidad de nuestra vida y lo limitado que estamos.


Somos “mortales”:
“está establecido para los hombres que mueran una sola vez” (Heb. 9:27).  Los seres humanos somos en varios aspectos capaces y fuertes, pero también frágiles y vulnerables.  Nuestros cuerpos humanos son vulnerables a la enfermedad, diversas lesiones, o circunstancias que pueden producirnos la debilidad y la muerte.  Nuestro cuerpo es impotente frente a muchas fuerzas naturales y circunstancias adversas.  
No debemos considerarnos invencibles. La muerte nos tocará a todos (Ecles. 9:2-3).

Necesitamos decir junto con Moisés: Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría (Sal. 90:12).
No estaremos para siempre en este mundo, y debemos dejar de intentar aferrarnos a él. Sólo los sabios y maduros pueden apreciar las limitaciones de la materia humana inferior. Por tales razones, Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón (Ecles. 7:2).


Nuestra vida es incierta:  
Santiago advirtió sobre el colocar nuestra confianza en el mañana (Stgo. 4:13-14).  Las personas tienden a hacer muchos planes acerca de lo que harán, cuándo lo harán y cómo lo harán.  Santiago nos recuerda “no sabéis lo que será mañana”  y luego dice “Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”  
Santiago hace eco de las enseñanzas de Jesús, pues nuestro Señor había dicho “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mat. 6:34). El punto del Señor Jesucristo es que las cosas que nos pueden ocurrir trascienden nuestra capacidad para controlarlas.  Esto es exactamente lo que ocurre a menudo en nuestro derredor.  

Los asistentes a la maratón de Boston no sabían lo que pronto les sobrevendría.  Así también, la tragedia nos asecha a todos.   Es como lo sucedido en el tiempo del diluvio: "Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos"  (Mat. 24:38-39). 


Conclusión
La lección para nosotros es buscar ahora el reino de Dios (Mat. 6:33). Aceptar nuestras limitaciones (Sal. 90:12). Y aferrarnos a la esperanza del evangelio (Heb. 6:18-20).  Debemos hacer ahora todos los arreglos necesarios, para decir junto con Pablo Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal. 2:20).

Recordemos lo que dijo el Señor Jesús: Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará (Mat. 16:25).